Gobernador Pagano: con ladrillos y piedras
Por Héctor Pérez Morando (Especial para “Río Negro”)
Hay que entrar en los edificios policiales de Valcheta, Comallo, Los Menucos, Mencué, El Bolsón y otras pequeñas localidades y parajes, lo mismo que a centros de salud, escuelas, etc. para admirar sus soberbias construcciones. Entre los años 1933 y 1942 constituyeron obras sobresalientes y únicas en comunidades de entonces. Y hoy perduran, mostrando la bondad de sus materiales y en algunos casos la distribución de ambientes. Desde captar la necesidad hasta los proyectos, adquisición de materiales y vigilancia de las obras, fueron producto de aquel ingeniero civil recibido a los 21 en la universidad porteña y que a los 22, timoneaba una empresa constructora en Bahía Blanca. Desde entonces y hasta su fallecimiento, el inventario es largo e importante.
El ingeniero Adalberto Torcuato Pagano había nacido en la Guardia del Monte (Buenos Aires) el 24 de enero de 1894, hijo de Nicolás y de Angela Bonavita. A partir de 1915 -que marca su inicio profesional- centra su actividad como empresario-constructor en la zona de Bahía Blanca. Entre sus trabajos se destacan edificios para el diario La Nueva Provincia, obras en la Base Naval de Puerto Belgrano, silos, centros societarios, petroleras y con labores afines en Coronel Dorrego, Pigüé, Tandil, Bordenave, Tres Arroyos, etc. Y en la función pública, concejal bahiense y oficial mayor del ministerio de Obras Públicas bonaerense en 1931.
De militancia conservadora, es nombrado gobernador del Territorio del Río Negro el 14 de setiembre de 1932 por el presidente de facto Agustín P. Justo. Entonces, el territorio rionegrino contaba con alrededor de 62.000 habitantes y los ovinos sobresalían en lo ganadero con alrededor de dos millones y medio de cabezas y en el aspecto poblacional andaban en punta, por medios propios, San Antonio Oeste y General Roca, mientras Viedma era el asiento político burocrático en zona de estancias y pequeñas chacras. Las grandes distancias entre centros poblados y la falta de comunicaciones eran el gran problema, junto con la carencia de edificios públicos. Eso y más debió afrontar el gobernador Pagano.
Al igual que en sus tiempos Eugenio Tello, también gobernador territoriano, fue famoso por sus informes anuales al ministerio del Interior. “No se trata de una simple memoria administrativa, sino el reflejo de un estudio completo del territorio, acompañado por gráficos, datos estadísticos y cálculo de probabilidades para soluciones, con censos realizados con personal local. Quedan allí tratadas todas las condiciones y posibilidades en el campo de la ganadería, agricultura, minería, industria, comercio, ferrocarriles, vialidad, comunicaciones, justicia, educación, sanidad, asistencia social. Economía. Finanzas. Municipios y sociedad de Fomento.”
El informe correspondiente a 1933 -que, mencionamos en parte- fue elogiado en la Cámara de Diputados de la Nación: “Es un ejemplo que debiera ser imitado por todos los gobernadores de territorios”, diría el diputado Francisco Uriburu.
Humildemente, a pesar de su título, cargo y antecedentes, anduvo “trotando” por el interior rionegrino para conocer a su gente y sus necesidades. Libretas de apuntes personales fueron la mejor compañía y eficaces secretarias y asesores, todo complementado con cintas métricas y muchas veces nivel, teodolito y mojones. Maestros y policías fueron los mejores informantes geográficos y sociales para justificar edificios públicos y hasta alcantarillas y puentes. Preocupación por la tierra pública y latifundios. Industrialización de madera en cuesta del Ternero y extracción de carbón en Pico Quemado y Ñirihuau, sin olvidar su intervención en el problema del ingenio azucarero (que empleaba remolacha como materia prima) de General Conesa.
Casi una anécdota: en 1933 se embarcan en Puerto Galván 63.000 cajones de peras Williams con destino a Europa. “El primer embarque de fruta de Río Negro”, expresaba una nota de “El Atlántico”, que mostraba en una foto al gobernador Pagano “en mangas de camisa revisando una lingada en la cubierta del ‘Canadian Reefer’” (23/1/1938). Y desde allí envía un telegrama al ministro Cárcano urgiéndole terminar las obras del puerto y la construcción de cámaras frigoríficas. Estaba en todo.
Tuvimos el gusto de conversar con el ingeniero Pagano en varias oportunidades cuando fue convencional constituyente por el Partido Demócrata de Río Negro, elección en la que obtuvo 2.787 votos, frente a la gran mayoría de otras fuerzas políticas (28/7/1957).
Era el único representante por ese partido. Había dejado la Gobernación el 14 de junio de 1943, luego de tres períodos. Varias personas que lo trataron asiduamente en Viedma nos relataron algunos hechos. Por ejemplo, que en su despacho de la Casa de Gobierno tenía un tablero para dibujar donde daba forma a sus proyectos constructivos…
Era muy culto, gran lector y de prodigiosa memoria. Al dejar el cargo fundó una nueva empresa constructora y tuvo la responsabilidad del frustrado Hotel Nacional de Turismo, en Viedma, que se terminara con otro destino, durante el gobierno del Dr. Castello.
El uno de diciembre de 1960, en su chatita Ford T, modelo 1931, se dirigía desde la capital rionegrina a su chacra “Olgadal” a 11 kms., por la antigua ruta nacional Nº 3. De frente venía un camión levantando mucha tierra. Un jeep quiso adelantársele y lo chocó. Primero fue llevado al hospital de Viedma y luego en avión a Buenos Aires. Falleció el uno de enero de 1960, hace cuarenta años. Estaba casado con Olga Gorleri (1921). Tuvieron dos hijas: Iris Ana, fallecida en Alemania y Olga Hebe, que reside en Río Negro. Varias calles y obras escultóricas lo recuerdan. Figura en la Gran Enciclopedia Argentina y en Quién es Quién en la Argentina.
Hay que entrar en los edificios policiales de Valcheta, Comallo, Los Menucos, Mencué, El Bolsón y otras pequeñas localidades y parajes, lo mismo que a centros de salud, escuelas, etc. para admirar sus soberbias construcciones. Entre los años 1933 y 1942 constituyeron obras sobresalientes y únicas en comunidades de entonces. Y hoy perduran, mostrando la bondad de sus materiales y en algunos casos la distribución de ambientes. Desde captar la necesidad hasta los proyectos, adquisición de materiales y vigilancia de las obras, fueron producto de aquel ingeniero civil recibido a los 21 en la universidad porteña y que a los 22, timoneaba una empresa constructora en Bahía Blanca. Desde entonces y hasta su fallecimiento, el inventario es largo e importante.
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