Estudian cómo controlar especies invasoras para prevenir incendios en Patagonia

Hicieron un experimento en Bariloche con las especies vegetales rosa mosqueta y la retama.

El impacto negativo por las grandes superficies invadidas por pinos en la Patagonia volvió a escena tras el incendio que arrasó más de 500 viviendas en la Comarca Andina el 9 de marzo pasado. Esas especies vegetales no solo disminuyen la biodiversidad de los ecosistemas y cambian los ciclos de los nutrientes sino que favorecen también los incendios forestales en la región. 

Una estrategia que se suele usar para controlar el avance de los pinos es removerlos. Sin embargo, las áreas deforestadas se vuelven susceptibles a que las invadan otras especies exóticas.  De esta forma, arbustos como la rosa mosqueta y la retama conquistan nuevos espacios. Entonces, ¿qué solución es la más conveniente? 

La doctora en ciencias agropecuarias, Agostina Torres, llevó adelante un estudio en colaboración entre la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) y el Conicet. Trató sobre las frecuentes “invasiones secundarias de especies exóticas” en lugares donde se han removido pinos. Encontró que solo removerlos resulta insuficiente ya que puede favorecer una tercera invasión de especies exóticas.

Cuidados. Como resultado del estudio, la doctora Torres sugiere que hay que evaluar el impacto potencial de las remociones de especies exóticas

“La retama y la rosa mosqueta generan problemas pese a que tienen un impacto positivo en el turismo: la retama aparece en la mayoría de las fotos de Bariloche aunque no es de acá y desplaza a las nativas. Mientras que la mosqueta es codiciada para hacer dulces y para productos de cosmética”, destacó Torres, que forma parte del Grupo de Ecología de Invasiones del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA), que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue.

Advirtió que si bien los efectos no están del todo estudiados en la región cordillerana, ambas especies reducen la calidad del hábitat para las especies nativas y compiten por el área disponible para otras actividades como la ganadería y el turismo.

En el caso de la rosa mosqueta, sus espinas impiden que el ganado pueda trasladarse. De todos modos, los animales se comen sus frutos, favorecen su dispersión y desplazan a las especies forrajeras. “En el bosque, la mosqueta desplaza a las especies nativas. Interviene en las redes de dispersión de frutos y compite con los frutos nativos. Por lo tanto, se dan impactos negativos sobre flora y fauna”, aclaró la investigadora a RIO NEGRO.

La retama, por otro lado, produce impactos en el suelo: incrementos de nitrógeno y cambios en la comunidad de microorganismos. También modifica la estructura de las redes de polinización y dispersión de semillas, entre otros efectos. 

Pero además la retama cambia el régimen de fuego ya que es bastante inflamable en comparación con las especies nativas.

El estudio de Torres demandó dos años y tuvo como epicentro a la Isla Victoria, que está ubicada en el lago Nahuel Huapi, en la Patagonia argentina. Allí se delimitaron varias parcelas con cercos. El desafío fue evaluar cómo interactuaban las dos especies invasoras en la zona: la rosa mosqueta y la retama. 

Uno de los ensayos consistió en remover a las dos especies a la vez en dos épocas diferentes del año. Otro de los ensayos consistió en remover una especie y luego, la otra. “En general, la remoción favorece la aparición de otras especies exóticas. Es como una cadena. Pero hay ciertas maneras de remover que podrían reducir las invasiones. Se determinó que el momento del año también puede ser importante. En verano, por ejemplo, el doble de especies exóticas colonizan esas áreas. De modo que no sería el mejor momento”, aclaró.

Al remover la mosqueta, la abundancia de la retama aumentó en un 50%. Al extraer la retama, en cambio, la abundancia de la mosqueta no cambió pero la cobertura de otras especies no-nativas creció un 50%, mientras que la cobertura de especies nativas disminuyó un 45%.

Torres también estudió qué ocurría al remover ambas especies invasoras en distinto orden. “Cuando saqué primero la rosa mosqueta, dos pastos no-nativos incrementaron su cobertura en un 80% y pasaron de ser poco comunes a dominar la comunidad. Incluso, desplazaron especies nativas”, señaló la investigadora. Al remover la retama tres meses antes que la mosqueta, hubo una menor invasión de especies exóticas y un menor impacto sobre las nativas.

“En ningún caso, encontramos que las nativas se favorezcan con las remociones. La solución no es remover todo. Se requiere intervenir un poco más y plantar especies nativas o semillas”, insistió. 

Otro dato contundente que aportó la investigación fue la respuesta generada de las especies, según las distintas épocas del año. Sacar los arbustos en el verano y en el otoño favoreció a múltiples especies no-nativas, al término de dos años. 

“Tras la remoción en verano, 13 especies no-nativas aumentaron su cobertura, elevando al 75% la cobertura de exóticas. Incluso, desplazaron a especies importantes para la conservación como el arrayán. La remoción en otoño tuvo resultados similares aunque más leves”, detalló.

Torres aclaró que la investigación que formó parte de su tesis doctoral se hizo a escala experimental. Ahora, resta entender el mecanismo por el cual estas remociones favorecen a otras exóticas. “Hay que evaluar también los impactos en el suelo tras esas remociones porque puede cambiar la composición de hongos, bacterias y otras comunidades”, dijo.

Como pauta general, la investigadora comentó que si  se busca conservar un ecosistema, es necesario recuperar la vegetación nativa. Sin embargo, muchas veces, las nativas están en poblaciones escasas o se encuentran extintas, y una especie exótica —pero no invasora— puede haber reemplazado su rol ecológico. En estos casos, eliminar la exótica significaría perder funciones en el ecosistema.


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