Elvis Presley: Rey o bufón

Cuando la reina de la belleza de Memphis Ginger Alden encontró a su novio muerto boca abajo sobre un charco de vómito en su baño el 16 de agosto de 1977, desencadenó titulares en todos los diarios del mundo, desde Tennessee a Tokio.

Su novio se llamaba Elvis Presley. El rey del rock «n roll -nacido en 1935- hubiera cumplido 67 años el 8 de enero del 2002.

La leyenda de Elvis fue alimentada desde 1977 con una mezcla de reverencia y ridículo y fuertes dosis de absurdo.

Innumerables libros, imitadores y sitios web recuerdan al cantante hasta el límite -e incluso más allá del límite- de la locura.

Y si todavía -como muchos fanáticos obsesivos juran- Elvis está vivo, uno no puede imaginarse lo que pensará sobre los seguidores de la «Primera Iglesia Presleyteriana de Elvis el Divino» («First Presleyterian Church of Elvis the Divine»); o sobre los «Flying Elvis», un club de imitadores que saltan en paracaídas disfrazados de su ídolo.

La historia de Elvis Presley es la típica norteamericana que demuestra que la gente nacida en la miseria puede llegar a ser multimillonaria. El que llegaría a ser el indiscutido «Rey del rock and roll» nació el 8 de enero de 1935 en una humilde casa de madera de las afueras de Tupelo, Mississippi.

Su madre, Gladys, casada con Vernon Presley, dio a luz mellizos, pero de ellos sólo sobrevivió Elvis Aaron.

El matrimonio trató afanosamente de darle la mejor vida posible a su único hijo, pero los trabajos esporádicos que desempeñó Vernon en este período le impidieron darle muchas comodidades.

Dentro de su pobreza, sin embargo, Vernon logró ahorrar centavo por centavo hasta juntar los 12,95 dólares que necesitaba para regalarle una guitarra a su hijo cuando cumplió 10 años.

Sería la mejor inversión que haría en su vida, pues el niño soñaba con ser cantante y el instrumento de cuerdas le facilitó el camino hacia el éxito, del cual su padre también disfrutó plenamente.

El muchacho pasaba horas y horas frente a la radio tratando de aprender las canciones que estaban de moda en esa época en el sur de los Estados Unidos. Su ídolo era Roy Orbison, el mismo de «Pretty Woman», «Running Scared» y «Cryin».

Tres años más tarde, la familia se mudó a Memphis en busca de mejores oportunidades, pero la situación no cambió mucho y pronto estaban viviendo en un edificio de departamentos subvencionados por el gobierno.

Como a Elvis le gustaban la música y la ropa llamativa, a los 16 años comenzó a combinar sus estudios en la escuela secundaria Humes con diversos empleos, como acomodador en un cine y repartidor de comida para ayudar a sus padres y al mismo tiempo tener dinero para darse gustos personales.

Tras graduarse, Elvis tomó un empleo como chofer de un camión que repartía mercadería por el área de Memphis, pero eso no significaba que hubiese renunciado a sus sueños de tener automóviles de lujo, ropa fina y casas fastuosas.

El impacto musical y cultural que generó Presley cuando su voz irrumpió en la radio en la década de los «50 queda frecuentemente olvidado.

«Cuando escuché a Elvis por primera vez supe que nunca iba a trabajar para nadie y que nadie iba a ser mi jefe», dijo Bob Dylan en cierta ocasión. «Escucharlo por primera vez fue como salir de la cárcel», recordó.

Presley tenía 18 años cuando en 1953 fue a «Sun», el estudio de grabación de Sam Philips, y pagó cuatro dólares para grabar un disco con dos canciones para regalarle a su madre. La secretaria de Philips, Marion Keisker, recordó en una entrevista cómo trató de conversar con aquel joven tímido y de pelo peinado hacia atrás. «Le pregunté: «¿Qué tipo de cantante eres?», y el respondió «Canto de todo». ¿Como quién suenas?, le dije. «No sueno como nadie», contestó».

Un año después, Philips acordó una grabación para Elvis con algunos músicos y el resultado fue «That»s all right», y el inicio de la leyenda.

Presley se inspiró en blues, gospel, country y los mezcló con crudeza y energía, con un resultado que desafió rígidas convenciones sobre clases, razas y sexualidad. «Elvis fue el primer blanco en bailar de esa forma», según el profesor Peter Nazareth, del curso «Elvis como antología» de la Universidad de Iowa. «Hizo caer una barrera doble: un blanco bailando como un negro, y un blanco bailando casi como una mujer, como una reina de cabaret. Abarcó a una amplia sexualidad y liberó a la gente», agregó.

Pero eso también incomodaba a muchos, y cuando se presentó en el show de Ed Sullivan en 1956 fue filmado de la cintura hacia arriba para que los televidentes no vieran sus sugestivos movimientos de cadera. Tras un corto período en el Ejército, Elvis abandonó las presentaciones en vivo y pasó 10 años en Hollywood dedicado a una interminable serie de películas. Un especial televisivo marcó su retorno en 1968, pero los tiempos habían cambiado, y la «invasión británica» liderada por The Beatles y The Rolling Stones tenía lugar en medio de un radical cambio en los gustos musicales.

