El viaje de René Favaloro

Además de adentrarse en las experiencias vividas por René Favaloro durante su capacitación en el país del norte, el lector podrá acceder a través de las páginas de "De La Pampa a los Estados Unidos" a la intimidad de un hombre que añoraba su tierra.

Redacción

Por Redacción

«La vida de los hombres oculta razones, decisiones y matices que sólo los protagonistas de esas vidas conocen a fondo». Esta es la frase que Editorial Sudamericana escogió para comentar la segunda edición de «De La Pampa a los Estados Unidos» (1992).

Una vez que la persona aludida deja de vivir, y con más razón cuando es por decisión propia, toda aseveración anterior parece adquirir un significado especial. La búsqueda de una luz que ilumine lo inexplicable aparece incesante.

A través de este libro el lector podrá adentrarse en la vida de René Favaloro durante su perfeccionamiento en Estados Unidos, país al que viajó después de desarrollar su tarea como médico rural durante doce años en Jacinto Arauz.

Esa experiencia fue reflejada en «Recuerdos de un médico rural» (1980), libro que precedió a «¿Conoce usted a San Martín?» (1987) y «La memoria de Guayaquil» (1991). Además publicó más de trescientos trabajos de su especialidad.

Afloran sus sentimientos cuando en el pequeño pueblo pampeano seguía soñando con la cirugía torácica y cardiovascular y decidió partir a los Estados Unidos. Un día, mientras se dirigía a la facultad de Medicina tuvo la certeza de que «de allí en adelante trataría de ser siempre el primero, luchando con armas limpias, recibiendo como único premio el profundo goce espiritual que ello ocasiona y que no puede ser reemplazado por nada».

De sus padres, ebanista él y modista ella, había aprendido, «aparte del sentido ético de sus vidas, que nada se consigue sin esfuerzo». El relato no deja lugar a dudas de que las enseñanzas paternas calaron hondo en el que sería cardiocirujano de renombre mundial.

Así llegó a la Cleveland Clinic. A pesar de los adelantos que comprobó apenas arribado al país del norte, admite que «es incorrecto creer que todo es color de rosa (…). Las favelas y villas miseria no son patrimonio exclusivo de Latinoamérica. (…) es evidente que la sociedad de consumo no es la panacea y, por el contrario, está llena de falencias que una evolución posterior en el desarrollo histórico del hombre tendrá que solucionar. Todos debemos tomar conciencia y contribuir a un mundo mejor, preservando sin duda la libertad pero corrigiendo las injusticias. Soy un convencido de que el camino correcto sólo puede hallarse a través de la educación». No es la primera ni única vez que hace referencia a la importancia de la educación por la que bregaba desde su actividad diaria.

Las páginas de este libro encierran también su profundo apego a la música (heredado de su padre violinista). «En el arte o en las ciencias no existen barreras de ningún tipo», asevera. Instalado en Peper Pike, zona residencial con espacios verdes abundantes, escuchaba música de Atahualpa, Falú, Jaime Torres, Ariel Ramírez para mitigar el desarraigo. Además introdujo a sus compañeros en el arte de hacer asados que resultaron memorables.

Desarrolla además los avances logrados en el campo quirúrgico y sus múltiples contribuciones, incluidos los inventos que nunca patentó y la cirugía de bypass. En la sala de operaciones, dice, «la muerte es mi principal enemiga pero sabe que debe esperar, a veces, hasta mi total agotamiento antes de llevarse a uno de mis pacientes».

Teresita Méndez

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"La vida de los hombres oculta razones, decisiones y matices que sólo los protagonistas de esas vidas conocen a fondo". Esta es la frase que Editorial Sudamericana escogió para comentar la segunda edición de "De La Pampa a los Estados Unidos" (1992).

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