Emilio B. Morales y el primer libro-guía regional

• El periodista Emilio B. Morales fue el viajero infatigable y fundador de «La Razón» en 1905 que nueve años después plasmó en un libro su fascinación por las Cataratas del Iguazú, pero más tarde editó una obra mayor tras su minucioso viaje por la región del Nahuel Huapi. Resultó otro libro útil para los viajeros de las dos décadas siguientes • Los años «40 y la Miss Bariloche, el refugio del CAB en Catedral y la colecta para erigir la Sociedad Rural.

El miércoles 13 de junio de 1917 el diario La Prensa transcribió un cable despachado desde San Carlos de Bariloche haciéndose eco de la divulgación que en los medios gráficos había tenido la conferencia brindada en Buenos Aires por el empedernido viajero y periodista Emilio B. Morales. Su texto puntualizaba que «con motivo de la conferencia que dio en esa el señor Morales acerca de las bellezas del lago Nahuel Huapi y su comarca, se ha nombrado una comisión para que gestione ante el gobierno nacional la difusión de conocimientos sobre esta región con datos ilustrativos relativos al clima y fertilidad del suelo». El lejano corresponsal también sostenía -en nota aparte- que el vecindario de Bariloche «ha resuelto pedir al ministro de Instrucción Pública que interese al Consejo de Educación sobre la necesidad de crear aquí una escuela superior…», a la vez que daba cuenta de las reparaciones que hacía el personal policial –al mando del comisario inspector territorial Héctor Moffat- en el camino de Bariloche a Comallo para mantener expedito el servicio de correos en automóvil y durante el invierno.

Resulta llamativo que la repercusión del paso de Morales por la región y su conferencia en Buenos Aires –de connotaciones turísticas- no motivó a los 1250 barilochenses de entonces para vincular esa difusión con el movimiento y los servicios –precarios pero ya existentes- que podrían destinarse a explotar más intensamente en la redituable «industria sin chimeneas». Curiosamente el mismo corresponsal, dos años antes (en un cable del 18 de marzo de 1915) dio cuenta de la gira efectuada por el Director de Territorios Isidoro Ruiz Moreno en compañía del gobernador Eduardo Elordi junto a los doctores Juan O»Connors, Juan Wotts y Eduard Luck. Su nota en La Prensa precisó el comentario del doctor Ruiz Moreno respecto al interés del gobierno nacional «de dotar a la región de medios cómodos y rápidos de transporte para fomentar el turismo…».

La conferencia del periodista había sido la secuela de un reciente viaje por la región sureña donde no sólo tomó nota como un cronista experimentado, sino que capturó los paisajes con su propia cámara porque era un fotógrafo impenitente (su colección de viajes incluía no pocas bellezas de América, Europa y muy especialmente de Egipto, lejanía a la que dedicó otro libro ilustrado).

Mejor que las cataratas

Morales, que había fundado La Razón el 1º de marzo de 1905 –publicación que vendió seis años después a José Cortejarena-, escribió en otros medios y fue el creador de la quinta edición de Crítica. Como viajero sin sosiego hurgó en muchos rincones del planeta. Su libro ilustrado sobre los saltos del Iguazú y las ruinas jesuíticas, lo editó Jacobo Peuser en 1914. Fueron 116 páginas con precisiones sobre los servicios para el viajero y «a manera de prólogo» señaló cuál era el interés difusor que le llevó a escribirlo: nada menos que apuntalar el turismo. Pero el deslumbramiento por aquella maravilla geográfica del territorio misionero fue superada por la magia que la región de los lagos impuso a la sensibilidad de Morales en el verano de 1917. Realizó intensas recorridas en lancha, de a caballo y a pié, para regresar a Buenos Aires con un gran bagaje de apuntes y vistas atrapadas con su cámara. Nuevamente la imprenta Peuser le imprimió otro libro más. Se llamó Lagos, bosques y cascadas, pero superó en volumen (200 páginas) y en cantidad de fotografías e ilustraciones al de Iguazú. Insertó un gran plano plegado de la región suscrito por el ingeniero Emilio Frey que abarcaba desde Junín de los Andes hasta El Bolsón. Otro mapa limitaba sus detalles a la región turística desde San Carlos hasta el Brazo Tristeza y un tercero ilustraba sobre los contornos y detalles de Isla Victoria que fue trazado por el experto naval Otto Mühlenpfordt. El resultado completo resulta un tesoro para bibliófilos patagónicos.

El contenido ceñido a Bariloche y la región tiene las ventajas de las narraciones periodísticas y los servicios útiles a la manera de una verdadera guía turística. El tomo agrega curiosidades y datos útiles para ubicar los lugares que ocupaban los pioneros de entonces.

