Espejitos de colores
Hace cosa de un año y medio muchos educadores se mostraron conmocionados por la noticia de un conocido periodista científico argentino de que el país podría involucrarse en el proyecto de facilitar a cada chico pobre del mundo una computadora laptop, al precio de 100 dólares, que elaboraba el gurú informático del MIT Nicholas Negroponte. Refirió que tanto el ministro de Educación como el propio presidente habían sido contactados vía mail por él mismo y ellos, advertidos de la necesidad de no perder un tren al que ya se habían subido varios países (China, que los fabricaría por millones, Brasil, India, Egipto, Nigeria y Tailandia), dieron ipso facto la indicación de incorporar a la Argentina.
Vino Negroponte a fines del 2005 y principios del 2006 y explicó ampliamente su proyecto OLPC (One Laptop per Child, «Una computadora por chico») según tres objetivos básicos: «global, sin fines de lucro y que llegue a formar parte de la vida de los chicos, como lápices». Robustas, capaces de acceso inalámbrico a internet, estas computadoras económicas podían darse a sí mismas electricidad a manivela o a pedal donde no hubiese corriente eléctrica. Destinadas especialmente a niños africanos, asiáticos y sudamericanos, costarían 98,5 dólares abonados por los gobiernos y donados a los chicos. Los programas funcionarían con software libre. La filosofía del mecenazgo residía en el reconocimiento de la importancia de la educación para el desarrollo humano y la necesidad de elevarla en zonas del mundo subdesarrollado de todo el planeta(1). «La Nación» tituló: «El país comprará un millón de computadoras a cien dólares cada una. Será uno de los pioneros del programa». En conferencia de prensa, el ministro de Educación, anunciando la conformación de comisiones ad hoc para empezar en el 2007, se refirió a la oportunidad que se le brindaba al país de «reducir la brecha digital» y mejorar la calidad de la enseñanza. Educ.ar, una organización que nació en tiempos de Varsavsky-De la Rúa junior y que depende del Ministerio, conformaría el núcleo técnico de los análisis. Pero los meses transcurridos desde entonces mostraron, según la lectura de «blogs» de internautas argentinos que proliferaron en la red, una cantidad de observaciones, algunas favorables y muchas críticas, y ciertas dudas (en particular sobre la oferta de software libre) en relación al proyecto presentado por Negroponte. A esas dudas dan alguna respuesta los datos del subtítulo siguiente.
Novedades sobre el proyecto
En su portal de internet y con fecha 2 de mayo leemos una nota de Educ.ar que da noticias frescas sobre la marcha del proyecto emanadas de la propia sede en Boston. Informa que hubo hace días allí una reunión de analistas financieros y periodistas y allí «salieron a la luz los elementos más recónditos, las estrategias más recientes y se plantearon dudas de todo tipo acerca de la viabilidad del proyecto, sus intenciones (ocultas o no) y su posicionamiento frente a las estrategias de mercado y el desarrollo de la innovación en la difícil intersección entre escuela e industria». Dice que hubo controversias y que «allí explotó un ramillete de hechos significativos». Menciona a continuación cuatro noticias y cambios en el rumbo del proyecto.
» El precio de la OLPC es ahora de 175 dólares y podrá variar según el volumen del pedido.
» El inicio estaría dado por 3 millones de unidades en vez de los 5-7 previstos originalmente, reduciéndose a 250.000 unidades por país.
» «No sólo la OLPC correría Windows, sino que la ideología alguna vez totalitaria de Negroponte en cuanto a exigir que sus máquinas vinieran de origen con Sugar/Linux estaría migrando hacia una estrategia mixta».
El comentario de cierre de esta nota de Educ.ar se titula «¿Una comunidad traicionada?» y dice que las primeras reacciones frente a trascendidos filtrados han sido «de todo tipo: irónicas, cínicas, críticas, bienintencionadas». Mientras que algunos insisten en que la elevación del precio muestra ignotas intenciones y ratificaría la venta de espejitos de colores, hay otros interlocutores mucho más molestos aún que se sienten directamente traicionados por el cambio de estrategia de Negroponte. Apunta que éstos son los de la comunidad del «software libre», que ven en la alianza con Microsoft un abandono de los supuestos básicos del proyecto y, finalmente, la configuración de un caballo de Troya de la industria dominante. Pero se esmera en insistir (porque de ese lado vienen las mayores críticas) en que si bien el proyecto está en un «estado de turbulencia y efervescencia sin igual» y todas las alternativas están abiertas, Educ.ar mantiene que, con lo valiosas que son sus alternativas, «OLPC no es una campaña de promoción de software libre».
Así parecen estar las cosas con respecto al programa «Una laptop por chico». Hay versiones de otras fuentes que las complican todavía más y hacen difícil entender esta calesita de mecenazgos o negocios informáticos, públicos y privados, en el que no abundan los ingenuos. Se sabe que los dos más grandes países al principio señalados como adherentes al programa la India y China se han retirado y adoptarán soluciones propias como la de fabricar ellos mismos sus computadoras. Trasciende que el Brasil adopta una posición de espera. Aunque se dice que el gobierno argentino tomará decisiones sobre la compra de un millón de computadoras antes del próximo mes de julio, se comenta que el ministro Filmus le dejará el paquete a su sucesor después de las elecciones, gane o pierda, porque le quema. Se sabe que aparecieron(2) grandes empresas interesadas en entrar en el negocio o reemplazarlo con uno asociado o propio. Intel, la empresa gigante, habría donado 500 laptops de su marca (precio indicativo 400 dólares), para ser experimentadas en escuelas del país junto con otras tantas provistas por Negroponte con la suya. Desde Educ.ar que auspicia entusiastamente lo que llama «saltar la brecha digital» su gerente explicó que «se analizarán las relaciones entre el soporte tecnológico que proponen las dos computadoras y los modelos pedagógicos que permiten desarrollar».
