“Estoy en pedacitos de cada canción”

El excepcional bajista y cantante uruguayo Daniel Maza visitará nuevamente General Roca y dará una clínica y un recital en el pub de Villegas y España. Presentará temas de su próximo disco "¡Vamo', arriba!" y de "Música destilada", con Osvaldo Fattoruso en batería y los teclados de Abel Rogantini. Un festival de candombe, bossa nova, funk y boleros, con toques de jazz, en el que Gustavo Giannini Quinteto será grupo soporte.



Nacido en Montevideo en 1959, a comienzos de los '80 Daniel Maza se radicó en la Argentina y desde entonces tocó con Valeria Lynch, Sandra Mihanovich, Horacio Fontova, Mono Fontana, Chango Spaciuk, Rubén Rada y Luis Salinas, entre otros. Realizó jam sessions con Ray Barreto, Simon Philips, Djavan, Ed Mota, Jeff Andrews y Richie Morales. Acompañó en gira a Willie Chirino, Hugo Fattoruso y a los cubanos Tataguines y Changuito. Con los Auténticos Decadentes hizo un largo tour por México, Centroamérica y más de 20 ciudades norteamericanas; y Celia Cruz lo convocó para sus recitales en Sudamérica, Europa, EE.UU. y nuestro interior.

Maza grabó la música de la película “El Polaquito”, nominada a los Premios “Clarín”; Hugo y Osvaldo Fattoruso lo invitaron a giras y recitales; y durante julio del 2004 tocó con Toninho Horta y los Fattoruso, en el ND Ateneo y varias provincias. Sus horas de actividad se reparten entre clases particulares, ensayos en trío, la mudanza a su nueva vivienda…

“Dentro de todo ese lío, a la hora de la música, sólo ella cuenta. Recién vengo (cinco de la tarde, día lloviznoso) de dar clases en Berckley (filial de la escuela estadounidense, en Bartolomé Mitre y Talcahuano, centro-centro de Buenos Aires). Tengo unos alumnos muy copados, adelantados; rinden un buen examen de admisión para entrar… Les doy la materia Performance, estudian cómo tocar en realidad. Trabajo con bajistas y bateristas. Ahora estamos con música del Brasil, después vamos a hacer candombe y luego ritmos más salseros, todo mezclado con fusión”.

– ¿Trabajan sobre una pista con los demás instrumentos?

– No, yo uso mi bajo o una guitarra de la escuela, llevo las partes escritas y veo cómo las tocan. Ahí corrijo, los voy llevando, los hago improvisar porque cuando toquen, van a tener que hacerlo. Los consulto sobre el concepto que usan en cada tema, los hago ver que tocan muy fuerte y no se escuchan entre sí. No importa lo que pase hacia fuera, si no escuchan deben bajar su volumen y oír al otro.

– ¿Cómo manejás los compromisos cotidianos cuando estás lejos de casa?

– Toda la vida he hecho lo mismo. Pero ahora, con Internet, llego a una ciudad y enseguida escribo y me pongo al tanto de todo. Si ha sucedido algo muy grave y hace falta, me vuelvo. He tocado a los dos días de haber muerto mi papá (en 1976), por ejemplo.

– ¿Cómo salir de ese dolor para entrar en la música, gozar, y que el público lo haga también?

– En ese momento, puse toda la bronca que sentís -aparte del dolor- cuando alguien querido se muere, porque no está más… Todas esas emociones se vuelcan y yo lo hice. Por suerte, resultó que toqué por encima de mi nivel, bajo un ataque de inspiración, ¿no? Fue una noche única. Tenía 17 años…

– Y también tocaste en medio de una alegría enorme.

– Cuando el nacimiento de mis hijos. Tengo cuatro varones. Son momentos de mucha felicidad y de goce total, mezclado con algo de tristeza. Me ha sucedido estando de gira y me perdí estar en el parto, disfrutar esa sensación indescriptible. (Sebastián de 25 es el mayor de su prole, lo sigue Esteban (22), Ignacio (20) y Mateo de ocho meses).

Soy como un padre-abuelo (ríe a todo lo ancho de su ancha boca). Cuando nacieron los tres mayores yo era muy joven, prácticamente nos criamos juntos con la mamá. Seba llegó cuando yo tenía 18 años. En ese tiempo, mi preocupación era conseguir el mango, recién estábamos arrancando una vida con todo lo que implica, casa, comida, pañales y no se qué… Vivía con la cabeza siempre en eso. Y no disfruté cosas que ahora, siendo grande y con un bebé de ocho meses, me vuelven loco. Cuidado que también gozo muchísimo de tener mi edad con hijos grandes. Pinta ir a tomar algo por ahí y vamos. Nos juntamos a comer un asado, vienen a casa, conversamos nos juntamos y me cuentan sus cosas.

– ¿Compusiste para ellos?

– Sí, más que nada sobre cómo son y a la relación que me representan. En “Música destilada” están “La plena p'al Seba”, “La balada de Ignacio” y “El loco fun” para Esteban. Los ritmos que elegí se relacionan con sus temperamentos. Ignacio es una balada, tranquilo, callado, escondedor; a Esteban le digo loco y su tema es todo con slap (cuando el bajo se toca percutiéndolo con el pulgar), con muchos arreglos y cortes; y a Seba, que le gusta mucho la música de las sonoras y las orquestas uruguayas, le compuse una plena. Tengo un candombe muy lento para mi viejo; lo perdí muy joven y si bien lo recuerdo en situaciones alegres, siempre me representa tristeza, no tenerlo. Lo perdí cuando más lo necesitaba…

– ¿Y a tu mujer?

– Le compuse “El piojo”, es un samba. Ella canta y le encanta la música brasileña; es muy ¡Up!, siempre está haciendo algo, va para acá, para allá, y me salió un samba rápido.

– ¿Apareció ya el tema para…?

– Mateo… Por supuesto. Es una murga melancólica con algo de alegría. Mateo me da melancolía, es un niño que todo el tiempo está riéndose; se despierta riendo y eso me inspira ternura, me da por pensar qué belleza, qué lindo. Me desarma el botija.

Después tuve el planteo de mi mamá porque en el anterior disco había temas para todos, menos para ella. Y salió un candombe en tono menor (Daniel agrava su voz). La vieja es pesada, severa. Recuerdo, cuando chico, que rompía un pantalón y me pegaba con una vara; yo le tenía terror. Ese candombe estará en el disco que comenzaremos a grabar en las próximas semanas.

– ¿Y para vos?

– No… Yo me veo en todos los temas. Me salen, los grabo en un minidisc con bajo o guitarra, tarareando la melodía, y los dejo. Más adelante vuelvo a escucharlos y si no me conmueven, los abandono. Los que grabo, me producen emociones; cuando toco el tema a mi viejo, me lo recuerda. Estoy en pedacitos de cada canción. Con obras ajenas, la conexión es visceral y pienso también cómo me hubiera agradado componerlas. Me hubiera gustado componer muchos temas de Antonio Carlos Jobim, pero, para eso estuvo él, (ríe); su vuelo armónico es insuperable…

Eduardo Rouillet


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