Historias al borde del surtidor: la dura tarea de llenar el tanque en Roca

Por la escasez que generó la protesta de salud, muchos recorren varias estaciones de servicio y esperan horas en auto, moto o a pie antes de cargar combustible. Algunas tienen cupo, otras permiten llenar el tanque. Anécdotas, mal humor y resignación en las largas y tediosas filas.

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Largas filas de vehículos en las calles aledañas a las estaciones de servicio se hicieron habituales en estos días.

Largas filas de vehículos en las calles aledañas a las estaciones de servicio se hicieron habituales en estos días.

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Los empleados tratan de ordenar el flujo de autos para hacer la carga lo más rápida posible.

Los empleados tratan de ordenar el flujo de autos para hacer la carga lo más rápida posible.

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Las colas recorren varias cuadras alrededor de las estaciones de Servicios

Las colas recorren varias cuadras alrededor de las estaciones de Servicios

A las 22.40 del miércoles, uno de los autos que estaba en primera fila para cargar en la estación de servicios Puma de Mendoza transmitió la mala noticia: el camión que debía reponer combustible se demoró y no llegaría esa noche sino a primera hora de la mañana siguiente. Mientras las tres cuadras de cola comenzaban a desarmarse lentamente, Alberto, 46 años y plomero de profesión maldecía su mala suerte antes de subir a su Fiat Duna: “Tres horas esperando en la otra estación y sólo conseguí 10 litros, que es el cupo que dan. Ahora otras dos horas y nada. Yo vivo en Stefenelli, esto no me alcanza para nada, uso el auto para trabajar”.

A su lado, Jorge, empleado de comercio, también se lamentaba cerca de su VW Suran. “Yo esperaba cargar hoy, mañana entro a trabajar a las 8 y no tengo tiempo de hacer tres horas de cola. Me queda un cuarto de tanque, que uso para llevar a los chicos al colegio y lo urgente. Al laburo me estoy yendo en bici”, explica antes de partir a casa con las manos, o el tanque, vacío.

A las 5.30 de la mañana del jueves, varios autos vuelven a hacer la fila en la misma estación de servicio. El playero dice que el camión, que viene de Bahía “ya salió para acá, pero no sabemos exacto a que hora llega, calculo que antes de las 8”, explica una y otra vez a quienes se acercan a consultarle. Poco después, las versiones en la fila indican que el cargamento llegaría cerca de las 10 o incluso a mediodía. Nadie se mueve.

Leandro, a bordo de un Fiat Palio, que llegó temprano y está entre los primeros, decide tomar una pequeña siesta pero a las 7.30 lo despierta un golpeteo en la ventanilla: “Eh, te lo perdiste, ya llegó el camión, descargó y están vendiendo, ojo que te van a saltar”. Su vecino de cola, Carlos, tiene unos 50 años y espera detrás a bordo de un Renault 12 rojo, viejo pero bien mantenido. “Yo ando con la reserva desde ayer a la tarde. Este pobre anda con el olor”, se ríe, mientras Leandro busca apresurado las llaves y se pone en marcha. “Vivo en Barrio Nuevo. Ayer hice tres horas de cola en la estación de Tucumán y San Juan y no tuve suerte, cuando faltaba poco se quedó sin nafta. Dicen que hoy a la tarde llega otro camión de Bahía, pero no puedo esperar tanto. Ahora espero poder llenar el tanque y me voy a dormir”, bromea.

Muchos que esperaban cargar movían sus vehículos a pulso en las largas filas para ahorrar el precioso combustible.

Ya en la playa, un empleado intenta ordenar las filas para que no se produzcan bloqueos de circulación, porque los autos vienen en dos sentidos. Una señora a bordo de una moto irrumpe preguntado “si hay fila aparte” para los vehículos chicos. “No señora, es la misma para todos”, responde amable pero firme el playero y la señora enfila resignada al final de la cola, que a las 9 de la mañana ocupa una cuadra por La Plata y dobla por Chaco otras dos. Por la Mendoza, otra fila avanza dos cuadras y continúa por Mitre hacia Los Olmos. Algunos vecinos se quejan porque les bloquean las salidas de los garajes, pero a esa hora todo se resolvía de forma amigable.

Un hombre a bordo de un Polo sorprende a todos porque, tras llenar el tanque, abre el baúl y pide llenar dos bidones más. Se escuchan murmullos. “Eh, dejen algo para el resto”, se anima a decir alguien desde el fondo. El hombre permanece impasible mientras le llenan los recipientes. “La orden es cargar lo que pida el cliente. Al menos por ahora”, se justifica el empleado.

Un camionero llega y pide avanzar primero, porque la fila “es para nafta y yo quiero cargar gasoil”. También es rechazado y se retira acelerando ofuscado hacia el norte de la ciudad.

"Así estamos. Ayer parados toda la tarde y ahora vamos a estar a full sin parar toda la mañana, hasta que se termine lo que hay. Y a esperar otro camión. Por suerte acá vienen de Bahía, no tienen tantas trabas", comenta el playero.

Avanzada la mañana, en la Shell de la Mendoza también hay una fila, que se mantiene desde la noche. Avanza por la Tucumán hasta La Pampa, dobla hacia 9 de Julio y vuelve a girar hacia Mendoza. Así estará durante todo el día. Allí hay un cupo por vehículo, para garantizar que todos puedan acceder a un poco de combustible, al menos.

Fernando hizo cola a pie por más de tres horas porque su auto se quedó sin nafta. a pocas cuadras.

Por la tarde, Fernando, portero de la escuela agropecuaria, espera a pie con dos bidones para intentar cargar lo que se pueda. “El auto se me quedó sin nafta en Jujuy y Canal Grande. No arrancó más”, explica. Consiguió los recipientes y ahora hace fila a pie delante de motos y autos. “Voy a estar unas cuantas horas acá, pero me quedo sí o sí, si no mañana no puedo ir a trabajar”, agrega.

En la cola hay de todo mientra se espera: comentarios, malhumor, rumores, chistes. La mayoría mira sus teléfonos celulares para amenizar la espera chateando, viendo sus redes sociales, o esperando noticias.

Algunos, que llegan al límite con el combustible, optan por ir avanzando en la fila empujando el vehículo a pulso unos pocos metros, para no desperdiciar las últimas reservas.

Un conductor comenta que, en medio de la escasez, ya se está ofertando combustible por redes sociales: 10 litros por 1.500 pesos, bidón incluido. “Y, es así, esto es Argentina, acá el que no corre vuela”, le responde lacónicamente su ocasional vecino.


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