El trágico fin de una historia de amor y valentía 9-7-03
SINGAPUR (Reuters/AR)- «Si Dios quiere que vivamos como dos personas separadas, como individuos independientes, viviremos», había dicho Laden, horas antes de ingresar al quirófano. Pero, el deseo de las hermanas siamesas Ladan y Laleh Bijani, que estuvieron 29 años unidas por la cabeza, se cumplió efímeramente y ellas no estuvieron despiertas para disfrutarlo. Las siamesas fallecieron ayer, unas horas después de que los cirujanos lograran la separación. Ellas habían expresado su voluntad de ser separadas «bajo cualquier circunstancia». Por eso, pese a que la operación se complicó, los médicos siguieron adelante. Ladan Bijani, primero, y Laleh, una hora y media después, murieron tras ser separadas por los cirujanos. La operación, que había empezado el domingo, terminó con una gran pérdida de sangre que derivó en su muerte. Los médicos no lograron estabilizar la condición de las hermanas, que continuaron empeorando hasta morir. El equipo de profesionales, integrado por 28 facultativos y un centenar de asistentes, debió lidiar con niveles inestables de presión dentro de los cerebros de las siamesas poco antes de separarlas y cortar el último trozo de cráneo que las unía, explicó el vocero del Raffles Hospital de Singapur, Prem Kumar. El último obstáculo que impedía separar a las siamesas fue superado el lunes, cuando un equipo internacional de cinco neurocirujanos logró desviar una vena del grosor de un dedo que unía los cerebros de las siamesas. La presión sanguínea de las mujeres había estado fluctuando y los cirujanos descubrieron que los cerebros estaban más estrechamente unidos de lo que se había pensado. «Las mellizas perdieron mucha sangre y estaban en una situación crítica cuando la cirugía llegó a su fin», dijo el hospital. Los corazones de las dos hermanas dejaron de latir con una hora y media de diferencia. La Operación 'Esperanza' comenzó en la medianoche del pasado sábado y concluyó ayer, después de 62 horas de intervención. Sabían lo que querían Ladan y Laleh Bijani, nacidas en 1974 en Irán en el seno de una familia desmembrada de once hermanos, sabían el riesgo que corrían, pero más que cualquier otra cosa querían poder llevar una vida normal. «Queremos poder vernos sin el espejo», había dicho hace un mes Ladan en una conferencia de prensa en Singapur después de que se anunciase su operación quirúrgica. En 1996 acudieron a un grupo de especialistas de Alemania, pero tras meses de exámenes y análisis los expertos descartaron la intervención por considerar escasas las posibilidades de éxito, debido a esa arteria cerebral que compartían. El revés no las echó atrás en su decisión y en noviembre del año pasado arribaron a Singapur para hablar con el neurocirujano Keith Goh, quien en 2001 había logrado separar a las siamesas nepalíes Jamuna y Ganga Shrestha, también unidas por la cabeza. La diferencia principal entre ambos casos radicaba en que Jamuna y Ganga tenían once meses, mientras que las hermanas iraníes habían cumplido 29 años. Los casos de craneópagos -vocablo técnico que designa a los siameses unidos por la cabeza- se dan en uno de cada dos millones de nacimientos. El especialista Goh anunciaba hace un mes que, después de estudiar el asunto y consultar con muchos expertos, consideraba la operación viable. Las hermanas, ambas musulmanas, habían dicho antes de la operación que asumían el riesgo que implicaba la intervención a cambio de vivir por fin vidas separadas. Ambas eran abogadas, pero Laden, la más extrovertida de las dos, había dicho que deseaba ejercer en su lugar de origen, Shiraz, aunque Laleh quería ser periodista en Teherán. Las hermanas Laden y Laleh causaron una gran impresión en todo el mundo. Y más allá de su muerte serán recordadas por su gran demostración de valor.
Irán llora a las hermanas
TEHERAN, Irán (Reuters/AR)- Irán quedó conmocionado y triste el martes tras la muerte de las siamesas. El sufrimiento y la valentía de las hermanas de 29 años cautivaron a Irán, una tierra con sus propios infortunios. En Teherán, numerosos iraníes salieron a las calles para llorar la muerte de las siamesas. Los iraníes quedaron pasmados con la noticia, porque creían que al menos una de las hermanas sobreviviría a la operación. El pueblo iraní siguió por radio y televisión el desarrollo de los acontecimientos y encendió velas en numerosas mezquitas. «Es un día triste para Irán», dijo el vicepresidente Mohammad Ali Abtahi. «La nación iraní y muchas personas en todo el mundo tenían la vista puesta en el hospital con la esperanza de que se rescatara a las hermanas». Además aseguró que el gobierno se hará cargo del costo de la operación. Los vecinos pusieron flores, fotos y mensajes en el edificio donde vivían las siamesas.
