¿Podar plantas en verano? Que especies son las recomendadas en el punto máximo de calor

Una duda frecuente en los meses de más calor es si conviene podar el jardín. Qué plantas se pueden cortar en verano, cuáles solo necesitan limpieza y qué especies agradecen la poda para volver a florecer con fuerza.

Cuando el verano entra en su etapa más intensa y las temperaturas se sostienen durante varios días, el jardín cambia de ritmo. Algunas plantas frenan su crecimiento, otras ya dieron todo lo que tenían para ofrecer y también están las que, con una poda a tiempo, pueden volver a florecer con fuerza. En ese contexto aparece una de las dudas más comunes: ¿conviene podar en pleno calor o es mejor esperar?

La respuesta no es única ni automática. No todas las plantas reaccionan igual a la poda estival, y cortar sin criterio puede afectar la floración futura. Para evitar errores, una forma práctica de ordenar decisiones es agrupar las herbáceas según su comportamiento de floración. Ese criterio permite intervenir solo donde vale la pena y respetar los tiempos naturales del resto del jardín.


Plantas que florecen una sola vez en primavera


Fotos gentileza.-

Este primer grupo está integrado por especies que concentran toda su floración en primavera y no vuelven a florecer hasta el año siguiente. En estos casos, el verano no es momento de podas fuertes, sino de limpieza.

Las anuales de ciclo corto que ya cumplieron su función pueden retirarse del cantero, reservando semillas para la próxima temporada. En el caso de los bulbos primaverales, lo indicado es eliminar únicamente el follaje amarillento, siempre al ras, una vez que terminó de secarse.

Entre las herbáceas perennes que entran en esta categoría —como iris, agapantos, phlomis, eryngium, sisyrinchium, clematis, penstemon, rosas antiguas o stachys— la recomendación es clara: retirar solo los tallos florales secos, sin tocar el resto de la planta. Es una poda suave, pensada para ordenar y cerrar el ciclo, no para estimular un nuevo brote.


Las que agradecen la poda en pleno verano


Hay plantas que reflorecen varias veces a lo largo de la temporada y que, lejos de sufrir una poda en verano, la necesitan para volver a activarse. En estos casos, el calor no es un obstáculo si la intervención se hace correctamente.

Aquí entran muchas de las especies más vistosas del jardín estival: echináceas, salvias de distintos tipos, rosas modernas, nepetas, dalias, calamintas, geranios, rudbeckias, achilleas, gauras, escabiosas, erigerones, agastaches, lantanas, perovskias y anuales como zinias o cosmos.

La clave está en reducir entre un tercio y la mitad de la planta, según su vigor, y hacerlo de manera escalonada. De ese modo, siempre quedan flores disponibles para polinizadores y el jardín mantiene interés visual sin quedar completamente pelado.


Plantas con doble floración: primavera y otoño


Un tercer grupo lo forman aquellas especies que ofrecen una primera floración moderada en primavera y una segunda, mucho más abundante, hacia fines del verano y el otoño. Para lograr ese segundo momento de esplendor, la poda es casi imprescindible.

En estos casos se recomienda cortar al menos la mitad de la planta una vez finalizada la floración primaveral. Esa intervención estimula la ramificación desde la base y multiplica la cantidad de flores más adelante.

Entre las especies que responden muy bien a este manejo se encuentran los asters, algunas salvias de día corto, sedums, persicarias y teucrium hircanicum. El momento ideal para esta poda es entre fines de diciembre y enero; hacerlo más tarde puede comprometer la floración otoñal.


El cuidado posterior: tan importante como el corte


Una poda en verano no termina cuando se guarda la tijera. La recuperación de la planta depende de tres factores clave: riego regular, protección del suelo y nutrición adecuada.

Mantener un riego constante, aplicar mulch para conservar la humedad y bajar la temperatura del suelo, y sumar fertilizantes orgánicos ayuda a que la planta rebrote rápido y aproveche al máximo el resto de la temporada. Sin estos cuidados, incluso una poda bien hecha puede quedar desaprovechada.

También es importante entender que hay especies que simplemente no necesitan intervención en esta época. Forzar una poda innecesaria puede retrasar su desarrollo natural y afectar su equilibrio.


Más que una receta rígida, la poda de verano es un ejercicio de observación. Saber qué plantas están cerrando un ciclo, cuáles necesitan un empujón y cuáles conviene dejar en paz permite diseñar un jardín más equilibrado, con flores, movimiento y vida durante mucho más tiempo.


Cuando el verano entra en su etapa más intensa y las temperaturas se sostienen durante varios días, el jardín cambia de ritmo. Algunas plantas frenan su crecimiento, otras ya dieron todo lo que tenían para ofrecer y también están las que, con una poda a tiempo, pueden volver a florecer con fuerza. En ese contexto aparece una de las dudas más comunes: ¿conviene podar en pleno calor o es mejor esperar?

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