Ensayos y acciones

Se revisan alianzas y se profundiza la lejanía de Martín Soria.

Por Redacción

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

Las abstracciones y los relatos seducen, pero el poder sólo vale cuando cambia cosas y mejora la vida de los ciudadanos. El resto es una porfía estéril. El gobernador Weretilneck reivindica una acción estatal, con convicción y faena escasa en sus funcionarios. Apatía o impericia, que igualmente no lo libran de responsabilidad. Defiende cada finalidad y disimula la soledad de sus intenciones. Ese cuadro ya alcanzó a las juntas médicas, cuya pretendida reformulación conforma la única medida conocida ante el confesado descontrol de las inasistencias de estatales. Ocurrió lo peor. La concreción cayó en el invernadero después del anuncio del mandatario de su tercerización y de la lógica resistencia gremial. En Economía se paralizó todo cuando emergió la censura de UPCN al ministro Alejandro Palmieri. Weretilneck reafirma su plan y asegura que existen simulaciones. “Sólo fue un globo de ensayo”, arriesgó un miembro del gabinete. Inédita revelación. Un simulacro centrado en la credibilidad del gobernador. Sí, el testimonio certifica el débil convencimiento gubernamental. La extrañeza está en que Weretilneck expone su humanidad en cada dificultad. Sus funcionarios aparecen alejados y detrás de él. Es el mundo del revés. Esta singularidad se replicó también en la respuesta ante las denuncias por el desbarajuste de las becas sociales. El gobierno no desarticuló aquella perversa estructura armada por la gestión radical. Además, Ernesto Paillalef aprovechó ese sistema y expandió el poderío de su Movimiento Evita, alentando la creación de cooperativas. Verdad irrefutable. Podían existir argumentos, pero el gobierno no los volcó. Faltó contundencia y, en cambio, afloraron equívocos y falacias. Ayer, cuatro días después, llegó el informe prometido por Paillalef. El cuidado principal recaía en el ministro pero, otra vez, Weretilneck asumió su cobertura, con dispersiones reprochables. Defendió un reparto que desconocía. Fracasó, hace unas semanas, hasta un intento de lograr la documentación a partir de un pedido por parte de la Función Pública a Desarrollo Social. A pesar de eso y de la constante fricción al ministro, el gobernador no moverá a Paillalef. Entiende que su desplazamiento convalidaría una imaginada operación para apartarlo. Ciega y demorada fidelidad, sin reciprocidad. Mal, pero Paillalef defendió sólo lo suyo. Se liberó de las culpas de la gestión de Jorge Vallaza y se desligó de la historia de Weretilneck de que un empleado suyo había robado información. “(El gobernador) es responsable, así que podrá probarlo”, se desentendió ante la prensa. Las certezas de las fechorías internas confluyen en que sus allegados coinciden en un mismo reclamo: apuntalar un grupo de conducción y de gestión. Escucha y, a veces, reacciona. Reivindica, casi como queja, lo hecho y relata dilemas puntuales. “No tienen ni idea de las dificultades que tengo con tantos radicales adentro”, se justifica. Sus oyentes también escuchan razones cuando aluden a insostenibles concesiones internas. Ocurre que habrá que repasar, otra vez, los socios del proyecto. El senador Miguel Pichetto está fuera del gobierno, pero su juicio importa ya que su mirada condiciona la atención de Nación. Alertan de que su traza será cada vez más perceptible. El vicegobernador Carlos Peralta confina preliminares acuerdos ajenos destinados a enmendar cierta mayoría parlamentaria del justicialismo, hoy quebrada. “¿De qué compromiso legislativo de Weretilneck y Pichetto me hablan? No estuve, entonces no estaba el actor principal”, censuró. El lugar del intendente Martín Soria es el más extravagante. Asume una dura crítica pública, pero preserva una cuota parte del gobierno y un canal de demanda permanente. Propinó en pocos días dos zamarreos. Difundió un comunicado donde asocia al oficialismo con la permanencia de jueces cuestionados y, nuevamente, el miércoles lo azotó por el mantenimiento del régimen de becas. Ese día, en Roca, con la presencia de Peralta y del ministro Luis Di Giacomo, Weretilneck y Soria se juntaron; poco se profundizó frente a percepciones diferentes. Las condenas del roquense ya circulaban y las distancias están fortificadas. El jefe comunal nunca creyó en Paillalef en el área social pero en septiembre, en el rearmado del gabinete, su aporte se redujo a una advertencia. “Tendrás que cuidarlo del reparto de bolsitas”, le dijo. Por entonces Soria conseguía una mayor influencia, producto del apartamiento de Pichetto. Su voz se valorizaba y, además, introducía a Di Giacomo en Gobierno. Ahora otro contexto se insinúa con los vínculos reparados entre el gobernador y el senador. El intendente deberá resolver su presente dualidad, que bascula de un protagonismo opositor hasta su participación gubernamental, con llamadas instructivas a funcionarios. El roquense no se siente partícipe, a pesar de sus coterráneos en Casa de Gobierno. Algunos deambulan. Por caso, las misiones de los últimos meses del secretario Legal y Técnico, Nicolás Rochas, se reducían a cumplir con los recados de Soria. Ese servicio ya no tiene más despacho, pues Rochas finalmente renunció el viernes y Weretilneck no dudó en su aceptación. ¿Será una muestra conjunta del inicio de una guerra fría? Sí, en algún aspecto, pero seguirán enlaces compartidos, como los intereses judiciales. Soria es un recurrente censor de la Justicia y envía culpas al gobernador. “Yo no puedo echar a los jueces porque se me ocurre”, le advirtió. Pero ambos tienen ocupaciones más inmediatas, como la cobertura en los juzgados y cámaras. El roquense transmitió su valoración y Weretilneck lo escuchó. Habrá que ver qué mandato reciben los consejeros oficialistas. No coinciden en cuanto a la ampliación del STJ. El mandatario provincial mantiene su férrea defensa y el municipal desprecia ese cambio judicial. Todavía ese proyecto sólo forma parte del ideario de Weretilneck. Su aspiración se encamina hacia un fracaso o deberá hacerse cargo. Acordó que la tarea recaiga en el bloque pero por ahora poco y nada se hizo. Su elevación tendrá que ser inmediata si, por lo menos, se pretende que ese eventual proceso por dos nuevos jueces coincida con el lanzado por la vacante de Víctor Sodero Nievas, con vencimiento de candidaturas para el 7 de junio. Así, en los próximos 60 días la Legislatura deberá recibir y aprobar, en doble vuelta, la anunciada iniciativa. El segundo camino es que Weretilneck asuma, otra vez, la contingencia y remita un proyecto del Ejecutivo para su tratamiento rápido. Existe sólo una vocalía del STJ por cubrir y, según lo acordado, está asignada a un abogado de Viedma. Crecen las probabilidades de la procuradora Liliana Piccinini, que ofrece una reducida coincidencia en el PJ: el apoyo de Pichetto y de Soria. El gobernador mantiene reparos, pero lo avalaría si concuerdan con otro vocal viedmense, creyendo en el ascenso del camarista civil Gustavo Azpeitía o de la fiscal Adriana Zaratiegui. Para eso se requieren dos pasos previos: la aprobación legislativa de un STJ con cinco miembros y el aval del Colegio de Abogados para alguno de los candidatos. Un hilo suelto iniciará hoy cierta atadura. Bariloche votará por la formal destitución o la continuidad de Omar Goye. La resolución se conocerá esta noche. El poder deberá volver mañana a los apuros de la sociedad.

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