Tarifas y curiosidades

En cuanto a las tarifas puntualizaba que el viaje de Constitución a Neuquén en primera clase –ida y vuelta- costaba 81,10 pesos y 15 más por 4 almuerzos y dos cenas sumadas las dos direcciones, todo servido en suntuosos vagones comedor. Por dos días en un hotel de Neuquén se desembolsaban 16 pesos. Lo más caro del viaje resultaba el automóvil por los duros caminos hacia el lago: ida y vuelta, 200 pesos. Un hotel en Bariloche (Los Lagos, con luz eléctrica y propiedad de Celso J. Fernández; o el Perito Moreno, de don Juan Rivero) cobraba 6 pesos por día, mientras que una cena y hospedaje en el camino entre Neuquén y Bariloche costaba 10 pesos.

Morales describe detalles precisos del viaje en el automóvil Mercedes del gobierno neuquino por Mencué, en Bariloche marca el «suntuoso chalet» Los Cipreses, que a menos de mil metros del aserradero de Capraro (hoy Centro Cívico) había erigido el ingeniero Frey como un oteadero por encima del camino hacia varias chacras y paisajes de maravilla. Cerca estaba la quinta frutal de Carlos Runge y su lechería; más allá el aserradero de Benito Book. Para entonces, la península Quetrihué, el emporio botánico de arrayanes, se llamaba Beatriz, y la laguna Trébol figuró en los mapas como Morales (quizás haya sido un homenaje que el cartógrafo rindió al autor del libro).

Morales realizó todas las excursiones por tierra, ya sea a pié o montado (tres o cuatro días de marcha a caballo por una senda de herradura como era la penosa brecha para llegar a El Bolsón) y también navegó mucho porque bastaba comprar el combustible para abastecer a la lancha de la policía y el avituallamiento para alcanzar la isla o reino de Aarón Anchorena (Victoria) o Puerto Sábana, en la orilla neuquina donde se pescaban las truchas que se comercializaban en el pueblo. Los itinerarios de la excursiones de entonces difieren muy poco de muchas que se realizan hoy: parecen señaladas con el tiempo que demandaba realizarlas.

El libro también estaba plagado de curiosidades, como que se había descubierto un manto de carbón en la estancia de George Newbery (se refería al tío dentista del aviador pionero y malogrado en la tragedia de Tamarindos). También su obra fue usada por lo menos por dos décadas más como guía de los viajeros, mientras Morales siguió con sus viajes, con las conferencias asistidas con proyecciones luminosas y reunió para entonces el mayor archivo fotográfico sobre paisajes turísticos (en 1924 se lo valuó en 90.000 pesos cuando se consideró incorporarlo a un museo escolar en proyecto). Colaboró con la Exposición Iberoamericana, fue funcionario de la oficina de Impuestos Internos y del Ministerio de Agricultura. Sus viajes enriquecieron su alma inquieta pero mellaron su físico y un síncope lo aquietó para siempre a los 62 años, el 7 de diciembre de 1929. En el invierno siguiente se instalaría en el pueblo el bávaro Otto Meiling y pronto prepararía la primera guía profesional para el turismo de la región.

Sociales de esta semana

• En esta semana de 1946 el Club Andino Bariloche preparaba la inauguración de su refugio en el cerro Catedral, ocasión que aprovechó para aumentar la cuota social de ingreso a 10 pesos, a la vez que obsequió un banderín al asociado número 1000, Alfredo Zimmermann. Faltaba decidir la concesión entre varias ofertas y habría fiesta el 30 de este mes.

• Hace medio siglo (junio de 1951) se levantaba una nómina con contribuyentes para construir las instalaciones de la Sociedad Rural barilochense. La estancia El Cóndor donó un toro Héresford; la Tequel Malal (de Jones) 80 varillas de alambrado y 5 capones; la Cía de Tierras del Sud Argentino, 20 borregas; Carlos Boelcke 1000 pesos; Felipe Larrivier 200 y Benito Veerenbrugghen, 120 postes, entre otras contribuciones.

• Los entretenimientos de los años «40 eran modestos en Bariloche. Por ejemplo, el sábado 12 de junio de 1943 se realizó el alegre baile que el Club Suizo realizó en hotel con nombre de esa comunidad helvética asentado en la calle Mitre y con fachada centroeuropea. A la vez se anunciaba que la temporada invernal propiciaba para el 3 de julio proclamar a la Miss Bariloche 1943.

• En el cine Central no hubo gran demanda para ver el martes 11 de junio de 1940 a El Trovador de la Radio, pero dos días después la sala se colmó por extasiarse con la laureada Bettie Davis en La Mujer Marcada. Para esa misma semana quedaba inaugurado el consultorio dental de Ricardo Alberto Mari, que traía el prestigio de sus cargos en el Hospital Italiano y el Militar de Buenos Aires.


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