ENTREVISTA A MARIA SAENZ QUESADA, HISTORIADORA: «¿Cristina? Discurso ideologizado, antiguo»

Directora de la revista "Todo es Historia", María Sáenz Quesada dedicó un largo tramo de sus investigaciones a explorar a la mujer argentina en relación con la política, labor que remata poniendo luz sobre nuestro pasado.

– Cristina, candidata a presidenta. Usted se dedica mucho a investigar la política y el poder en relación con las mujeres. ¿La conoce personalmente?

– Estuve una sola vez con ella, en el marco de una reunión del mundo de la diplomacia… Desde lo personal, me pareció simpática, pero es una impresión muy fugaz, en un escenario muy puntual. Y desde lo político la veo como producto de, sí, de su propia militancia, su trayectoria desde muy joven en el peronismo, su protagonismo a lo largo de la transición, pero por más que tenga todo este bagaje, también es cierto que cuenta que sea la esposa del presidente. En Estados Unidos, para un caso de pareja del poder, ella tendría que manejar los tiempos de otra manera si quisiera llegar a la Casa Blanca.

– ¿No tan automáticamente: salís vos, entro yo?

– No me imagino al sistema político norteamericano aceptando la salida de Clinton y asumiendo la llegada de Hillary. Ahí, el sistema demanda tiempos, ritmos muy diferentes… los merecimientos se ganan volviendo al llano y arrancando de nuevo. Pero estamos en la Argentina y Cristina será o al menos así parece la candidata oficial a la presidencia y gozará de todas las prebendas que esto conlleva en los hechos concretos, lo cual no quiere decir que esté bien.

– ¿Qué encuentra que la define desde lo político?

– Un discurso con mucha ideología y, desde esa perspectiva, lo veo un poco antiguo, pero es una mujer con mucha energía.

– ¿Qué inquietud le genera un discurso con mucho de ideología?

– Que puede devenir en una visión muy maniquea de la política, en un ejercicio del poder muy prejuicioso, muy atado a ortodoxias.

– En su libro sobre Isabel usted señala que en los '70 la Argentina no se referenciaba en una mujer como presidenta. ¿Cambió hoy esto?

– ¡Sí, creo que sí! Además, las mujeres se han ganado palmo palmo, dignamente, el espacio que hoy ocupan en distintos planos de la vida nacional. Es cierto, siempre tenemos que ser diez o casi diez para que nos reconozcan, pero las mujeres son protagonistas desde mucha seriedad, reitero: mucha dignidad… Sí que hemos progresado.

– Marcos Aguinis dice que la gran diferencia entre radicales y peronistas, en lo concerniente al manejo del poder, es que los radicales «lo alquilan» mientras que los peronistas «lo agarran y lo usan sin contemplaciones». ¿Encuentra en Cristina una hija de esa tradición?

– Por supuesto… lo es el kirchnerismo como tal. Es el resultado de percepciones muy concretas del ejercicio del poder fundadas en realidades históricas muy concretas. Pero me parece que se debe evitar, creo que al menos quienes hacemos historia debemos ayudar a evitar una lectura prejuiciosa de los días por venir si es que Cristina llega a la Casa Rosada. Quiero ser muy, muy prudente en este tema. No está en mi conformación intelectual el prejuicio, la exclusión de lo distinto.

– Las parejas con poder político concreto, real, en la Argentina siempre se corporizaron a partir de hombres con estilos muy definidos de ejercer el poder, sin que se gene

rasen mayores tensiones éticas a la hora de cómo definir, cómo mandar, cómo hacer obedecer: Rosas, Perón, Kirchner, Encarnación Ezcurra, Evita, Cristina. No comparo contenidos, reflexiono…

– Yo agregaría otras parejas, también peronistas. Uno es el caso del matrimonio Juárez, que ejerció mucho poder y se alternó en el cargo. No olvidemos también, aunque fue un caso frustrado, el de Duhalde y su esposa.

– ¿Por qué esos proyectos devienen de estos estilos de percepción del poder?

– Es una expresión del caudillismo como cultura, como tradición. El caudillo tiene detrás de sí a su familia, concretamente a su esposa. El peronismo irrumpe en la historia haciendo converger dos planos. Uno, la modernidad que implica alentar la incorporación al sistema socioeconómico, de los sectores más postergados. Por el otro, una cosmovisión del ejercicio del poder donde la mujer es la que mejor representa los intereses del marido… el rostro más suave del poder que detenta el marido, el caudillo.

– ¿Cómo define los sentimientos de Eva hacia Perón? A quien sigue esa historia, es un tema sobre el que resta explorar.

– Había un tejido de sentimientos importante de ella hacia él. Ella se sentía reconocida por él… se habían casado, se trataba de un general de la Nación, lo cual en ese tiempo era importante y no me parece que se pueda dudar en cuanto al reconocimiento de ella a esas pruebas de lealtad por parte de Perón. Pero desde lo político, lo interesante es que esa admiración no la condicionaba a ella para con Perón. Y en eso y no me gusta hacer comparaciones podría establecerse cierto hilo conductor con Encarnación Ezcurra en relación con Juan Manuel de Rosas. Eva siempre criticó mucho al grupo que rodeaba a Perón en aquella primera presidencia que es la que ella vivió, y

Encarnación Ezcurra tuvo la misma conducta para con el grupo de Rosas. Ambas sospechas de la lealtad de esos grupos.

