Historias cruzadas

Perales y Guajardo: la promesa que partió y el sueño que no fue.

Redacción

Por Redacción

cipolletti

Nunca jugaron juntos, al menos en partidos federales. Kevin debutó en el Argentino A el 3 de marzo, en San Luis y cuando Cipolletti estaba en crisis. Rogger Morales ya era historia, había arreglado su regreso Domingo Perilli pero no viajaba para enfrentar a Juventud. Corrían 35 minutos del ST cuando Henry Homann lo mandó a la cancha. Valentín no lo vio ingresar pero escuchó por radio que anunciaban su cambio. Guajardo y Perales viven a 1.200 kilómetros de distancia pero sus historias están unidas, por el fútbol y muchos protagonistas.

Los dos, a niveles diferentes, son futbolistas prometedores que saltaron a primera por necesidades ajenas. Suena lógico en un medio donde los jóvenes aparecen por coyuntura y no por políticas institucionales. Perales la rompió en la Confluencia, fue campeón de la primera local y saltó al Argentino durante el ciclo de Morales. La realidad es que debutó de titular, el 26 de agosto del 2012 ante Defensores (VR), porque se alinearon los planetas a su favor (iba a jugar Jonathan Riffo y se lesionó). Claro, Valentín mostró ser un defensor “diferente” en un puñado de minutos, se transformó en el mejor del plantel y varios representantes pusieron los ojos en un jugador albinegro después de mucho tiempo. Tenía 17 años.

Mientras eso sucedía, Guajardo había llegado a Cipolletti en silencio, en el segundo semestre del 2012, para una prueba que pasó porque Homann y el profe Ubaldo Tribunsky (de la liga local) quedaron obnubilados con su velocidad y gambeta. El Ruso fue clave en la carrera de ambos: a Perales lo hizo referente y convenció a Morales de su jerarquía; a Guajardo lo volvió figura de la primera local y también influyó para el salto al Argentino A (25 de Mayo, por ejemplo, le ofreció buen dinero). Además, lo hizo debutar en San Luis.

La vida de Guajardo fue dura y sacrificada. Sus padres se separaron, el sueldo de su mamá no alcanzaba y debió salir a trabajar a temprana edad. “Había que hacerlo. Dejé la escuela secundaria por temas laborales. Me faltan dos años para terminarla, y lo voy a hacer”, dice la figura del domingo en el 2-1 contra Juventud. Desde que tiene memoria vive en Parque Industrial, un barrio de Neuquén cruzado durante muchos años por la desidia y los hechos de sangre. Su temple seguramente tiene que ver con esa infancia. Hizo inferiores en Maronese, fue figura allí, también en los Juegos de la Araucania 2007 y un captador de talentos lo llevó a Estudiantes. Fue feliz en La Plata y llegó a jugar partidos de reserva, pero cambios en la conducción de inferiores le quebraron el sueño. “De buenas a primeras me dijeron que me tenía que volver, que para muchos chicos del interior no había más lugar en la pensión. Fue un golpe durísimo, me deprimí. Hoy lo veo como una linda experiencia, algo que hay que vivir”, dice. Por tevé Kevin ve junto a Juan Sebastián Verón a muchos ‘chicos’ que fueron sus compañeros, como el arquero Jerónimo Rulli, el roquense Gil Romeo, Joaquín Correa y Carlos Auzqui. Volvió al Dino, no le gustó con lo que se encontró y pensó en Cipolletti. Mientras, trabajaba en una heladería para “parar la olla”.

Perales no sufrió las carencias de Kevin. Fue alumno ejemplar, abanderado y un ejemplo para sus compañeros de equipo. Su historia es la de pocos: llegó a Buenos Aires a los 18 años y por su pase San Lorenzo se comprometió a pagar 720.000 pesos (ver aparte). Pero en el fútbol siempre hay más espinas que rosas. Valentín entrenó poco y nada con el plantel superior del Santo, jamás habló con Juan Pizzi y sólo fue titular un partido en reserva, pero increíblemente se lesionó. “Allá (por nuestra zona) muchos pensaban que iba a llegar para ponerme la camiseta de San Lorenzo, pero nada es tan fácil y veo lógico este proceso de adaptación por el que estoy pasando. En Cipo se puede sobresalir, pero acá es diferente. Todos los jugadores son buenos de verdad”, explica Valentín, quien vive en la pensión del Ciclón junto a otros 40 chicos y muchachos del interior el país, de edades que oscilan entre los 10 y los 18 años.

–¿Qué es lo que más te está costando?

–Perales: Adaptarme a la velocidad de juego, que es muy intensa y rápida, hay mucha precisión. No te podés equivocar. Cambia el nivel y cambia la exigencia. Los chicos que hicieron inferiores en clubes de Buenos Aires marcan la diferencia en lo físico, y eso se nota en el rigor de los partidos.

Valentín dice estar “feliz” en la gran capital, como Kevin lo fue alguna vez en La Plata. Tiene rodaje y carácter para una “jungla redonda” plagada de peligros. En su casa lo educaron con comodidades y reglas basadas en el respeto. Sus padres, cuando el chico ya era figura en Cipolletti, pidieron que la dirigencia sólo le pagara viáticos (para mantenerlo con los pies en la tierra). Además, dispusieron que parte de los 720.000 pesos vuelvan a las inferiores, cantera de un Perales que aún en tiempos difíciles, alimenta una gran sueño: “Deseo vivir del fútbol”, repite.

Guajardo tiene hambre de gloria, pero no se puede dar el lujo de desestimar el dinero. Es padre de un niño de 14 meses y en su casa hay necesidades. “Quiero triunfar en Cipolletti, seguir de titular. Vivo un sueño, pero no me puedo dormir. Tengo que mejorar, ayudar al equipo, hacer goles”, replica Kevin.

–¿Seguís soñando con jugar en primera?

–Guajardo: Ahora es más difícil, ya estuve en Estudiantes y tuve que volver. Así es el fútbol…

–Es un sueño que se quebró.

–Guajardo: No, está, y creo que la experiencia de Valentín, lo que le pasó a él, nos hizo entender que en el fútbol todo es posible. Por él volvimos a creer.

Sebastián Busader

sbusader@rionegro.com.ar


cipolletti

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora