En la montaña hay que ser audaz, pero prudente 

Cada vez son más los excursionistas en todo el mundo que se esfuerzan por llegar a lo alto.



SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- La evolución del alpinismo y de la vida en la montaña no escaparon a la vertiginosa aceleración que caracteriza nuestro tiempo. Lo que durante muchísimos años había permanecido inmutable se halla hoy arrastrado en la loca carrera de la humanidad. ¿Se dejará que la montaña siga siendo un refugio?.

Todo parecería indicar que no. Cada día son menos los lugares inexplorados por el hombre. La Patagonia, considerada “virgen” hace no más de tres décadas es hoy recorrida por centenares de trekkers y alpinistas de todo el mundo. El volcán Lanín y el monte Tronador son visitados por una verdadera multitud. Inclusive el Hielo Continental, un lugar inhóspito, es vendido como una excursión de turismo aventura.

No obstante, a pesar de la evolución de los equipos y las técnicas, el montañismo se desarrolla en un mundo extraño y maravilloso, el cual exige a sus adeptos virtudes, a menudo contradictorias: hay que ser audaz pero prudente; sentirse orgulloso de ser un hombre, pero ser humilde y tener conciencia de que no se es más que eso. Los montañeses deben saber valorar la más completa libertad y la más estricta disciplina y llevar la solidaridad y la responsabilidad humana, si es preciso, hasta el sacrifico. Estas contradicciones se resuelven por su mismas y la montaña, en su silencio, responde a todas las cuestiones enunciadas. Sólo hay que saber interrogarla y, como ella, callar y ser paciente.

“Y me atrevo a escribir aquí… que incluso las piedras, incluso esos grandes seres de tierra, piedra y hielo, que se llaman montañas, son capaces de devolver amor por amor, porque todo no es más que un juego perpetuo de ecos”, aseguró oportunamente Samivel, escritor, alpinista y pintor.

Samivel supo transmitir el sentimiento de miles de excursionistas que sufren y se esfuerzan por llegar a lo alto; sufrimiento que acompañan con la felicidad en su mayor pureza.

En su inmensa mayoría los montañeses que bajan de las cumbres andinas vuelven felices. Más aún, regresan a la montaña e intentan escalar nuevamente hasta su cima. Por lo general a pocos les importan las vivencias que se suceden allí arriba, a no ser que ocurra un accidente, hecho que obliga a muchos a preguntarse: “¿Qué buscan esos hombres allí arriba?”.

Las respuestas podrían ser muchas o ninguna. Pues el magnetismo que ejerce la naturaleza y más aún la cumbre de una montaña son irresistibles para el que alguna vez descubrió su belleza. “El alpinismo es más que un deporte, es casi un vicio”, suelen afirmar sus adeptos. Y por ello se esfuerzan en llegar hacia lo alto.

Algunas reglas

“Ten la mirada fija en la vía de la cumbre, pero no olvides mirar a tus pies. El último paso depende del primero. No creas haber llegado porque veas la cima. Presta atención a tus pies, asegura tu próximo paso, pero que ello no te distraiga del objetivo más alto. El primer paso depende del último”, escribió oportunamente el alpinista Rene Daumal.

Las montañas tienen sus reglas. Estas deben ser aceptadas y respetadas por los hombres que concurren hacia ellas: deben llevar un equipo especial, estar físicamente entrenados y poseer conocimientos técnicos de alpinismo. A medida que aumenta la dificultad en la montaña debería incrementarse la calidad del equipo, el estado físico y la capacidad del montañista. Cuando esto no se cumple suelen presentarse los problemas. Y ellos generalmente se solucionan con la experiencia; por ello mueren más jóvenes que adultos en las cordilleras.

En la amplia mayoría de los casos los accidentes ocurren a consecuencia de un error humano. Ante un contratiempo no se toma la medida correcta y se produce la falla. En montaña las fallas graves se pagan con la muerte.

Los clubes andinos, las escuelas de guías y los profesores de escalada tienden a capacitar a los hombres que practican andinismo (ver recuadro).

Suele suceder que ante accidentes de magnitud las autoridades pretendan evitar nuevos incidentes prohibiendo los ascensos. Nada más absurdo. Con ello pretenden ocultar sus falencias en lo que hace a la prevención, educación y orientación de los miles de hombres que cada verano concurren a las montañas.

Al pie del Tronador y del Lanín, en área de Parques Nacionales, pueden comprobarse cada verano la falta de reglas claras para los que se aventuran en ascender hasta sus cumbres. Los guardaparques, encargados de la conservación del sector, requieren del visitante un permiso de escalada (gratuito) y un listado de equipo básico. Tras ello, apelando a su buen o mal criterio, “autorizan” el ascenso.

Las estadísticas indican claramente que tener el mejor equipo no implica que su titular sepa usarlo. Pero, un buen equipo ayuda.  

Dónde aprender andinismo

Para aprender andinismo (alpinismo o montañismo, utilizándose las tres palabras como sinónimos) los interesados pueden conectarse con un club de montaña. Todos ellos suelen dictar cursos periódicos, tanto de escalada en hielo y roca, escalada deportiva o bien, organizan salidas guiadas a la cordillera.

Los comercios especializados en actividades de aventura suelen tener los elementos imprescindibles para iniciarse en el montañismo. El buen equipo suele ser caro y por lo general se compra por etapas, las que deberían ir acompañadas por el aprendizaje. Un buen escalador debe ser conciente que la montaña siempre va a estar; y sabrá cuando logró capacitarse suficientemente para ascenderla.

Cada verano hay numerosas alternativas para aprender andinismo. Un buen curso de escalada e iniciación al montañismo cuesta unos 300 pesos. Uno de ellos, en el Tronador, es dictado por Chulengo Lamuniere, un guía experto. Allí se aprende a escalar y transitar por la montaña. Pero además se adquiere conocimientos sobre el equipo, la alimentación, los primeros auxilios, la orientación, meteorología y otros temas que debe conocer quien aspira ser un buen alpinista. Otro curso lo dicta Ariel Cachazo. Para ambos se puede consultar en la cabaña de informes del Club Andino Bariloche. Junto a ella se emplaza la palestra de escalada. Allí se puede practicar entre las 15 y 21 abonando 5 pesos. Hay alquiler de equipos y profesores especializados. También se puede aprender en la cima del cerro Otto, donde se emplaza un panorámico muro de escalada. (AB)


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