Sofía Bruner, la fotógrafa gastronómica top de la Patagonia: las claves de su arte

Nacida y criada en Roca, Sofía Bruner vive ahora en Fernández Oro, aunque se define como 100% nómade. Su trabajo, fotografiar lo que todos desearíamos comer, la lleva a moverse entre cocinas de toda la región.

Sofía Bruner (29) es una de las fotógrafas gastronómicas más preciada y demandada de la Patagonia. En los últimos años las coberturas de festivales y cocinas de los mejores chefs de la región la han consagrado como una profesional de excelencia. Las grandes marcas quieren que retraten sus productos.

Permitir que “saboreemos por los ojos” es lo suyo, definitivamente.

Nacida y criada en Roca vive ahora en Fernández Oro. “Aunque el 80% soy nómade”, aclara. Un día puede estar en Pehuenia, el siguiente en la cordillera rionegrina, otro en Las Grutas y terminar más tarde en Buenos Aires.

Escucharla nos permitió saber más de este otro lado de la gastronomía, el de la fotografía, ese recurso artístico que permite que las creaciones de los cocineros termine siendo una experiencia integral fascinante para la gente.

Cuál es su estilo. Qué le piden los gastronómicos. Cómo conecta con ellos. Cuánto más hay detrás de un plato (una historia, una estética, un propósito). De todo esto hablamos con ella, horas atrás.

«Sebastián Mazzuchelli desde el primer día apostó por mi trabajo».

P: ¿Pensás siempre que alguien puede salivar al ver las fotos tuyas de los platos que crean los cocineros de la región?

No inicialmente, ¡creo que eso es lo que me sucede a mi! (se ríe). Va más desde el lugar de transmitir lo que a mí me sucede con la gastronomía y con las bebidas. Es mi mirada de ese mundo, me genera disfrute: los colores, las texturas, los aromas y las temperaturas.

¿Estás convencida de que también se come por los ojos?

Sin lugar a dudas, lo visual es algo que puede conectar con el resto de los sentidos de una manera increíble. Puedo ver un plato y que me inspire un aroma, vapor y que me parezca sentir una temperatura, me lleve a un momento. Es una experiencia integral para mí, el comer y beber, así lo vivo. Hay un poco de ese “saborear por los ojos” que me llevo a querer transmitir lo que me pasa con la gastronomía. Conecto de una manera especial.

«Me maravilla la producción que tenemos en la Patagonia».

¿Cómo se encara una foto en gastronomía?

Hay parámetros técnicos, lineamientos en iluminación, encuadre y composición. Lo técnico en la la fotografía es como el esqueleto, desde donde se construye.
Hay más… Entiendo y puedo conectar con la gastronomía porque la veo como un acto creativo que me genera admiración y satisfacción.
Siempre digo que siento en la gastronomía un estado de gran concentración y entrega, que demanda una atención del 100%. Se entra en estado meditativo, es estar totalmente atento y entregado a lo que se está haciendo.Desde ahí es donde suceden las mejores cosas, y en mi experiencia, también las mejores fotos. Por eso me gusta acompañar lo que va sucediendo. Siendo una más. Las expresiones, los movimientos me gustan que sean genuinos, reales, que permitan después al otro conectar de forma real, con ese momento de creación. Me gusta que los cocineros y cocineras puedan trabajar como si yo no estuviera ahí, con esa soltura y libertad.

«Juan Solorza, otro gran profesional fundante en mi carrera».


Con los platos y con los productos es otra dinámica. ¿Qué queremos transmitir en base a cómo es la experiencia en el lugar que se presenta el plato? ¿qué iluminación? ¿que remita a una hora del día ó a una estación del año?. Si la podemos recrear, ¿cuál es el estilo?, los productos que se usan para el plato, ¿de dónde vienen? Porque detrás de un plato hay tanto. Hay productores, eje fundamental de la gastronomía, horas de pensar, de crear, dedicación, aciertos y errores.

Me es importante conocer ese detrás de escena, que no está directamente en la foto del plato, pero vaya que sí. Y también en un plato ya hay una composición. El estilo del cocinero, colores que te invitan a usar un fondo o el otro, desde dónde tomar la foto, desde dónde se lucen más las texturas, los colores ó la profundidad.

Lo mismo con los productos y las bebidas, ¿en qué contexto? ¿cómo conecta mejor el consumidor? No con el producto exclusivamente sino con el momento. Un vino tiene detrás una bodega, la tierra y los viñedos, sus historias. Buscar conectar la imagen con eso, también me parece bonito.

Foto de Sofía Bruner.

¿La comida tiene que estar cruda o medio cruda para que salga mejor en la foto?

Es cierto que cada carne, pescado, vegetal ó preparación tiene su punto ideal por definición, pero esa parte se la dejo a los expertos. Me gusta charlar de eso con los que hacen, para conocer qué hace la diferencia en el plato ó en el producto, ese factor diferencial. Y después es el recurso de la luz, desde dónde se proyecta, con qué intensidad y demás que permiten trasmitir texturas, colores, temperaturas, de una manera ideal. Bueno, la fotografía es eso, dibujar con luz.

¿Cómo te definirías profesionalmente?

Solo puedo decir que hago mi actividad con mucho amor, aprendiendo constantemente de la experiencia, la interacción con los protagonistas, y desde ya, de referentes y colegas que disfruto y admiro. Independientemente de los años que pasen, que siga siendo así. Puedo decir que el mundo de la gastronomía y las bebidas es mi lugar, en el que siento la alegría de crear. Siempre digo que encontré mi tribu, un gran equipo y me siento muy agradecida por eso.

¿Cómo llegaste a este oficio?