La Iglesia opinó a favor
CIUDAD DEL VATICANO (Ansa/AR).- La Iglesia Católica juzgó moralmente lícita la intervención de las dos siamesas iraníes, aunque haya tenido un resultado trágico, afirmó Elio Sgreccia, vicepresidente de la Pontificia Academia para la Vida. Sgreccia explicó que la operación respondía a las tres condiciones exigidas para considerarla aceptable éticamente: se estaba en presencia de una patología grave, tenía el consenso de las interesadas, existía la probabilidad de éxito, el equipo médico estaba preparado y habían sido tomadas todas las precauciones. «Si efectivamente existían estas indicaciones, la intervención fue moral y quirúrgicamente correcta», añadió el obispo. El coraje de las dos gemelas fue respetado al máximo, declaró otro religioso católico, el padre Joseph Gallagher, docente de Teología moral en la Academia Alfonsiniana de Roma. Añadió que, además, compartía el deseo de las dos hermanas de tener una vida nueva, no solo desde un punto de vista físico. «Me explico, nueva vida significa como dos mujeres independientes. Pero nueva vida también en el sentido de que eran personas distintas, aunque vinculadas», agregó. «Pienso que la nueva vida no era solo entendida como vida física, sino también como vida espiritual y trascendental, según su religión», dijo Gallagher.
SINGAPUR (Reuters/AR)- "Si Dios quiere que vivamos como dos personas separadas, como individuos independientes, viviremos", había dicho Laden, horas antes de ingresar al quirófano. Pero, el deseo de las hermanas siamesas Ladan y Laleh Bijani, que estuvieron 29 años unidas por la cabeza, se cumplió efímeramente y ellas no estuvieron despiertas para disfrutarlo. Las siamesas fallecieron ayer, unas horas después de que los cirujanos lograran la separación. Ellas habían expresado su voluntad de ser separadas "bajo cualquier circunstancia". Por eso, pese a que la operación se complicó, los médicos siguieron adelante. Ladan Bijani, primero, y Laleh, una hora y media después, murieron tras ser separadas por los cirujanos. La operación, que había empezado el domingo, terminó con una gran pérdida de sangre que derivó en su muerte. Los médicos no lograron estabilizar la condición de las hermanas, que continuaron empeorando hasta morir. El equipo de profesionales, integrado por 28 facultativos y un centenar de asistentes, debió lidiar con niveles inestables de presión dentro de los cerebros de las siamesas poco antes de separarlas y cortar el último trozo de cráneo que las unía, explicó el vocero del Raffles Hospital de Singapur, Prem Kumar. El último obstáculo que impedía separar a las siamesas fue superado el lunes, cuando un equipo internacional de cinco neurocirujanos logró desviar una vena del grosor de un dedo que unía los cerebros de las siamesas. La presión sanguínea de las mujeres había estado fluctuando y los cirujanos descubrieron que los cerebros estaban más estrechamente unidos de lo que se había pensado. "Las mellizas perdieron mucha sangre y estaban en una situación crítica cuando la cirugía llegó a su fin", dijo el hospital. Los corazones de las dos hermanas dejaron de latir con una hora y media de diferencia. La Operación 'Esperanza' comenzó en la medianoche del pasado sábado y concluyó ayer, después de 62 horas de intervención. Sabían lo que querían Ladan y Laleh Bijani, nacidas en 1974 en Irán en el seno de una familia desmembrada de once hermanos, sabían el riesgo que corrían, pero más que cualquier otra cosa querían poder llevar una vida normal. "Queremos poder vernos sin el espejo", había dicho hace un mes Ladan en una conferencia de prensa en Singapur después de que se anunciase su operación quirúrgica. En 1996 acudieron a un grupo de especialistas de Alemania, pero tras meses de exámenes y análisis los expertos descartaron la intervención por considerar escasas las posibilidades de éxito, debido a esa arteria cerebral que compartían. El revés no las echó atrás en su decisión y en noviembre del año pasado arribaron a Singapur para hablar con el neurocirujano Keith Goh, quien en 2001 había logrado separar a las siamesas nepalíes Jamuna y Ganga Shrestha, también unidas por la cabeza. La diferencia principal entre ambos casos radicaba en que Jamuna y Ganga tenían once meses, mientras que las hermanas iraníes habían cumplido 29 años. Los casos de craneópagos -vocablo técnico que designa a los siameses unidos por la cabeza- se dan en uno de cada dos millones de nacimientos. El especialista Goh anunciaba hace un mes que, después de estudiar el asunto y consultar con muchos expertos, consideraba la operación viable. Las hermanas, ambas musulmanas, habían dicho antes de la operación que asumían el riesgo que implicaba la intervención a cambio de vivir por fin vidas separadas. Ambas eran abogadas, pero Laden, la más extrovertida de las dos, había dicho que deseaba ejercer en su lugar de origen, Shiraz, aunque Laleh quería ser periodista en Teherán. Las hermanas Laden y Laleh causaron una gran impresión en todo el mundo. Y más allá de su muerte serán recordadas por su gran demostración de valor.
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