“Hola, les quiero dar las gracias por ayudar a mi papá para mi operación”. Una noche de fines de mayo de 2017, cuando todavía no había cumplido los 8, Kiara tomó el celular de su papá mientras él dormía y mandó un audio con ese emocionante mensaje al grupo de Whatsapp de los trabajadores del empaque y las chacras. Carlos lo supo al día siguiente, cuando entró al galpón y sus compañeros hacían fila para abrazarlo.

Carlos cuenta la historia esta tarde de principios de septiembre, mientras Kiara hace la tarea. Levantó con sus propias manos la cocina-comedor donde ahora ceba mate dulce, el dormitorio y el baño. “Me falta la pieza de la nena, ya voy a poder”, dice. De enero a junio, es embalador en el galpón a 150 metros de su casa en el oeste de Roca, justo donde el asfalto empieza a ser más difícil de encontrar y una cloaca desbordada invade la placita de la esquina. De julio a diciembre, se las rebusca como albañil. “Pero ahora no sale ninguna changa”, comenta. Natalia, la mama de Kiara, está sin trabajo.

“Me siento mal”

A fines del 2016, Kiara se sintió mal en la escuela: le dolía el pecho y le costaba respirar, recuerda Natalia. La llevaron al hospital: tras los análisis y los estudios, el diagnóstico fue que tenía un soplo en el corazón. Y que no había otra chance que operarla lo más rápido que se pudiera.

Había un problema: el hospital no podía hacerlo porque estaba bajo la cobertura de la obra social, que se negó a poner el dinero. “Entonces les contamos lo que pasaba a mis compañeros”, relata Carlos y ofrece otro mate.

Los trabajadores decidieron destinar 256.160 pesos a pagar la operación en una clínica de La Plata. ¿De dónde salió el dinero? De los fondos que administra un Comité de diez miembros (uno por cada chacra de Laino Hermanos y Antigua SA y dos por el galpón de Fruempac) que recibe el 5% adicional que pagan los consumidores de cadenas de supermercados de Estados Unidos y Europa por la fruta que tienen el sello de Fair for Life. El porcentaje puede variar según el año y la certificación se obtiene si se respetan las condiciones laborales, las buenas prácticas agrícolas, el ambiente y se tienden lazos comunitarios.

“Agarré el celu de mi papá y le mandé un audio al grupo de él y sus compañeros. Les dije: Gracias por ayudarlo para mi operación”.
El recuerdo de Kiara.

Kiara fue operada en La Plata en abril del 2017. Las gastos médicos y el viaje fueron pagados por el Comité. Y los viáticos para ir y volver en colectivo desde la casa de la tía de Carlos en Gonnet donde se alojaron y las comidas salieron de una colecta de los trabajadores. “Ellos son así, son a todo dar”, dice Carlos. “¿Qué hubiéramos hecho sin esa ayuda? Fue una bendición”, agrega.

“Trajimos todos los tickets y rendimos todos los gastos. Así funciona: todo anotado, todo en blanco”.

Estuvieron en La Plata un mes, hasta que después de los chequeos y los controles le dieron el alta. Después volvieron a Roca y Kiara se reincorporó a su mundo, la Escuela 260, su gatita Ángela, sus cinco pececitos, las risas con los youtubers que más le gustan. “Me encanta dibujar”, cuenta. “La idea es que empiece natación, eso estaría bueno”, dice Natalia.

Pensar en el otro

El de Kiara fue uno de los casos votados como prioritarios por el Comité. ¿Cómo funciona? Cada representante expone los propuestas de los peones, los embaladores, las clasificadoras y se discuten, se votan y se aprueban. “Al principio por ahí pensábamos más en nosotros, por ejemplo en borcegos o camperas. Con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que teníamos que pensar en los que tienen necesidades más urgentes. Gente con problemas de salud, que no tiene casa, que no tiene qué comer. O que a lo mejor no tiene plata para unos anteojos de aumento o alisar un pasillo poceado de un abuelo que camina con andador, a ellos les cambia la vida resolver eso ”, relata Carlos.

Frente a frente

El jueves pasado, Kiara y sus padres fueron hasta la chacra 231, donde termina la Viterbori, entre barrios privados que florecen y manzanos y perales que resisten, con las bardas como telón de fondo. Reunidos alrededor de un tractor rojo, en una mañana soleada y ventosa, el grupo de trabajadores rurales observó como la chica y sus padres bajaban del auto y caminaban hacia ellos, que estaban parados en semicírculo.

–Soy el papá de Kiara. Ella pudo operarse del corazón gracias a ustedes –dijo Carlos mientras se llevaba la mano al pecho. En la temporada embala la fruta que se cosecha aquí, pero nunca se había llegado hasta las chacras.

–Les agradecemos un montón. Sin ustedes no hubiéramos podido hacer nada– dijo Natalia y en más de uno de esos rostros curtidos asomó una lágrima.

Germán “Memo” Haedo, peón rural de 34 años, tractorista y delegado de la chacra 168, tomó la palabra. “No es plata nuestra pero sí la manejamos. Y si podemos ayudar, pensamos primero en los casos que tienen que ver con la salud, en eso no dudamos”, dijo. Después siguieron las fotos y las sonrisas. Y un beso de Kiara a cada uno.

Más tarde, volvió con sus padres a su casa y se fue un rato con ellos a la placita, que a los vecinos les gustaría ver más limpia y sin desborde de cloacas. Los perros corrían y los chicos jugaban a la pelota, mientras Kiara iba a las hamacas y el sol hacía brillar el mural que pintaron los pibes del barrio, ese que dice que un mundo mejor es posible.

“Al principio pensamos que era un curro...”

Germán “Memo” Haedo es el delegado de la chacra 168 de Cuatro Galpones en el Comité donde se discuten los casos presentados para recibir ayuda.

300 trabajadores de la fruta unidos por el corazón de Kiara
El delegado Germán “Memo” Haedo. Foto: Emiliana Cantera

“En el 2013, cuando llegó la primera plata de Fair for Life, no entendíamos qué era, si al principio pensamos que era un curro... Y entonces la gente del galpón votó por comprar más de 100 zapatos para la gente de la chacra, que somos nosotros. Empezamos a entender lo que era esto, tener plata a disposición para ayudar a la gente. De ahí en adelante cada chacra y el empaque lleva sus proyectos y hacemos reuniones con los otros delegados para evaluarlos, siempre tratando de abarcar la mayor cantidad. Se rinde hasta el último centavo, todo con facturas. Viene un auditor de Fair for Life y se fija en los gastos y cómo nos tratan en la chacra...”.

Roca