Tecnología y dólares, ¿cuánto de educación?
Lo que hemos reseñado limitados por una información desordenada y confusa no alienta a ilusionarnos con que disponemos en el país de un exceso de ideas y talentos para clarificar las cosas desde el ángulo pertinente que es, más que el de la tecnología, el de la educación. Pero en este asunto la formación pedagógica de nuestros profesionales es insatisfactoria (creo que el de la filosofía de la educación y la pedagogía es nuestro peor déficit oculto) y los muy pocos que saben callan. Hay, además, un ruido exagerado en cuanto a que todos los problemas sociales sean de la pobreza, del trabajo, de la salud, de la vivienda, de la ecología son sanables con una pócima milagrosa que se llama educación. Cuentan, por otro lado, factores como la prepotencia, la maña y los «lobbies» de los poderosos del mundo frente a la debilidad técnica y a veces hasta moral de algunas burocracias domésticas. Y, siendo así, me parece que lo que más conviene ante estos proyectos gargantuescos de computadoras a millones (que personalmente considero utópicos y desmesurados) es aplicarle una dosis de reflexión, de paciencia y sobre todo de sentido común.
Hay incluso para reflexionar pruebas de retroceso en la euforia informática escolar. Refiere el «Corriere della Sera» del 15 de mayo que el Departamento de Educación norteamericano concluyó un amplio estudio comparativo que demostró que no existe diferencia en el rendimiento escolar en matemática y escritura entre las escuelas donde los estudiantes llevan a clase una laptop y las que no lo permiten. Entre los primeros abundan problemas como la utilización de la computadora para juegos, mensajes y exploración de pornos en detrimento de la atención en clase. Un párrafo de la crónica refiere: «En el estado de Nueva York, el vasto distrito escolar de Liverpool ha decidido disminuir progresivamente los fondos destinados a la informática individual en las escuelas y volver al pizarrón, el cuaderno y el lápiz o a un único computador de pantalla grande en la clase».
Haber escrito esta referencia me trajo un recuerdo. Una vez le pregunté a Manuel Sadosky: «¿El teclado o el lápiz para que los niños aprendan a escribir?». Y aquel gran maestro, el mismo que introdujo la informática en la universidad argentina, me respondió como sabía. Que los que hablan de un «atajo informático» piensan con superficialidad problemas que son serios. Suponer dijo que la computadora es lo indicado para que los niños normales reemplacen el lápiz y el papel con la máquina es un error pedagógico enorme, hasta filosófico. Eso es parte de lo que alguien ha llamado «fundamentalismo digital». Este dice que los niños tienen más facilidad para escribir con el teclado que con el lápiz o la lapicera. Es falso. Y apuntó, en encomio de ese adminículo servicial, que el lápiz, prolongación de la mano, no requiere electricidad y es ecológico, es amigo de la pausa y de la reflexión y hasta, según dijo alguien, un sismógrafo de las emociones.
(1) Una anécdota al respecto. En el Foro Económico de Davos, en el que se reúnen los poderosos del mundo, Nadine Gordimer, la sudafricana Nobel de Literatura, escuchó a la actriz Sharon Stone que, conmovida por lo que oía sobre la malaria en Africa, ofrecía 10.000 dólares en mosquiteros. Le comentó Nadine: «¡Si supieras cómo vive esa gente! No tienen siquiera camas para colocárselos. Duermen en el suelo, ¿dónde quieres colgarles tus mosquiteros?».
(2) Cita de David Landes: «Hay un axioma en economía que se relaciona con la ley física de conservación de la masa y la energía. Establece que no hay algo así como un almuerzo gratis. Todo cuesta. Hay también una ley en economía que deriva de ese axioma, esto es: que cada situación lleva consigo la semilla de su propia reversión. Esta es la ley de Némesis: nada bueno dura indefinidamente, porque otros querrán compartirlo».
HECTOR CIAPUSCIO (*)
Especial para «Río Negro»
(*) Doctor en Filosofía
Hace cosa de un año y medio muchos educadores se mostraron conmocionados por la noticia de un conocido periodista científico argentino de que el país podría involucrarse en el proyecto de facilitar a cada chico pobre del mundo una computadora laptop, al precio de 100 dólares, que elaboraba el gurú informático del MIT Nicholas Negroponte. Refirió que tanto el ministro de Educación como el propio presidente habían sido contactados vía mail por él mismo y ellos, advertidos de la necesidad de no perder un tren al que ya se habían subido varios países (China, que los fabricaría por millones, Brasil, India, Egipto, Nigeria y Tailandia), dieron ipso facto la indicación de incorporar a la Argentina.
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