– Al margen de los sentimientos, ¿usted cree que en algún momento Eva le molesta, en tanto poder, a Perón?

– No sé por qué lo dice.

– Por ejemplo, cuando Perón acepta el planteo del Ejército de que no es conveniente que Eva sea candidata a vicepresidenta. Ella se queda muy mal ante el «no» de Perón.

– Ella miraba la política desde un estilo muy visceral, algo de primitivismo si se quiere, y Perón tenía una formación política forjada desde lo militar, más orgánica, más táctica y estratégica… pensaba la política y el mando desde distintas variables. Visto desde esta perspectiva, Perón manejaba tiempos y decisiones en términos diferentes de los de Eva… Perón no se iba enfrentar al Ejército en defensa de la candidatura de Eva, eso lo tuvo en claro.

– Sostiene Sebreli que de feminista Eva tuvo muy poco, sentencia que altera el equilibrio emocional de los peronistas. Pero según él, la imagen que Eva tiene del rol de la mujer es conservadora, eje de la familia de la casa para adentro, no más. ¿Usted qué opina?

– Bueno… si uno lee «La razón de mi vida»…

– Que no lo escribió Eva…

– Efectivamente, ella sólo lo firmó; lo escribió un periodista español… Si uno lee ese libro, encuentra, al proyectarlo con la acción de ella, ciertas contradicciones en cuanto al rol de la mujer. Ella dice que la mujer es la compañera del hombre, que no hay un proyecto individual… Sin embargo, en los hechos actúa como definidamente en favor de dignificar el rol de la mujer, con lo cual implica ponerla afuera de la matriz conservadora que implicaría un proyecto individual. Podríamos decir lo mismo de Isabel Perón.

– Se van a enojar los ahora veteranos de los '70. «Evita hay una sola, las demás son rompe-bolas», le gritaban a Perón en la cara.

– Sí, sí… ¡qué tiempos». Pero Isabel está en la historia del país y fue un producto peronista, ¡qué duda cabe!. Guste o no. Isabel era, en su vida privada, joven, copera o bailarina, que conoció a Perón, tuvo un vida muy independiente, ajena a dictados conservadores. Sin embargo, cuando llegó a presidenta, en todo lo relacionado a infinidad de políticas de Estado control de la natalidad, por ejemplo actuó bajo el dictado de cánones muy conservadores.

– Isabel, ¿inocente o culpable? Esa pregunta se la formula usted en su libro «Isabel Perón».

– Espere, espere… formulo ese interrogante desde el convencimiento de que la historia no constituye un tribunal. Tampoco el historiador es juez excluyente de lo sucedido en la historia, su rol es más modesto. Se mete en el pasado para ayudar a entenderlo.

– En su libro dice que de Isabel se ha conformado una imagen de negación, como si hubiese sido una aparición sorpresiva en el campo de la política y nada más. ¿A qué se debe esa imagen?

– Lo que digo es que se debe recordar que fue votada con el 62% y que su accionar en política es preexistente al acercamiento de López Rega a Perón, porque pareciera que Isabel fue un producto de López Rega y nada más. No era así. Incluso Perón la envió a la Argentina como delegada en el '65, antes de que López Rega se sumara a Puerta de Hierro.

– ¿Ella viene contra el «peronismo sin Perón» que quiere articular Vandor?

– Claro. Todo anterior a López Rega. Hay mucho anatema alrededor de esto. Y ya siendo presidenta no fue ajena a los intereses del propio establishment, que como lo señalo en ese libro, contó con ella para reprimir a la izquierda e incluso el ajuste de la economía…

Pero sí, en los '70, los argentinos no estaban para mirarse en el espejo de una mujer presidenta. Esto independientemente de lo que fue su gobierno. Un país con larga historia de buscar, desear liderazgos fuertes, no podía encontrarse cómodo con una mujer manipulada por el poder militar, sindical y prisionera voluntaria de un círculo muy particular, muy mezquino.

 

La elegida

María Sáenz Quesada tiene una inmensa disposición para atender al periodismo, cosa inhallable en muchos de sus colegas cuando se trata de un atardecer de sábado, como lo hizo este diario al llamarla.

“¿Y será Cristina realmente? ¡Se va a poner lindo!”, le dijo al periodista no bien se estableció la comunicación.

“¿De qué me ha servido escribir historia de mujeres argentinas? Entre otras cosas, conocer todas las limitaciones que tuvieron, tienen y van dejando atrás los hombres para aceptarlas”, comenta.

Culta. Estilo directo, afable, María Sáenz Quesada siempre sostiene que el saber histórico está “permanentemente inspirado desde el hoy, pero se corre el riesgo de quedar entretenido en la historia por el pasado mismo”.

Entre sus obras figuran: “La Argentina, historia del país y de su gente”, “Mujeres de Rosas”, “Los estancieros”, “El Estado rebelde”, “Las estancias argentinas”, “Isabel Perón”, “La República dividida” y “El camino de la democracia”.

 

CARLOS TORRENGO

ctorrengo15@yahoo.com


- Cristina, candidata a presidenta. Usted se dedica mucho a investigar la política y el poder en relación con las mujeres. ¿La conoce personalmente?

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