Elvis volvió a los escenarios, pero la imagen del joven y esbelto rockero fue reemplazada por el hinchado Elvis de lentes negros y ropa extravagante de la «Era Las Vegas». Murió en «Graceland», su mansión de Memphis, víctima de su adicción a pastillas y medicamentos. Irónicamente, Elvis es económicamente más valioso ahora que cuando estaba vivo. Elvis Presley Enterprises, controlada por su viuda Priscilla y su hija Lisa Marie, mantiene en secreto sus beneficios, pero en la lista de Forbes de las ganancias de las celebridades fallecidas, Elvis es el número uno con 7 millones de dólares facturados de junio del 2001 a junio del 2002. Este año, el tema «A little less conversation», de 1968, fue utilizado como base por el DJ holandés JXL, y llegó al número uno en Gran Bretaña, Japón Australia, Honk Kong y Noruega. (AFP/Reuters/AR)

El extraño y oscuro mundo de la «Elvisología»

La conmemoración del 25 aniversario de la muerte del «rey» Elvis Presley ayer representó un dilema para sus seguidores más «duros», que se preguntarán: ¿cómo se conmemora un evento que nunca ocurrió?

La teoría que sostiene que Elvis nunca murió, apoyada en versiones de numerosas personas que aseguran haberlo visto después de su «supuesta» muerte, es parte del folclore popular y alimenta una subcultura que cohabita entre los investigadores de ovnis y los estudiosos de los fenómenos paranormales. Sin embargo, los del grupo de «Elvis está vivo» todavía son parte de la corriente principal, comparados con otros habitantes del oscuro mundo de la «Elvisología».

El «Oráculo del Elvis de madera», una plancha de madera contrachapada del tamaño de un hombre, desenterrada en las colinas del estado de Montana, ofrece consejos personales a los valientes que se atreven a consultarla.

Por su parte, los «Estadounidenses por la clonación de Elvis» reúnen firmas para una petición que exige la clonación del «rey», mientras la «Primera Iglesia de Jesucristo Elvis» se disputa en una batalla teológica las almas de los fans de Presley con la «Primera Iglesia Presleyteriana de Elvis el Divino».

El tema de Elvis ha demostrado ser terreno fértil para los teóricos de la conspiración, incluyendo un grupo que asegura que el cantante fue esclavo de los Illuminati, un grupo cuasimasónico fundado en el siglo XVIII con la meta de dominar el mundo.

Los grupos e individuos que habitan el submundo de los fans de Elvis, ya sean meros chistosos o genuinos perturbados, evidencian que el «rey» es también el campeón de las celebridades fallecidas.

El profesor Vernon Chadwich, quien organiza una serie anual de conferencias académicas en los Estados Unidos sobre el fenómeno Elvis, cree que la fascinación con el «rey» tiene todas las características de una verdadera religión.

«Los clubes de aficionados son iglesias, los dobles sacerdotes, las canciones son las escrituras, los recuerdos las reliquias y Graceland y Memphis son Tierra Santa para los aficionados de todo el mundo que visitan la tumba de Elvis no como turistas, sino como peregrinos», dijo Chadwich. (AFP)

Simulacro de rebeldía

Hacia fines de 1956, comienzos de 1957, cuando con la lucrativa etiqueta de «rock and roll» arribaba a las radios y las disquerías argentinas (la tevé todavía no era masiva) cantidad de músicas que no resultaban estrictamente rockeras, asomó por estas pampas, montado en la ola, Elvis Presley.

Tampoco era él un cultor del rock químicamente puro, como que en su primer repertorio convivían el blues, la balada, el rhythm and blues y las mezclas elaboradas con esos productos. Sin embargo, por sobre los Guy Mitchell, Marty Robbins y el ululante Little Richard, Presley logró sobresalir también a escala local. Es que ciertos rasgos de su aspecto físico y los espasmódicos movimientos que imprimía a su cuerpo al cantar le abrieron un espacio hasta entonces desierto en el gusto de algún público argentino: el del cantante popular rebelde, cuestionador o siquiera inconformista.

Y no porque antes no hubiera habido figuras testimoniales en los Estados Unidos, sino porque Presley circulaba por zonas de la música más pasatistas, más crudamente comerciales. A contramano del jopo melifluo de Bill Haley, de los gorgoritos de Eydie Gormé y de las suavidades de Smith y sus Pelirrojos, Presley impuso sus pobladas patillas, los estertores pélvicos que por ese entonces amenazaban sonar casi pornográficos (y que le valieron el apodo de Elvis la Pelvis) y un cantar ocasionalmente enojado por algo o por alguien.

Aunque la mitad de su repertorio estaba dedicada a exaltar trivialmente el amor como tantos colegas, aquel despliegue de rarezas daba para pensar, si no en una protesta contra el orden constituido, al menos en un enojo contra las rutinas aplicadas en casa por papá y mamá. Un año después de su muerte en un choque carretero, James Dean parecía haber encontrado su correlato en las bateas de las disquerías.

El sueño terminó pronto. A diferencia de la actitud contestataria que años más tarde adoptaría Cassius Clay contra su reclutamiento, Elvis cumplió obedientemente con la conscripción. Tal proceder no basta para definir a una persona, pero hasta su prematura muerte Presley siguió haciendo bien los deberes, dejando en el rincón de los recuerdos los llamativos alardes de la juventud y tragándose con anfetaminas, si hacía falta, la ansiedad que le despertaban el éxito y su procura. (Télam)


Cuando la reina de la belleza de Memphis Ginger Alden encontró a su novio muerto boca abajo sobre un charco de vómito en su baño el 16 de agosto de 1977, desencadenó titulares en todos los diarios del mundo, desde Tennessee a Tokio.

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