El zika sigue avanzando

Por Redacción

Apenas dos semanas después de declarar oficialmente terminada la epidemia de ébola que mató a más de diez mil personas en cuatro países de África occidental, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el virus del zika está expandiéndose “de manera explosiva” en América Latina y por lo tanto “el nivel de alerta es extremadamente alto”. Prevé que en la región se produzcan entre tres y cuatro millones de casos. Aunque la OMS propende a exagerar los riesgos planteados por la aparición de enfermedades poco conocidas, puede justificarse la alarma que sienten Margaret Chan y otros funcionarios del organismo, además del gobierno de Brasil que ha movilizado el ejército para que colabore en la lucha contra el zika: la presidenta Dilma Rousseff dice que su país “está en guerra” contra el mosquito que lo transmite, el Aedes aegypti, que también es portador del dengue y por desgracia está presente en buena parte de la región. A diferencia de los habitantes de países africanos que a través de los siglos se han inmunizado, los de otras partes del mundo no han desarrollado defensas naturales contra el virus. Asimismo, aunque algunos especialistas dicen no saber si el zika es tan peligroso como muchos sospechan, hay cada vez más motivos para temer que haya provocado miles de casos de microcefalia y otras malformaciones congénitas en niños recién nacidos en el norte de Brasil y países vecinos. Como es lógico, tales brotes han ocasionado mucha angustia entre las mujeres embarazadas y sus familiares. Conforme a los datos oficiales, mientras que en el 2014 nacieron menos de 150 niños malformados en Brasil, el año pasado sumaron 3.530, lo que, a juicio de la OMS, es razón suficiente para suponer que hay una relación causal entre el zika y la microcefalia. Coinciden los gobiernos del resto del mundo que ya están aconsejando a las mujeres jóvenes que desistan de visitar Brasil o los países del Caribe. Puesto que en agosto se celebrarán en Río de Janeiro los Juegos Olímpicos, parece inevitable que el brote de zika reduzca, tal vez drásticamente, el número de turistas, lo que asestaría así otro golpe a la ya precaria economía de nuestro vecino. Con todo, a menos que la epidemia adquiera dimensiones aún mayores que las previstas, Brasil cuenta con instituciones sanitarias adecuadas y por lo tanto debería estar en condiciones de manejarla. No puede decirse lo mismo de Venezuela, un país cuyo sistema de salud se ha derrumbado por completo; para desesperación de los médicos y enfermos, faltan casi todos los remedios y otros insumos que pudieron ser importados cuando el precio del petróleo superaba los 100 dólares el barril. En diversas partes de Venezuela el mosquito del zika ya prolifera, lo que, en vista de las condiciones climáticas y la “crisis humanitaria” que acaba de declarar la Asamblea Nacional antichavista, podría presagiar un nuevo desastre para un país que parece destinado a hundirse. Por fortuna, en la Argentina la situación aún parece menos alarmante que en Brasil, Venezuela, Colombia y los países de América Central, pero las autoridades ya entenderán que es necesario que se preparen para enfrentar brotes del mal causado por un virus que ha desembarcado en una región que le ha resultado propicia. Según se informa, se han registrado dos casos aquí, de los que uno es el de una mujer colombiana que se contagió en su país de origen. En la actualidad ha de ser prioritaria la lucha contra otra enfermedad, el dengue, portada por el mismo mosquito y que, como el zika, no tiene cura farmacéutica todavía. En opinión de científicos norteamericanos consultados por los medios, será tan difícil producir una vacuna eficaz que hacerlo podría demorar al menos diez años. Mientras tanto, los resueltos a frenar su propagación tratarán de eliminar el mosquito responsable de difundirlo, lo que podrían lograr creando en laboratorios variantes programadas para producir esterilidad en otras, además de atacarlo fumigando los lugares en que vive. Por lo demás, en todos los países afectados, con la aparente excepción de Venezuela, los gobiernos están exhortando a los habitantes de zonas vulnerables a tomar todas las precauciones posibles, pero tienen que proceder con cierta cautela porque no les convendría sembrar pánico entre los que ya tienen motivos de sobra para sentirse asustados.


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