Envejecer

Columna semanal

Redacción

Por Redacción

El disparador

Apenas pasó el mediodía. Es el momento de más calor. Dos mujeres esperan el colectivo en el lado opuesto a la parada. “Estamos acá para cubrirnos del sol”, dice una de las señoras, aprovechando la sombra de un árbol. Sonriente, antes de cruzar la calle añade: “Ustedes trajeron suerte: vinieron y llegó el colectivo. ¡Lo que es ser jóvenes!”.

Antes de que Latana Buendía diga algo, Isidoro Reyes intenta hacerse el gracioso: “Uh, ¿entonces cuando envejezca se me va a terminar la suerte?”.

-¿Que si se casan se les termina la suerte? No, para nada, era solo por el colectivo -replica la señora y sigue, siempre con una sonrisa-. Mirá, el viernes que viene cumplimos 38 años de casados con mi marido y estamos espléndidos. Te digo, el secreto es la importancia de las dos P: paciencia y perseverancia, en todos los órdenes de la vida.

El viaje en colectivo es corto. Isidoro y Latana se despiden de la señora y siguen camino al banco. La mujer les pareció simpática. Pero, sobre todo, los enfrentó a un tema: cómo se hará para envejecer de un modo que los haga sentir bien.

Coinciden en que, viéndolo desde afuera, estaría bueno parecerse a la señora agradable con la que se habían cruzado. Confirman la idea a poco de entrar al banco. Se sientan a la espera de su turno. Los números van pasando. Hasta que el silencio es interrumpido por un señor que empieza a hablar en voz alta. Se dirige al cartel que anuncia los números. “¡Eso no anda bien! Va un número atrasado y llama a gente que ya pasó”, se queja. Inquieto, se para y camina de un lado a otro.

La gente a su alrededor mira al suelo y esquiva el contacto visual. Sigue hablando en voz alta y nadie le contesta al señor, que en un momento se acerca a un joven y le dice: “Me encanta el ruido del agua en el celular, ¿se lo pusiste vos?”. El muchacho le responde que no, que vino así.

-Seguro que así, como ese viejo, no quiero ser -dice Latana cuando salen del banco.

-El otro día leía una entrevista que le hicieron a Clint Eastwood. El tipo -sigue Isidoro- hizo de todo: actor, guionista, director, productor, político… Tiene 84 años y dice que la clave en su vida fue mantenerse activo. Cuenta que siempre hizo eso y lo ayudó a tener una carrera que disfruta mucho.

-También es un mujeriego incorregible, tiene como ocho hijos con seis mujeres distintas… -comenta Latana.

-Bueno, sí, igual dice que lo más importante son la familia, los amigos y laburar, en ese orden. Y hay algo que por repetido no deja de ser muy importante: se siente bendecido por dedicarse a lo que más le gusta. El tipo cree que lo que lo mantiene activo son las cosas que le interesan en la vida y el proyecto en el que está metido. En resumen, su secreto es no dejar que la vejez se apodere de él.

-Me hacés acordar a la anécdota que contó hace poco Mario Bunge. El viejo, a los 95 años y después de una enorme carrera en la física y la filosofía, dudaba si arrancar con un proyecto nuevo porque no sabía si lo iba a poder terminar.

-¿Y qué hizo?

-Lo habló con uno de sus hijos, que le aconsejó que lo hiciera, porque eso lo iba a ayudar a vivir.

Juan Ignacio Pereyra (pereyrajuanignacio@gmail.com)


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