El sueño del pibe: cómo se llega a ser jugador de fútbol

Por uno que llega cientos de chicos quedan en el camino. Todos corren persiguiendo el sueño más que a una pelota, inspirados en ser Messi. La ansiedad y la presión en testimonios de roquenses que se la juegan toda. “Esta semana los están llamando”: con esta frase les empiezan a carcomer la cabeza.

El sueño del pibe: cómo se llega a ser jugador de fútbol

Por uno que llega cientos de chicos quedan en el camino. Todos corren persiguiendo el sueño más que a una pelota, inspirados en ser Messi. La ansiedad y la presión en testimonios de roquenses que se la juegan toda. “Esta semana los están llamando”: con esta frase les empiezan a carcomer la cabeza.

“Mi sueño es jugar el Mundial” dijo una vez aquel jovencito de melena enrulada, que años después lo lograría. Así como él, muchos chicos corren persiguiendo ese sueño más que a una pelota.

Los inicios siempre cuestan

Épocas de sueños y cambios

La historia es cuento repetido. El sueño no cambia. Primero es jugar en el mejor club de tu ciudad, después que te seleccionen en las pruebas de clubes importantes a nivel nacional. Pero sin dudas, una vez seleccionado, lo más difícil es mantenerte en el club que te eligió. Muchas cuestiones juegan allí, más que los pies con la pelota. La ansiedad, la presión (tanto individual como familiar), los objetivos se vuelven más complejos, las ganas, el alejamiento de los seres queridos, entre otras cosas.

Controlarlas no es una tarea fácil y muchas veces, conducen a una frustración deportiva.

“Chicos, terminó la práctica. En la semana vamos a estar llamándolos”.

Esa maldita frase los carcome, más si los entrenadores los llaman y les preguntan algunos datos. Los días pasan y pasan, el teléfono no suena. Pasan horas y horas, con la intriga o la angustia de saber si la noticia es buena o mala. Siguen entrenando, siguen esforzándose, siguen persiguiendo un sueño detrás de una pelota de fútbol.

Llegan de entrenar, comen algo y salen de casa directo a jugar a la canchita del barrio.

El fútbol se vive las 24 horas siempre. Hasta que para algunos suena el teléfono. Ahí comienza el sueño del pibe.

Se viven muchos cambios, tanto a nivel individual como familiar. Pasar del pueblo a la gran ciudad, cambiar la cancha de barro por la de césped bien cuidado, pasar de pelotas desgajadas a pelotas de torneos oficiales. Aun así, no todo es color de rosas, ya que se viven otros drásticos cambios: no hay mamá y/o papá aconsejando día a día, las jornadas se vuelven agotadoras, no están los amigos del barrio, ni primos, ni hermanos, no existe el domingo con la abuela ni festejos de cumpleaños. Todo es rutina, todo es fútbol.

Fabio Lagos, categoría 1997. “Estar en un club grande da la posibilidad de poder mostrarte”. Del Depo de Roca pasó a San Lorenzo, entre 2011 y 2013.

Fabio Lagos, quien pasó de Deportivo Roca a San Lorenzo de Almagro desde 2011 a 2013, lo describió de la siguiente manera: “Lo primero que cambia son los ganas, pasar a una liga mucho más competitiva donde los equipos son todos muy parejos requiere de ganas y compromiso, que va de la mano con la adaptación lograr estar rápido a la altura de nuevos compañeros que están dos escalones más arriba. No cuesta, pero si es complejo. Además, de chico en Buenos Aires ya tenés una rutina de entrenamiento en el gimnasio. Las inferiores en muchos casos pretenden jugar igual o similar al equipo de primera, tanto en el armado como en el funcionamiento”.

Si bien cada persona vive su propia experiencia, muchos de estos chicos que pudieron o se están proyectando, describen grandes cambios a la hora emigrar futbolísticamente.

Santiago Sanhueza se fue de Deportivo Roca a Lanús en 2011, volvió para jugar un torneo al club roquense en 2014 y es actualmente defensor de Quilmes Atlético Club. Detalló que “siempre existen cambios. Desde los entrenamientos, ya que se entrena más tiempo, con otras expectativas, son otras las instalaciones, canchas, pelotas, los trabajos son más específicos, se entrena en función al rival con el que vas a jugar. La seriedad es otra. Lo que nunca se pierde es el amor al deporte y la ambición que tenés de querer ganar. Creo que ninguno de los que jugamos alguna vez, sea en el barrio o en un club queremos perder. Pero en general cambia todo, los rivales también son distintos, el tipo de fútbol también”.

