Fernando Peña: humano, demasiado humano
El actor presentó el fin de semana, en Neuquén, su obra "Sit down tragedy". Monólogos y personajes que desnudaron las miserias del hombre.
NEUQUÉN (AN).- Fernando Peña estuvo el fin de semana en Neuquén y lo que en realidad hizo fue situar sobre el escenario un «laboratorio experimental», donde el público fue su colección de conejitos de india.
El viernes y sábado presentó su última obra «Sit down tragedy». Una serie de monólogos buscó demostrar hasta dónde puede soportar el ser humano sus propias miserias, y ese mandato social e interno a la vez, que lo obliga a no reconocerlas como propias. El hombre se acomoda tranquilo en esa otredad para poder reírse de las más inmundas miserias «porque le pasan al otro».
Durante las tres horas que duró el show, se vio un Peña directo, sarcástico casi todo el tiempo y brutalmente sincero. Si el filósofo Frederich Niesztche lo hubiera conocido diría de él «humano, demasiado humano».
Transcurrieron personajes variados, cada uno cargando sus propias miserias. Un gay militar, una secretaría ejecutiva travesti, cuyo mayor desafío era contener sus esfínteres, una mujer hastiada de su familia, un hombre y la culpa de no haber hablado a tiempo, un hemipléjico traicionado.
Historias que se sucedían irreverentemente, el acto de parir, el buscar motivos para ser fuera de uno mismo, la soledad de los cobardes, en síntesis, las miserias cotidianas de cualquiera.
Peña recurrió a todos los recursos para lograr que sus «conejitos de india» reaccionaran. Insultó, era obvio que lo haría, planteó momentos escénicos monótonos y hasta tediosos, se desnudó por completo y hasta se masturbó en escena, nada pornográfico pero el acto estaba ahí mismo. Y el público se reía, «paren de reírse», pedía el actor, pero la gente se reía porque era el otro el que se veía reflejado en esa «sit down tragedy». «Tengan cuidado, porque en algún momento el otro van a ser ustedes», reclamó Fernando y el público seguía riendo. La risa también como una miseria humana, manejada a su antojo por el artista uruguayo.
Un gran transgresor
Se dice que Peña es el actor más polémico, que es
provocador sin límites y transgresor. Está claro que transgredir es violar una norma social, una ley, precepto y estatuto. Ajustados a esta definición, sí, Fernando Peña es un transgresor.
Si la sociedad impone reprimir las miserias humanas. Si se es un miserable en cualquiera de sus formas, es mejor guardarlo en el ropero.
Hay que mostrarse «perfecto» y las miserias siempre deben ser de los otros. Peña transgrede esta norma social, él decidió mostrarse como es, un hombre que carga sus miserias y por eso es miserable. Pero es un miserable que se asume como tal y se hace cargo de serlo. Y como buen miserable hace uso de su derecho de decir lo que piensa, cuando quiere y de la manera que se le antoje. En el teatro y en la vida.
Con «sit down tragedy» Fernando Peña persigue ese objetivo. «Y si no les gusta pueden irse cuando quieran. Váyanse», repetía hasta el cansancio Peña, pero el público permaneció inmóvil en las butacas hasta el último momento.
Tal vez porque sabía que Peña siempre guarda algo más para el final de la obra. Pero no hubo más. «Ustedes siempre quieren más, pero nunca van a estar satisfechos porque siempre van a querer algo más», sentenció mientras deambulaba por las butacas, provocando sin parar. El miserable encanto humano.
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