El último poeta beat argentino

En agosto de este año falleció el destacado poeta y narrador Reynaldo Mariani. Nació en 1936; era considerado un auténtico 'beatnik' local. Su vida, por supuesto, fue una agitada travesía.



El pasado 13 de agosto dejó de existir, en Zapala, el poeta y narrador Reynaldo Mariani. Nacido en Buenos Aires un 13 de enero de 1936, fue en la década del 60 cuando saltó a la notoriedad. Por entonces había adoptado para siempre el seudónimo mariani, con minúsculas y a secas, y comenzaba a publicar sus primeros poemas. Fundador del grupo Opium, junto a los poetas Ruy Rodríguez, Sergio Mulet e Isidoro Laufen, mariani impulsó en Buenos Aires – desde el ya desaparecido Bar Moderno de la calle Maipú – la edición de una revista cuyo apotegma, tomado de Ezra Pound, rezaba: “Cantemos al amor y al ocio, nada más merece ser habido”. En aquellos años, una publicación de interés general los identificó como los beatniks argentinos.

En 1988 el escritor Héctor Libertella, en su columna del diario Clarín (“Calles de Buenos Aires”),al recordar los años ´60, ubicó una parte importante de la vida cultural de la ciudad “desde Leandro N. Alem a Maipú y desde Marcelo T. de Alvear hasta casi la avenida Córdoba.” Ese territorio, denominado la “Gran Manzana”, fue un sitio habitado por diversos personajes contraculturales, poetas anti-académicos y memorables artistas plásticos. En el centro de ese clima creativo, mariani no dejó de participar activamente hasta habitar incluso el célebre Instituto Di Tella de la calle Florida, dirigido por Jorge Romero Brest. Así, en el mismo lugar donde exponían los artistas plásticos del op-art y el pop-art o donde Marta Minujín organizaba sus célebres “happenigs”, mariani resultó uno de los responsables del espectáculo Jazzpium con música de Carlos Cutaia y puesta en escena de Norman Briski.

En esos años, por decisión del editor Torres Agüero, publicó sus “7 poemas grassificantes”, una referencia irreverente para la época, tomada de la palabra inglesa grass (hierba, marihuana). Al mismo tiempo trababa una fuerte amistad con el escritor Néstor Sánchez, quien ya había publicado en Sudamericana las novelas “Nosotros Dos” y “Siberia Blues”, recientemente re-editadas por Alción de Córdoba. Ese vínculo le permitió ver publicados sus “7 historias bochornosas” (Sudamericana, 1969) con tapa de Rómulo Macció. Se trató de un conjunto de cuentos donde sobresale “El cuchillo sobre el agua”, original mirada en escorzo sobre el recordado filme de Roman Polanski.

Personaje de inocultables motivaciones sesentistas, mariani disfrutó de la amistad del escritor Roger Pla, del poeta Enrique Molina, del pintor Freddy Martínez Howard y formó parte del staff de la revista Artiempo dirigida por Osiris Cherico, donde tuvo una columna fija. Su inquieta personalidad lo llevó a participar como actor, en 1969, en el largo metraje “Tiro de Gracia” de Ricardo Becher, junto a Susana Giménez, Perla Caron y Juan Carlos Gené, entre otros.

En 1972, cansado de las fatigas ciudadanas que le inspiraba la atmósfera de la Revolución Argentina y alentado por su amor al Jazz y a la bossa nova, mariani resolvió fijar su rumbo hacia el Brasil. Allí permaneció durante casi dos décadas, entre San Pablo, Río de Janeiro y Buzios. A mediados de los años '90 culminó su largo periplo por tierras brasileras, cuando su afición por el alcohol ya le provocaba los primeros estragos. Fue un momento crítico. En plena pendiente, su hermano Atilio le tendió una mano solidaria desde Neuquén y, vía Asunción, se lo vio regresar a tierras argentinas. Salvo un fugaz como frustrante paso por Madrid, donde editó la revista de poesía “La damajuana”, mariani, en el final de su derrotero, se afincó definitivamente en Zapala. En esta ciudad se convirtió en un activo animador cultural y pronto trabó contacto con los poetas patagónicos. Al mismo tiempo, un grupo de nuevos y fieles amigos residentes en Zapala lo ayudaron a publicar la revista de poesía “De culo al barro” y consiguieron re-editar – bajo el sello Ediciones Truchas – sus “7 Historias Bochornosas”. Enseguida se conocieron varios libros que revelaron nuevas creaciones y un trabajo de re-escritura que nunca conoció descanso. Así su poesía regresó en títulos como “Poemas de Oreja”, “Mejunje de nuevos i “nuevos” poemas de oreja”, “Mamometros i ladrillos de oreja” y “Entremeses eróticos”.

Fiel a su querido Ezra Pound hasta el final de sus días, cuando su afición impenitente por el tabaco y el alcohol lo pusieron contra las cuerdas, el último beatnik argentino consiguió terminar su Mamotreto nº 13. Un libro agónico donde el poeta mariani expresó: “Porque la locura (la locura) i el deseo (el deseo) / (porque sí, que así lo quiero) / fuentes clave (i crisol i llama i fuego) / fueron / i son / de la odisea, la aventura del viaje mito…”.

Ricardo Ortiz


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