Aunque las estadísticas sean crueles -con respecto a la cantidad de jugadores o proyectos de ellos que han quedado en el camino-, muchos futbolistas que iniciaron su carrera en Deportivo Roca han podido pasar a jugar en equipos de más renombre. De tal manera lo hicieron: Leonardo Ulloa ex San Lorenzo y Almería (España), actual jugador de Leicester City de Inglaterra; Miguel Caneo ex Boca y Quilmes, actual jugador

de Boyacá Chicó de Colombia; Pablo Batalla ex Vélez y Deportivo Cali (Colombia), actual jugador de Bursaspor de Turquía o Gustavo Canales ex River y Universidad de Chile, actual jugador de Botafogo de Brasil, entre otros como Gastón Gil Romero.

Roberto Cesarín (izq.), entrenador formativo desde 1989 en Deportivo Roca. “El Mundialito, en la región, es la mejor vidriera. Después que te seleccionan los prueban con los jugadores de su club”, comenta.

Roberto Cesarín, quien dirige actualmente las inferiores formativas o “escuelita de fútbol”, dijo que desde 1989 (año en que comienza a trabajar en la institución) más de 25 jugadores pudieron ser seleccionados por otros clubes importantes a nivel nacional para desarrollarse en el fútbol. Asimismo, comentó que a la hora de la selección de jugadores, cada equipo que viene a realizar pruebas viene con un criterio establecido. “Lo que primero buscan algunos, es que sea distinto. Sin embargo, a otros no les interesa eso y vienen a buscar la técnica individual y la resolución de problemas dentro de la cancha. Después otro criterio puede ser la potencia, la velocidad y destreza. El porte (físico) como defensor. La definición o ‘la pegada’ como delantero o la visibilidad, técnica y distribución en un mediocampista. Miran como corrés la cancha.”

Dos factores verdaderamente difíciles

La adaptación y la ansiedad

Adaptarse a un nuevo estilo de vida no es para nada sencillo. Las pequeñas cosas que uno tiene establecido en su propia cotidianeidad se ven modificadas y se requiere de un proceso de adecuación, lo que implica un enorme esfuerzo, que no siempre se logra con éxito. “La adaptación es muy difícil. Tenés que aprender a vivir solo, sin tu familia que te acompañe, en un lugar que no conocés y con personas nuevas”, comentó Lautaro Borquez, exjugador de la categoría 2001 del Deportivo Roca, quien tuvo un paso por Independiente de Avellaneda y se encuentra actualmente en el Club Atlético Banfield.

A su vez, Roberto Cesarín explicó que lo más difícil para adaptarse es no tener a mamá y/o papá guiándolos en una selva de elecciones que un chico con la corta edad en la que se va, no puede decidir por sí solo.

Además otra cuestión que entra en juego es la ansiedad. Muchas veces esta ansiedad implica una dualidad, dos polos opuestos. En algunos sirve como motivación, en otros los inhibe.

“La ansiedad si es moderada va a ayudarte, siempre querer más es bueno pero teniendo en claro que también no se te puede dar lo que estás queriendo. Si te ayuda a potenciarte para poder tener lo que querés, va a ser bueno. Pero si te come la cabeza creo que te va a dar más presión por lo menos en mi caso”, ejemplificó Sanhueza.

Otro aporte que podría resultar significativo es el que narra Fabio Lagos: “La ansiedad es más de la familia que de uno mismo, todos cuando se va un chico sin importar edad ya lo ven en primera, haciendo el gol de su vida. Pero la realidad es que de un plantel de inferiores puede llegar uno, dos, tres o ninguno, ansiedad si hay para jugar, para poder estar en el equipo de AFA y no en el de metro. Para darte un ejemplo, yo tuve de técnico a Claudio Biaggio (el Pampa) y nos citaba como ejemplos a Pablo Zabaleta hoy en Manchester City y también a Iván Pillud hoy referente en Racing. Ambos estuvieron en San Lorenzo ocupando un lugar como estaba yo, a los 2 los dejaron libres, sin club. Hoy viven del fútbol, hay que ser constantes”.

