Helmut Kohl cumple 80
Norbert Hoyer y Rosa Aranda
El democristiano Helmut Kohl fue uno de los políticos más polémicos de Alemania, tuvo acérrimos rivales que lo defenestraron y logró acabar con todos los que se le interpusieron en el camino. Pero hoy, cuando cumpla 80 años, se le recordará por haber sido el canciller que logró la reunificación del país el 3 de octubre de 1990. Nacido en Ludwigshafen en el seno de una familia católica y conservadora y marcado para toda su vida por los horrores de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), Kohl tiene en su haber varios récords históricos, entre ellos el de haber sido el canciller alemán con más años en el poder y el dirigente de la CDU por más tiempo. Doctorado en Historia, dirigió el gobierno de Alemania de 1982 a 1998 y la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel entre 1973 y 1998. También preparó como ningún otro político alemán el camino hacia la Unión Europea esforzándose por lograr el mercado común europeo con el euro como moneda única. Sin embargo, el haberse convertido en el canciller de la reunificación casi disipa todo lo demás. Alemania y sobre todo la CDU querían celebrar su 80º cumpleaños por todo lo alto en Berlín. Pero Kohl, que está muy enfermo y vive retirado, decidió que sólo participará en el único acto festivo que tendrá lugar en su honor, una pequeña celebración el lunes en su ciudad natal. El pasado noviembre, cuando se cumplió el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín, Kohl dijo en un discurso público: “Tengo todos los motivos para estar orgulloso pese a enojos y frustraciones. Pero no tengo nada mejor de lo que estar orgulloso que de la reunificación alemana”. Primero canciller de la República Federal de Alemania y desde 1990 de la Alemania unida, Kohl, padrino político de Merkel, supo utilizar mejor que nadie la oportunidad histórica que se le brindaba en 1989 superando toda la resistencia que encontró fuera y dentro de las fronteras alemanas. Europeo convencido y político paciente, mantuvo negociaciones con Mikhail Gorbachov en Rusia, con George Bush padre en Estados Unidos, con François Mitterrand en Francia y con Margaret Thatcher en Londres. Fue él quien, con su ministro de Exteriores, el liberal Hans-Dietrich Henscher, superó la división del país después de que ciudadanos de la ex República Democrática Alemana hubieran iniciado la “Revolución pacífica” que dio pie a la caída del Muro el 9 de noviembre de 1989. Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, ciudadano honorífico de Europa por el Consejo Europeo y Premio Carlomagno, prometió a los alemanes de la RDA que con la reunificación llegarían los famosos “paisajes floridos” que aún se hacen esperar. El octogenario cuenta hoy con el reconocimiento de todos los sectores de la sociedad alemana. Incluso su antecesor en el gobierno, el socialdemócrata Helmut Schmidt, dijo de él que demostró “valor e intuición” e hizo su tarea “a la perfección”. “Todos estamos agradecidos por todo lo que ha hecho por nuestro país y por la paz en Europa”, escribió por su parte el presidente de Alemania, Horst Köhler, en su felicitación de cumpleaños. Para Kohl, la unidad alemana y la unidad europea eran “dos caras de la misma moneda”. “Toda su vida estuvo dispuesto a trabajar por nuestro país. Eso le ha servido para gozar de un extraordinario respeto y confianza por parte de nuestros ciudadanos”, agregó haciendo hincapié en que siempre actuó movido por su fe cristiana, su espíritu europeo y la voluntad decidida de sacar consecuencias de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. El éxito que logró fue tan grande que se olvidaron muchos de los problemas derivados de su mandato, como las cuestiones sin resolver heredadas por el gobierno rojiverde de Gerhard Schröder o el mayúsculo escándalo de los fondos ilegales de financiación de la CDU. A finales de los 90 se descubrió que durante la era Kohl la CDU recibió fondos ilegales, la mayoría depositada en cuentas bancarias de Ginebra, por casi 2,1 millones de marcos (cerca de un millón de euros). Aquel escándalo, una catástrofe para la CDU, acabó por dividir al partido y a Kohl, que nunca desveló la identidad de los donantes y siempre aseguró que todo lo hizo en servicio a su partido. Su “niña”, Angela Merkel, sigue esquivando el tema. (DPA)
Norbert Hoyer y Rosa Aranda
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