«El verdadero artista se muere, no se jubila»

– ¿Podría decirme, a su modo, qué es un acorde?

– Una buena excusa para tocar la marimba con cuatro baquetas.

– ¿Y eso tan intenso, de lo que tanto he escuchado, acerca de vivir para y por la música?

– Lo más.

– «We are the champions», cantaba el insoslayable Freddy Mercury en «Queen». ¿Se refería a la música o a los deportistas?

– Se refería a ellos.

– ¿Sabe usted si afinan las hinchadas?

– No tengo ni idea.

– ¿El amor es la música de fondo de la música?

– No, es al revés.

– En aquel paraíso ya perdido (acaso con verdadera suerte), ¿sabían cantar Eva y Adán?

– Cantar no sé, pero comer manzanas sí.

– En uno de sus atareados siete días, dicen que Dios inventó la música. ¿O la verdadera historia es absolutamente lo contario?

– La música inventó dioses.

– ¿Es usted, Angel Frette, un rey medieval fugado del tiempo o un conde de la marimba?

– Soy un guerrero.

– ¿Por qué el tango, el eterno dos por cuatro, ha sido y aún es una punta de lanza con la cual presentarse en el resto del planeta?

– Porque es un producto de exportación.

– Escucho por ahí, más de una vez: «No sé nada de música pero la amo». ¿Tiene eso sentido?

– Claro.

– ¿Está más cerca del arpa o de la guitarra?

– De la guitarra, espero.

– Como los personajes de Shakespeare, ¿sabe mentir?

– Por supuesto, para nosotros (los músicos) mentir es errar notas y que se note lo menos posible.

– Usted y una intensa mujer en una isla perdida… ¿qué música le pone al encuentro?

– Las mujeres vienen con música incluida.

– ¿Tiene la buena literatura el sonido de los dioses?

– Puede ser, tendría que leer más.

– Arriba de un avión con destino a Europa o al Lejano Oriente, donde quiera que deseen escuchar su música, ¿se siente conquistador o un hijo pródigo de regreso?

– Conquistador.

– ¿Es música la voz eterna y dramáticamente curtida de Humphrey Bogart en «Casablanca»?

– Es una vergüenza, pero no vi «Casablanca» aún.

– ¿Y la de la bella y fatal Ingrid Bergman?

– Sí.

– A mí las cartas del tarot siempre me hablan de dinero, ¿qué le prometen a usted?

– Nada, no les presto atención.

– ¿De chico se imaginaba tocando el bandoneón, la guitarra eléctrica o la marimba?

– …cualquier cosa, menos trabajando.

– Un día sin cinco, seis o más horas de estudio, ¿qué sabor tiene?

– Antes eran terribles, hoy están empezando a ser placenteros.

– ¿Sabe de unas largas vacaciones en el Caribe?

– No, pero pasar unos días en un Club Med estaría bárbaro.

– ¿Podríamos asegurar que es genético su talento?

– Por suerte no, si no tendría que estar plantando sandías.

– ¿Tiene partitura la jugada que

precede al gol?

– No me gusta el fútbol, sí tiene partitura una buena pelea de boxeo.

– ¿Dormido en lo profundo de la inconciencia sueña que toca marimbas o mujeres disfrazadas de sirenas?

– Nunca sé qué sueño.

– ¿Qué es una canción triste?

– Eso.

– Mi admirado escritor Ray Loriga dice que nunca sale a la calle sin sentirse Jim Morrison o el actor Dennis Hooper. Usted, ¿a quién personifica en la urbanidad?

– A Frette.

– ¿Se jubila uno de artista o lo jubila el medio ambiente, como les sucede a tantos otros?

– No, el verdadero artista se muere, no se jubila.

– Tiene dos deseos para pedirle al genio de la lámpara de Aladino, no tres. ¿Qué desea?

– 1) Salud; 2) que Lautaro, mi hijo, encuentre su vocación y 3) llegar a ser abuelo.

– ¿Gritará un día de éstos -desnudo, aclaro, y en medio de la nada- «Soy un hombre»?

– No, gritaría: «¡Qué vergüenza!»

– ¿Comprará el último disco de la banda inglesa «Coldplay», denominado «X&Y?

– No.

– Y el último de ese entrañable señor llamado León Gieco, «Por favor, perdón y gracias».

– No, pero ya lo estoy escuchando en las radios.

– Llegado el caso, ¿negará su pasión tres veces como hizo Pedro con Cristo?