Braian Canales, quien pasó de Deportivo Roca a Lanús de 2013 a 2014, opina que “la ansiedad juega un papel muy importante. Te dan ganas de jugar enseguida y hay cosas que te juegan en contra como la del pase (traspaso de Club a Club), siempre tarda un poco todo lo de los papeles por eso hay que estar tranquilo”.

Por último, Borquez dice que “el papel de la ansiedad juega en contra y a favor a la vez.

A favor porque demostrás las ganas que tenés de entrenar, de jugar y siempre pensás en más. Y en contra porque en el momento que entras a la cancha sentís nervios y a la primera jugada querés hacerla bien y muchas veces terminas perdiendo la pelota”.

Objetivos y el placer de jugar al fútbol

Cada persona debe albergar actitudes y hábitos en el proceso de adaptación y así poder enfocarse. Trabajar duro, tener disciplina, ser optimista, paciente, autocrítico y aprender a mantenerte firme frente a las adversidades.

Sin embargo, a la hora de llegar a un club nuevo, con más responsabilidades, los objetivos cambian. “Los objetivos de jugar en un club grande es tratar de ser el mejor siempre. El que mejor entrena, llegar a una reserva o primera división”, dice Borquez. Es que el que persevera, triunfa. Y el que no, debe irse a buscar otra oportunidad para que los objetivos y metas puedan acercarse a lo que uno pretende. A su vez, estas presiones a veces terminan por gastar esa diversión y la transforman en una exigencia.

“Los objetivos cambian, cuando vas a jugar al ‘Depo’ (Deportivo Roca) en mi caso querés ser titular, después querés que te seleccionen en las pruebas, después querés quedar en el club que te quiere y así sucesivamente. Estando allá el objetivo es formarte para que el deporte que te gusta sea tu trabajo y poder vivir de ello. Es una especie de carrera. Si no la ves así es muy difícil poder llegar a primera. No creo que a todos les guste. Hay gente que juega porque le gusta, pero acá es una constante competencia y en lo único que pensás es en hacer lo te piden para poder seguir. Es difícil pero es la realidad. No se juega por diversión. Pasa a ser una carrera para un trabajo”, agrega.

Fabio comenta que hay otras cuestiones que surgen en clubes grandes y hacen que el futbol sí se disfrute: ganarle a otros clubes importantes. “Se disfruta y más cuando se le gana a grandes equipo. Me tocó ganarle a Boca, River, Independiente, Racing y el clásico a Huracán se disfruta, es lindo, dan más ganas de ser trabajando para mejorar. “El Pampa” (Claudio Biaggio), todas las semanas nos repetía que el fútbol es para disfrutarlo, que es el deporte más lindo, te abre muchas puertas”.

El partido que nunca termina

Muchos intentan, pocos llegan. Hay historias que se conocen y se repiten, la del pibe de barrio o de pueblo que se sacrifica, se dedica y se forma como futbolista, gana dinero y vive del fútbol. Pero también está la otra vereda, los olvidados, los jugadores libres, que vivieron de forma cruda otra realidad totalmente distinta y que les resulta muy difícil perseguir ese sueño que añoran. La pelota corre y el partido nunca termina. Las dificultades externas, son tan grandes e inmanejables, que se vuelven casi imposibles de sobrellevar para chicos de tan corta edad.

Es un partido que muchos pierden por goleada, otros que recién escuchan el silbato que les marca el inicio del cotejo e intentan dar pelea y también existen los que tiran lujos y gambetas, saliendo victoriosos de las situaciones más adversas, consiguiendo sus objetivos con la exigencia de mantenerse así.

Lo fundamental es el acompañamiento familiar, la disciplina, el enfoque sobre objetivos, la temprana madurez y sobre todo el hambre de gloria, el amor por la camiseta. Son las particularidades que terminan por inclinar la cancha y cuando se tiene un buen control de ellas, es mucho más fácil salir tocando desde abajo.

Quizás muchos estén esperando la convocatoria, muchos estén esperando el llamado al sueño del pibe y quizá muchos lo vivan en carne propia. Pero aunque les corten las piernas, muchos de ellos van a seguir persiguiendo su sueño.

Rodrigo Sandoval


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