Por mi amor por la gastronomía desde muy chiquita. Siempre cocinaba, arriba de un banquito cuando no llegaba a la mesada. Y el disfrute total de la comida, siempre fue un mundo que me fascinaba. Pensé en dedicarme a la gastronomía. Tuve una experiencia en cocina de muy joven, pensaba en estudiar cocina. Desde entonces me genera mucha respeto y admiración, sé lo que implica estar detrás de una cocina. Supe por mucho tiempo que iba a volver a ese mundo, pero no desde el lugar que creía, la vida hace esas cosas. Y así fue.

¿Desde cuándo estás trabajando en esto?

A los 20 años comencé a dedicarme a la fotografía, y la gastronomía era una parte de esa actividad, también en lo laboral, significativa. Quería mejorar y realmente compartir algo diferente, que causara ese impacto que a mí me causaba eso que veía, que tomaba y que comía. Hasta que un día tomé la decisión de dedicarme a la gastronomía y productos exclusivamente, y fue como si eso estuviera esperando. Y comenzó un viaje, metafórica y literalmente, en el que soy muy feliz haciendo.

¿Cómo fue la evolución de tu trabajo, tu crecimiento?

De esto tengo una mirada muy especial. Han sido claves varias cosas. Hacer lo que se ama es intraducible. Luego la manera, ser disciplinada, constante y paciente en ese camino que uno cree y quiere, dando dirección a esa creatividad, formándose. Una parte muy valiosa es hacer equipo con personas del mundo de la gastronomía que admiro, con quienes el crecimiento que genera proyecto tras proyecto, es exponencial. Se construye con un movimiento que pone en cada nuevo proyecto un desafío que invita a evolucionar. Es un crecimiento que integra la actividad y lo personal. Hay en la sinergia de hacer equipo una clave para el crecimiento. Eso para mi es muy importante.

¿Qué pedidos expresos te hacen los cocineros cuando vas a fotografiar un plato?

Mayormente tengo libertad y confían en mi criterio. Pero es muy importante la charla previa. Hay lineamientos sobre los cuales se trabaja. Las charlas acerca de lo que el otro quiere transmitir, son pilares fundamentales para definir el estilo y todo los parámetros para lograrlo.

¿Cuál es tu mayor desafío al fotografiar la producción de un cocinero o cocinera?

Lo genuino, que lo que transmitamos sea la mejor versión de la realidad. Que el otro al verlo quiera visitar el lugar de ese cocinero, probar ese cóctel, ese vino, ese plato. Que quiera tener esa experiencia que se transmite desde lo visual. Que el solo hecho de la imagen sea una invitación, una experiencia, que hable por sí sola.

¿Qué referentes tenés en esta profesión tuya?

Lo genial de la era en la que vivimos es que podemos ver el arte de fotógrafos gastronómicos de todo el mundo, eso ha sido muy valioso. Hay mucha gente talentosa de la cual disfrutar, compartir y aprender. Voy a comentar una muy linda experiencia con un referente de nuestro país y de Latinoamérica, con quien me capacité. Tuve una hermosa experiencia, la de crear en su estudio, Sebastián Israelit.

Completé esta idea que tenía, de que en lo artístico, la calidad humana, el amor con la que se realiza la actividad, con transparencia y entrega, nos lleva a lugares lindos. Pude ver una persona con amor por la actividad, eso es muy inspirador.

«Taté y Hernán, de Gina, generosos conmigo desde los primeros pasos que dí en esta profesión».

Admiro mucho su trabajo, es fascinante, pero aún más lo que le pasa a él con la actividad. Finalmente, esos “grandes lugares” son los que nos hacen sentir que estamos en el camino correcto, el poder hacer con gusto y disfrutando lo que se hace con el paso del tiempo. En cualquier tramo del camino que nos encontremos, me resultó maravilloso.

Los más y los menos de este trabajo tuyo

Es un mundo de apasionados. Descubrí que en nuestra región, y en toda la Patagonia, tenemos referentes con una preparación, fuerza y entrega enorme. Por sus lugares, por sus productos. También los he visto trabajar en eventos gastronómicos con meses de preparación, para darle a la gastronomía el lugar que merece, eso es de gran valor. Verlo desde adentro es imponente, la dedicación es muchísima. Tienen claro el papel de comunicadores. En un plato se comunica muchísimo. Sobre todo, productos.

En la Patagonia tenemos una diversidad de productos y productores enorme, a los que reconocerles el valor como consumidores es esencial. Por todo lo que eso implica y el impacto que tiene a nivel social, cultural y económico. Destaco a las mujeres, cada vez más presentes, también en el mundo de las bebidas en nuestra región. Hay mujeres muy talentosas e inspiradoras con las que tengo el gusto de crear.

¿Tus desafíos?

Continuar compartiendo y acompañando el mundo de la gastronomía y las bebidas con el mismo gusto y satisfacción que hasta hoy. Que el mundo de la gastronomía esté cada vez más conectado y con proyectos fuertes como ya está sucediendo. Que los patagónicos como consumidores estemos cada vez más conectados con nuestra gastronomía, con los productos, que son muchos y de excelencia.

Todas las fotos que ilustran esta entrevista son de Sofía Bruner.

Lo genial de la era en la que vivimos es que podemos ver el arte de fotógrafos gastronómicos de todo el mundo, eso ha sido muy valioso. Hay mucha gente talentosa de la cual disfrutar, compartir y aprender.

Sofía Bruner, patagónica, fotógrafa de gastronomía

Es muy valioso hacer equipo con personas del mundo de la gastronomía que admiro, con quienes el crecimiento que genera proyecto tras proyecto, es exponencial. Se construye con un movimiento que pone en cada nuevo proyecto un desafío que invita a evolucionar. Es un crecimiento que integra la actividad y lo personal.

Sofía Bruner, consagrada estilista en gastronomía


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