– Para nada.

– ¿Qué es un beso antes de un concierto?

– Justo antes, ni idea.

– Diga: ¿es latino y de sangre caliente?

– Síííí.

– ¿Vivirá para siempre o no pretende hacerlo?

– Me gustaría.

– A ver… ¿cómo define un orgasmo musical?

– Estar tocando y emocionarte hasta las lágrimas. Es una lástima, pero me pasó muy pocas veces.

– ¿Sabe de amor o ha tomado clases sobre esta compleja materia?

– Estoy aprendiendo

– ¿Por qué Astor Piazzolla era un genio?

– Fue un creador que creía en lo que hacía y nos convenció de que lo que hacía era bueno, por eso es un genio. Amo a la gente que se la juega como él.

– Esta podría ser una situación difícil aunque hipotética, pero ¿cómo les explica la marimba a los pibes?

– Les digo: «Si ustedes deciden estudiar este instrumento y dedicarle su vida, están locos, pero es maravilloso que lo puedan hacer».

– ¿Musicalizará una de esas novelas mexicanas donde todos lloran, todos ríen, todos se odian y, en definitiva, todos se aman?

– ¿Por qué no? Además, la marimba viene de Chiapas, así que les debo unos favores a los mexicanos.

– ¿Compondrá una pieza dedicada al vino? Digo esto porque ya tanto se ha escrito y filmado…

– Síííí. Yo, la música y la Mona Jiménez, la letra.

– Pasado el temporal del yoga y de la meditación trascendental, ¿se unirá a la Cábala con Madonna?

– No.

– ¿Morir, es un pecado o una bendición necesaria?

– Sí, morir antes de tiempo es un grandísimo pecado, pero hay una edad en la cual es necesario morir.

 

 

La música del guerrero

De las muchas formas en que puede autodefinirse un hombre, Angel Frette ha escogido una frase que lo dice todo: «Soy un guerrero», indica. Y -robándole una frase a un maestro del periodismo- no existe ninguna razón para creer que esto no sea cierto.

Frette tiene la mirada oscura y profunda de los que han sobrevivido. De quienes han debido inventarse a sí mismos y caminar sin red entre los precipicios que nos pone la vida. Después de un tránsito existencial complejo que quizá no terminó y jamás lo haga (ser único y especial constituye siempre un desafío ingrato), está aquí para deleitarnos y conducirnos a través de los laberintos de un placer engendrado en la imaginación y la sonoridad. Un concierto suyo es la metáfora de un viaje por destinos exóticos. En ciertos momentos puede parecernos que su sonido viene de algún sitio que ya conocemos de antes, tal vez milenios, y en otros, que estamos en presencia de algo absolutamente nuevo.

No es casual que su arte me remita a lo geográfico y a las formas del turismo. Aun sentados en una butaca Frette nos transporta con alegría, con intensidad, con furia, con esperanza, con enorme deseo, hacia una tierra de fantasía. Si bien las fantasías no son todas para matarse de la risa.

El artista ha encontrado las formas de su expresión en un instrumento poco tradicional: la marimba. Con él abrazado ha recorrido el mundo y, a su vez, ha traído una parte del mundo a la Ciudad de las Artes de General Roca, en la Patagonia, sur del mundo.

Charlando aquí con algunos de los mayores talentos de nuestro tiempo, uno entiende mejor quién es, qué ha hecho y cuál es el gran proyecto de Angel Frette.

Su currículum es extenso, acaudalado. Diremos que es profesor del INSA, organizador del Festival Internacional de Percusión de la Patagonia y percusionista de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. También que ha editado los discos «La marimba en la Argentina» y «Un camino de tierra» y que acaba de sacar uno verdaderamente interesante junto al Ensamble de Percusión de la Fundación Patagonia.

Se presentó como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional, la Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta de Cámara Mayo y la mayoría de las orquestas provinciales, y así actuó en Chile, Brasil, Uruguay y México. Por lo demás, Frette obtuvo la beca del Fondo Nacional de las Artes y estudió en Nueva York.

Frette no llegó a protagonizar este tamaño reconocimiento de un día para el otro. Acaso todo lo contrario. Si de algo estoy convencido es de que nunca nadie le regaló nada. A veces pienso que su biografía debe resultar tan interesante como la música que ejecuta.

(CA)

 

 

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.ar


- ¿Podría decirme, a su modo, qué es un acorde?

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