Gonzalo Elvira: la Argentina vista desde afuera
El artista de Plaza Huincul vive en Barcelona. Su muestra "Res" está en el museo Juan Sánchez de Roca.
ROCA(AR)-.»Como señaló John Berger, el 'Buey desollado' de Rembrandt no representa una naturaleza muerta, sino una escena dramática. Aquel cuerpo se expresa en su desnudez desgarrada, en toda su amplitud de tono. Como un grito o una herida abierta. Un mosaico romano del siglo IV representa a un esqueleto que señala con el dedo la inscripción: 'Gnothi seauton' ('Conócete a ti mismo'), como invitando a una espeleología del cuerpo, a una topografía de los afectos. En la cartografía que delinean las marcas de despiece de la res, Gonzalo Elvira inscribe un territorio conocido, carne de su carne, los perfiles del mapa argentino».
Con esta desesperada lucidez, la crítica Rosa Gutiérrez Herranz nos devela la «alegoría argentina» de este particular homenajea a Rembrandt, frecuentemente citado a lo largo de la historia del arte por artistas como Delacroix, Daumier y Soutine.
Gonzalo aclara que la nueva exposición que lo trae a Argentina no es precisamente un homenaje a Rembrant. «Yo tomé como punto de partida su obra «el buey desollado», un buey colgado abierto al medio que también ha sido interpretado por Bacon, Alonso, y otros… es un óleo sobre tabla del año1655, que actualmente está en el Louvre.
Gonzalo Elvira es bien argentino, de Plaza Huincul para ser más exactos. Su expresión, su idioma y sus inquietudes lo siguen ligando aunque sea a la distancia, a las razones de su existencia, a lo motivos que lo llevaron a irse, a la búsqueda de «esa» verdad que casi todo artista persigue. La claridad por manipular de alguna manera el pasado y traerlo en forma de experiencia, trasciende y hace suponer que su compromiso no se detiene.
«La exposición está pensada exclusivamente para Argentina. No tenía intención de mostrarla ni en Barcelona ni en España. Para mi tenía un significado con Argentina. Si
bien trabajé a partir de «el buey desollado» de Rembrant, la serie también tiene que ver con otras cosas, por ejemplo con el momento del corralito. Un día estaba viendo televisión y vi una imagen impactante de un camión con reses que había volcado en Rosario. La gente le había saltado encima y se peleaba por llevárselas. En ese momento me acordé de un dibujo de Alonso, una ilustración de un libro que se llama «La guerra del malón» del comandante Prado, y a partir de ahí pensé que podía hacer algo, supongo que también como una reacción a estar viviendo afuera. Lo ves por tele y se magnifica y te preocupa más. Pero surgió de una motivación central. Quizás estando acá hubiese sido distinto, y por ahí mi manera de participar de ese momento, fue haciendo esta serie».
El artista, que atraviesa su séptimo año viviendo en Barcelona, dispara su mirada y expresa sin dudar, los porqués de su técnica y el proceso creativo.
«Mi idea en principio era trabajarlo diferente a como es el «Buey desollado». En vez de trabajar la res como si estuviera colgada, la trabajé de costado, con los cortes de carnicería que se hacen acá en la Argentina. Son telas que están trabajadas al óleo y después intervenidas con papel de lija, salvo una. En un principio, la idea era que en la puesta queden como cueros colgados, y como la muestra está pensada como muestra itinerante para varios lugares dentro de Argentina, el traslado es más práctico.
La exposición cuenta con 11 obras grandes y 11 obras más pequeñas. En esta serie, los límites entre el dibujo y la pintura determinan un fondo de color generalmente monocromo y a partir de ahí, en vez de poner con el pincel, quito con la lija, como si estuviera dibujando. Es una serie corta, generalmente en una serie trabajo entre uno y dos años hasta que me canso. Igualmente, la forma de trabajar fue rara, porque en simultáneo estuve haciendo otras series que si tenían un hilo conductor. En esta serie no tuve continuidad, la hice durante cinco años, por eso hay cambios temporales dentro del trabajo.
Con 36 años, el pintor no declina, aunque sus motivaciones carnales lo remiten a su país de origen, y mientras sobrevive gracias a un local de comida vegetariana que tiene con amigos, seguirá apostando una y otra vez, como hizo siempre, a vivir de lo que realmente le gusta: la pintura.
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