Enfermos y magos
En el ámbito de la salud hay un triste historial sobre enfermos terminales y familiares suyos que resultaron presa de vendedores de esperanzas falsas. Hasta no hace mucho casi todos los casos tenían que ver con el cáncer y el recurso a sustancias naturales con efectos antitumorales; aún en estos días se publicitan notas esperanzadoras. Existen, por ejemplo, sitios televisivos y blogs seguidos por miles de personas que, exasperadas contra la medicina oficial y el fracaso de quimioterapias y radioterapias, recogen del mundo popular de la oncología recetas mentirosas como remedio seguro para la cura del cáncer. Esto conocido, hay fenómenos nuevos como la atracción internacional de enfermos a Cuba en demanda de tratamiento con Escozul, un veneno extraído del alacrán azul al que investigadores de La Habana atribuyen virtudes antitumorales. Es una novedad que hace recordar el caso argentino de la crotoxina, también un producto de veneno de víbora que, anunciado en 1986 como un descubrimiento con efectos curativos, produjo una conmoción pública que ni se apagó del todo luego de que oncólogos y científicos del Conicet lo declararan fraude. En 1987 (la Secyt de Sadosky y su programa televisivo “Ciencia y conciencia”) el asunto fue motivo de un risueño documental con título “La era del ñandú” que, dirigido por Carlos Sorín, puso en solfa la creencia en la crotoxina, disfrazada como Bio-K2 del Doctor K, también de efectos pretendidamente mágicos. La fama popular de este supuesto remedio llevó a autoridades de la Secretaría en el gobierno menemista (Matera en 1989, Liotta en 1990) a resucitar la investigación sobre sus maravillosos efectos. Un fiasco, naturalmente. Fuera del cáncer y por efectos de una publicidad globalizada, han cobrado actualidad las llamadas células madre, a las que se asigna posibilidad de remisiones mágicas para otras enfermedades crueles. A su importancia se suma, en un mundo con cada vez más ancianos, su interés para afecciones propias de una decadencia senil. En cuanto a valoración científica de los tratamientos, hubo en nuestro país un reciente comunicado de casi una docena de instituciones médicas que, en reunión con el ministro Barañao, acordaron un comunicado esclarecedor. El título de la información en la revista “IntraMed” dice: “Condenaron la oferta de tratamiento con células madre”. Explica que probablemente constituyan un método para muchas enfermedades pero sólo en lo futuro; actualmente su uso terapéutico (transplante de médula o de sangre del cordón umbilical) está limitado a algunas enfermedades hematológicas. La aplicación clínica a otras enfermedades como las neurológicas o la diabetes es aún muy lejana. En otro número de la revista titulado “Células madre, entre la estafa y la ciencia”, Alberto Dubrovsky, jefe de Neurología de la Fundación Favaloro, manifiesta que “no hay paciente en el mundo que se haya curado o beneficiado” con ese tratamiento y que “por el momento no existe aplicación clínica alguna para ninguna enfermedad neurológica ni neuromuscular”. Agrega que el afán de individuos inescrupulosos tanto en el ámbito nacional como en el extranjero, seduciendo a pacientes desesperanzados con promesas de mejoría o curación, constituye una verdadera estafa no sólo económica sino también moral. Hay casos en el exterior que suscitan reacciones en estos días. En Italia, por ejemplo, tienen actualidad los hechos protagonizados por Davide Vannoni, un experto en relaciones públicas que gusta definirse como médico y neurocientífico. Este personaje, que tiene relación con políticos, funcionarios y profesionales de la salud, protagoniza fuertes litigios en varios tribunales de la Justicia y la administración sobre resultados y costos para el Estado de procedimientos –no pocos en favor de familiares de influyentes– que ha llevado a cabo a través de la Stamina Foundation que fundó y preside. A Vannoni se lo llama “Dottore Stamina”, tiene 46 años, cabellos largos, viste a lo hippie y tiene un Porsche con patente suiza. Ha realizado tratamientos con su infusión de células en Torino, Trieste, Brescia y San Marino. Habla de cientos de casos con un recobro del daño del 70% al 100% en unas veinte enfermedades. Sus blogs muestran milagros como el de un bailarín ruso con Parkinson que se levanta del lecho y comienza un ágil paso de ballet o una joven paralizada por esclerosis lateral amiotrófica que vuelve airosamente a caminar. Leyendo el “Corriere” de estos días, se puede suponer que las propias actividades del “Dottore Stamina” están entrando en coma. Él mismo anuncia que, ante problemas, irá a probar sus infusiones a partir del 15 de enero en Miami, donde cuenta con socios en la profesión médica. En un municipio italiano se autorizó localmente en mayo pasado, frente a la demanda de la plaza pública, el inicio de un estudio experimental de aplicación de estaminales en un grupo de pacientes con problemas invalidantes de tipo neurológico. Pero a principios de diciembre el Ministerio Nacional de Salud dio un stop definitivo al experimento por considerarlo “metodo pericoloso per i pazienti”. La Procuración de Torino acaba de dictaminar que los enfermos no mejoran y el hospital de Brescia está bajo investigación judicial. Se habla hasta de averiguación sobre homicidios culposos. Beatrice Lorenzin, ministra de Salud, acaba de dar la última palabra en una declaración del 22 de diciembre. “Preocupada por la salud de los ciudadanos y por esta familia con grandísimo sufrimiento”, le respondió al padre de una bebita que reclamaba tratamiento que “el metodo Stamina no existe desde el punto de vista científico”. Uno podría suponer que esto pone fin a las actividades de un astuto vendedor de falsas esperanzas. Pero, siendo como es la naturaleza humana, la desesperación de enfermos y el dolor de sus familiares oscurecen toda racionalidad y, por lo tanto, no hay garantía alguna de que el negocio esté liquidado. Como demuestra lo ocurrido entre nosotros con los gerentes de la bendita crotoxina (hasta hay en actividad una “Fundación Crotoxina, esperanza de vida”), esta clase de magos y sus auspiciadores tienen, como se dice de los gatos, siete vidas. (*) Doctor en Filosofía
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