Las pantallas antes de los dos años pueden afectar al habla
Las pantallas ofrecen contenido pasivo, donde no hay intercambio, y su uso excesivo puede sustituir los momentos de interacción con otras personas. Qué dicen los especialistas.
La exposición temprana a las pantallas es algo que se debate cada vez más y se la señala como perjudicial para el desarrollo infantil. Uno de los posibles impactos son los retrasos en el habla, especialmente antes de los dos años, cuando el niño está desarrollando sus habilidades comunicativas.
La Sociedad Argentina de Pediatría desaconseja la exposición a todo tipo de pantallas antes de los dos años, debido al estado de inmadurez del sistema nervioso central y del aparato psíquico. Y hasta los 5 años recomienda un máximo de entre media y una hora de pantallas por día, y acompañados por un adulto, que pueda decodificar los estímulos y seleccionar los contenidos.
Sin embargo, la realidad que se observa en gran parte de la población es exactamente lo contrario. Según la pediatra Sulene Pirana, incluso cuando el contenido es educativo, tiende a ser un camino de sentido único. Es decir, el niño recibe estímulos visuales y sonoros, pero nadie espera su respuesta.
Otro punto importante es que mantener el televisor y el celular encendidos en la misma habitación que el niño, incluso si no está viendo el contenido directamente, también es perjudicial porque tiende a reducir la cantidad y la calidad de las palabras que el adulto le dirige. «Esto sucede porque, naturalmente, la atención del adulto también se dispersa cuando hay una pantalla cerca, y la espontaneidad de la conversación disminuye», explica.
Por eso, la recomendación es que no usen pantallas de ningún tipo antes de los años, con una excepción: las videollamadas con miembros de la familia, porque en ese caso sí hay interacción.
Cuanto antes se identifique una dificultad en el habla, mejor, porque se puede ofrecer el apoyo adecuado. Esto marca la diferencia en el desarrollo a largo plazo, ya que el cerebro del niño tiene una extraordinaria capacidad de adaptación y aprendizaje, señala Pirana.
La pediatra recomienda consultar un profesional cuando:
Alrededor del año de edad, el bebé casi no balbucea, no reacciona a sonidos familiares ni atiende cuando se le llama;
A los 18 meses no pronuncia ninguna palabra con significado claro;
Alrededor de los 2 años, el niño aún tiene un vocabulario muy limitado, dice pocas palabras y no intenta formar oraciones con dos palabras juntas;
A los 3 años, las personas ajenas a la familia prácticamente no entienden lo que dice el niño;
A cualquier edad, el niño pierde la capacidad del habla que tenía antes.
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