Esperanto, la oportunidad del idioma universal

Para algunos fue algo más que una utopía. Dos de sus cultores cuentan su pasión por esa lengua.

NEUQUEN (AN).- Amantes, enamorados que alimentan con gruesos leños una pasión altruista y un deslumbramiento como la primera vez por el esperanto, Silvia Rottenberg y Rodolfo Calógero, contagian el interés por la lengua universal.

Bonveno significa bienvenido. Bonveno pues al esperanto. En orígenes se lo soñó como una segunda lengua para cada hablante. Después, el mundo se encargó de que todavía esté en el camino de la utopía, pero vivificada por gente como Silvia y Rodolfo. La dama es presidenta de la Liga Argentina con asiento en Buenos Aires, que nuclea a todas las organizaciones del país. Estuvo de visita en la región. Rodolfo, el barbado rosarino que eligió Neuquén para asumirse como local, es delegado de la Organización Mundial de Esperanto por Argentina y a la vez profesor del idioma, en la biblioteca Alberdi de esta capital. Su padre, un inmigrante, ya a finales de siglo lo hablaba.

Tienen una agenda mundial, desde profesiones y oficios hasta la más sutil e inimaginable actividad, hobby o entretenimiento. En cada lugar, por más remoto y desconocido -dijeron- existe algún esperantista amigo. Esa ciclópea empresa de un creador en el medio de la guerra y las persecuciones raciales, que soñó el siglo pasado con fundar un idioma universal que superara barreras de todo género y color, muy lentamente va sumando devotos por doquier.

El polaco Ludwig Lejzer Zamenhof (1859-1917), a los doce años inició el proyecto de crear un idioma universal, pero recién en 1887 lanzó por primera vez un libro con su invento mayúsculo.

La idea era que cada pueblo tuviera su idioma y como segunda lengua se enseñara y hablara el esperanto. De manera tal que, cualquiera pudiera dar la vuelta al globo, en un buen entendimiento. En este punto -la globalización de la comprensión entre las razas- posiblemente ha dado origen al meollo y las trabas (léase indiferencia o desidia de los gobiernos) para que no prospere su enseñanza desde la más tierna edad.

En nuestro país, como explicó Rottenberg, se está gestionando su inclusión en la curricula desde la primaria, a partir de un interés mostrado por el gobierno nacional, para que empresas privadas apoyen iniciativas que se gestan desde las direcciones de establecimientos escolares. Algunos países llevan cierta delantera, como Brasil que se lo cultiva en universidades privadas y en Hungría y Polonia.

De cualquier forma, por lo que comentaron, es el idioma más fácil. Las primeras herramientas, se pueden adquirir en veinte lecciones, algo así como cuarenta horas cátedra. Es lo mínimo con lo cuál, por ejemplo Silvia en 1980, participó de un congreso internacional que se realizó en Brasil y habló con casi «todos los que me pude contactar durante apenas una semana». Lo maravilloso del esperanto es que «podemos comunicarnos tanto con un chino como con un hindú, irlandés o griego».

Si un idioma determinado, abre las puertas a un país, señaló, pues el esperanto abre el mundo a quien aprende a hablarlo.

En el caso de la difusión y aprendizaje para Neuquén, en la biblioteca se reciben alumnos desde los seis a noventa años. Silvia y Rodolfo, dejaron direcciones, teléfonos y sitos en Internet para bucear en más novedades sobre esta idealista empresa que después de 103 años quiere desprenderse de pañales y erigirse como un robusto adulto en el entendimiento de los hombres.

Calógero recibe consultas en el teléfono 4432468, mientras que otro esperantista local Rubén Sánchez tiene un correo electrónico: esperanto@neunet.ar y también se puede obtener información en www.geosities.com/sue_hess.


NEUQUEN (AN).- Amantes, enamorados que alimentan con gruesos leños una pasión altruista y un deslumbramiento como la primera vez por el esperanto, Silvia Rottenberg y Rodolfo Calógero, contagian el interés por la lengua universal.

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