Fenomenología del zombie

Por Redacción

De los zombies se ignoran demasiadas cosas. Los intentos por estudiarlos hasta ahora han sido precarios y no muy sustanciosos. De manera que lo que se sabe de ellos es antes que nada lo que se intuye o se palpa. También lo que uno podría imaginarse al ver a un tipo de carnes podridas y ojos desorbitados avanzando famélico hacia una persona que acaba de salir del trabajo sin entender qué cuernos pasó en el planeta mientras él estaba en la oficina. Los héroes de las más salvajes batallas del cine-zombie no dejaron jamás espacio a la duda. Los zombies estaban irremediablemente muertos pero había que matarlos todavía un poco más. Una situación parecida ocurre con los vampiros y, si le creemos a Anne Rice (“Entrevista con el vampiro”), el verdadero origen de ellos constituye otra incógnita. Se presupone que no son capaces de una devolución terapéutica. Un zombie no se recostará en un sillón para explicar por sí mismo por qué motivos está tan necesitado del cerebro del otro. La hipótesis más arraigada es que los zombies son organismos que han dejado atrás su humanidad puesto que un virus creado en un laboratorio disparó esta epidemia que les quita su alma y su psiquis. Por fuera de la pantalla, desde los espacios en que los filmes son analizados, hay quienes entendieron que el zombie representa una metáfora de la polarización de las clases sociales. Un recurso cinematográfico que permite subrayar la enorme brecha que divide a los distintos estratos económicos. El poder ignorando hasta cierto punto la proporción y el teorema que implica la pobreza de millones de personas en el mundo. Que la figura del zombie permanezca en este limbo de ignorancia en el marco del universo de los guiones, apenas cubierto por los escandalosos despliegues militares que pretenden acabarlos, no es casualidad. El zombie viste harapos, su hambre es permanentemente y su enfermedad no tiene cura. Cualquier semejanza con la realidad no es un truco barato. Aunque últimamente los zombies han comenzado a mostrar peligrosos signos de evolución. En “Land of the dead” de George A. Romero queda bastante claro que los zombies están dispuestos a organizar su propia comunidad lejos o lo más lejos posible de los agresivos humanos. La ironía subyace en varias de estas producciones. La sociedad asiste a la evolución de una epidemia que ha sido diseñada en sus laboratorios secretos. En su filme “Cazador de hombres” (The Vanguard), Matthew Hope describe una sociedad que se ha quedado sin petróleo. De hecho, el protagonista de la historia anda en una cómica bicicleta estilo Harley Davidson. Los gobiernos centrales, o lo que queda del antiguo sistema, deciden hacer descender radicalmente a la población y crean una droga que termina transformando a las personas en animales desesperados llamados “byosins”. De entre esta suerte de locos hambrientos de sangre ajena se levanta un hombre inmune a sus mordidas. Max, el redentor. Una de las últimas escenas de la película lo muestra a él, rodeado de zombies, esperando por un gesto suyo. Si la incomprensión hacia la figura fantástica del zombie imita la incomprensión que abunda entre diferentes culturas de la sociedad puede inferirse que tanto para el cine como para la realidad no hay dialécticas en el horizonte. Sólo palos y bombazos. No debemos olvidar que para los zombies, los zombies son los otros.

Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar


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