Hacia una banca regional patagónica
MIGUEL CILIBERTO (*)
Entre otros dictados del Consenso de Washington de la década del 90, la globalización de la actividad financiera ocupó un lugar central. Esto en nuestro país se tradujo en la fusión de entidades que así eran más poderosas y ocuparon un espacio excluyente en nuestra economía. En ese marco, hubo una embestida fuerte para la privatización de los bancos de provincia. Recuérdese que a partir de esa década y hasta el presente la actividad financiera ha sido, de lejos, la más rentable del país y de buena parte del mundo. Fueron seis los bancos de provincia que cayeron en aquella volteada, los de finanzas más comprometidas, los peor administrados; entre ellos, el de la Provincia de Río Negro. El resto, de posición más sólida y con gobernantes más conscientes de la importancia de retener una banca provincial, sobrevivió la década y se proyectó hasta el presente financiando el desarrollo de sus provincias. Por eso es importante dejar sentado que la política de privatización existió, aunque varios años antes –me refiero a la segunda parte de la década del 80– el Banco Provincia de Río Negro, a instancias de administraciones gravosas, se fue deteriorando y comprometiendo su funcionamiento y capacidad prestable. En este tránsito, y a pesar de la resistencia de sectores políticos y productivos, el Banco Provincia pasó –en 1996– a manos privadas, sin dejar de ser el agente financiero de la provincia; esto es, caja obligada para el pago de sueldos, transferencias y coparticipación, lo que lo convirtió en un excelente negocio para quienes lo adquirieron. En el 2006 se realizó la primera renovación de contrato, que prorrogó hasta el 2016 la relación con la Provincia. Al margen de las dudas y sospechas que despertó aquella renovación, lo cierto es que el contrato está vigente y sería necesario tomar hoy –el tiempo no sobra– el tema para que la decisión respecto de la continuidad de la relación no sea apresurada o carente de sustento y análisis. Saludo y comparto las opiniones e iniciativas de los legisladores que propugnan la recreación de la banca provincial y el origen de los recursos para fondear el banco y, a propósito, quiero traer a colación una propuesta que hacia 1991 realicé desde la Legislatura sobre la base de la experiencia que se vivía en ese momento respecto de la situación que arrastraba el Banco Provincia; esto es: ¿cómo proteger la banca provincial de la avidez del gobernante cuando los recursos corrientes son insuficientes, cómo protegerla de una política de créditos incobrables? Para quienes no recuerdan lo ocurrido en aquellos años, el banco fue perdiendo fondos y capacidad de préstamo a raíz de la política de crédito caprichosa que entregaba fondos que no se devolvían, tanto a empresas privadas de amigos como al tesoro provincial. El mecanismo que proponíamos para salvar la discrecionalidad de un gobierno era el de crear una banca regional patagónica, asociando los bancos provinciales sobrevivientes de Chubut, Neuquén y hasta el Banco de la Pampa. Un directorio compuesto por varias provincias elevaba las decisiones a un nivel en el que la discrecionalidad y/o los errores de una administración iban a estar bloqueados. Pero no sólo esto era una ventaja. La composición y el volumen del capital iban a dar una escala superior y una mayor solidez crediticia a la naciente banca regional. Otras ventajas de tipo técnico, que escapan al espacio de esta nota, daban mayor viabilidad a la iniciativa. De más está mencionar que la propuesta sostenida en ese entonces por técnicos e incluso por un grupo de cooperativas, que se interesaron en mantener con vida al Banco Provincia, no fue atendida por el gobierno provincial. La decisión estaba tomada. Había que privatizar, incluso a precio vil, la institución que había proyectado y fomentado la producción frutícola y su industrialización. Años después –en 1996– se quebró definitivamente la herramienta para el desarrollo que constituía nuestro banco para pasar a ser un negocio financiero privado nacional, hasta que hace poco más de un año la mayoría del paquete accionario pasó a manos del banco Itaú, con central en Brasil. Seguramente hoy es el momento –e insisto: no sobra el tiempo– de retomar el camino que lleva a la autonomía en cuanto a financiar las políticas que favorezcan una nueva etapa de desarrollo a la Provincia. Hoy se están generando los fondos de los contratos petroleros, que pueden dar nuevo origen a una institución financiera que, aprovechando la experiencia vivida, reconstruya a un nuevo nivel, regional esta vez, una herramienta que traduzca expresiones políticas de los planes de gobierno en políticas concretas planificadas y financiadas por los Estados patagónicos. Seguramente también la escala y las posibilidades de la planificación regional, o sea que abarque más de un Estado, se verán inducidas y beneficiadas por un organismo técnico como el propuesto. (*) Ingeniero agrónomo, licenciado en Ciencias Políticas y exlegislador rionegrino FpV.