Neuquén y Japón: el acuerdo de 1989 que impulsó el desarrollo geotérmico en el volcán Domuyo
Un acuerdo internacional, tecnología de punta y el volcán Domuyo como escenario de una apuesta energética adelantada a su tiempo.

El 6 de marzo de 1989, Neuquén fue escenario de un hecho poco frecuente en la historia energética argentina. En un acto oficial encabezado por el entonces gobernador Pedro Salvatori y el embajador de Japón en Argentina, Kazuo Yamashita, se firmó el acta de recepción de equipamiento tecnológico donado por el gobierno japonés, valuado en más de dos millones de dólares, destinado a impulsar el desarrollo geotérmico en el norte neuquino.
La iniciativa se enmarcó en un convenio de cooperación bilateral que buscaba sentar las bases de un ambicioso proyecto energético en la zona del volcán Domuyo, considerado desde hace décadas uno de los reservorios geotérmicos más prometedores del país. Según destacó Salvatori durante el acto, el acuerdo no solo aportaba infraestructura clave, sino que abría la puerta a una verdadera transferencia de conocimientos y tecnología, un aspecto central para una provincia que comenzaba a pensar su matriz energética más allá del petróleo y el gas.
Equipamiento clave para un proyecto pionero
El aporte japonés incluyó una torre de perforación, bombas de inyección, válvulas, tuberías, barras de sondeo, trépanos, coronas y un completo conjunto de herramientas, repuestos y elementos de cementación y entubación. Para la época, se trataba de tecnología de punta, fundamental para avanzar en estudios profundos del subsuelo en condiciones extremas como las del norte neuquino.
De acuerdo a crónicas del diario Río Negro, estos equipos permitirían realizar perforaciones exploratorias inéditas en la región, con el objetivo de evaluar el potencial real de la energía geotérmica, una fuente renovable que ya era ampliamente utilizada en Japón desde mediados del siglo XX.
Una relación que venía de lejos
La presencia japonesa en Neuquén no era nueva. Tal como recordó el propio Salvatori, la cooperación técnica entre Japón y la provincia se remontaba a 1976, cuando comenzaron los primeros estudios geológicos y geofísicos en el área del Domuyo. Aquellos trabajos iniciales, muchos de ellos apoyados en tecnología satelital, permitieron identificar no solo recursos geotérmicos superficiales y subyacentes, sino también indicios de tierras raras, un dato que décadas más tarde volvería a cobrar relevancia estratégica.
Desde Japón, el embajador Yamashita adelantó que su país avanzaría en estudios de factibilidad para evaluar futuras inversiones en Argentina, especialmente en el área de industrialización de materias primas. Según publicó Río Negro, entre los proyectos en análisis se encontraban iniciativas vinculadas a la industrialización de hidrocarburos en la Patagonia, una región que ya comenzaba a consolidarse como eje energético nacional.
Un proyecto que anticipó debates actuales
Aunque el desarrollo geotérmico del Domuyo no alcanzó entonces la escala industrial esperada, el acuerdo firmado en 1989 marcó un antecedente clave en la discusión sobre energías alternativas en la Argentina. Hoy, cuando la transición energética vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública, aquel convenio entre Neuquén y Japón aparece como una apuesta temprana por diversificar la matriz productiva y energética del país.
Almanaque
04 de marzo de 1989: La cooperativa distribuidora de energía eléctrica, a través de su departamento de Servicios Sociales habilitó un taller de costura en el barrio Peñi Trapún de Cutral Co.
08 de marzo de 1999: Las petroleras presionan contra el pago de Sellos que les cobra la provincia de Neuquén durante una reunión que mantuvieron con el ministro de Economía Roque Fernández.
09 de marzo de 1994: La jueza Susana Burgos decretó la quiebra de la empresa “Auca Mahuida” y dispuso la clausura del establecimiento y la suspensión de la subasta de los bienes de la misma.
Poesía escrita en la región: «Dolor interminable»
A diario en mi mente
una y mil preguntas,
surgen repentinas.
Ronda sin buscarlo
un antiguo adagio.
“El que a hierro mata
a hierro termina”,
pero no hay dudas,
cuando sus caminos
se tronchen un día
las leyes del cielo
esas no perdonan,
pagarán con creces
las culpas habidas.
Se suman estrellas en el firmamento
con luces eternas,
que dan esperanzas
y apagan lamentos.
Never Cavigliasso
poeta patagónica
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