Hombres del Presidente

Los pasos económicos a seguir del nuevo gobierno. El programa implementado por el nuevo gobierno a partir del 10 de diciembre debería ser políticamente viable, socialmente tolerable, y económicamente consistente.



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EL NUEVO EQUIPO ECONÓMICO DE MACRI: LOS

“No habrá gradualismo para tener un tipo de cambio único”, sentenció este último fin de semana Mauricio Macri al ser consultado por este tema. Sin dudas, toda una definición.

Innumerables especulaciones se tejieron estos últimos días al calor de la dinámica política y económica. Todo haría pensar que una vez definido el sucesor de Cristina Fernández, habría llegado el tiempo de las certezas.

Pero paradójicamente, la elección abrió un nuevo abanico de incógnitas de cara a la transición.

Una verdadera caja de pandora espera en Balcarce 50, al presidente electo. Si bien todo indica que los números de la economía están mucho peor de lo que dicen las estadísticas oficiales y privadas, nadie sabe a ciencia cierta el nivel de complicaciones con los que se encontrarán los nuevos funcionarios.

Hasta el momento, el equipo que rodea al nuevo mandatario, tiene en carpeta una agenda programática para atender los problemas que desde hace tiempo afectan la macroeconomía nacional: dólar, inflación, reforma impositiva, economías regionales, actividad económica, comercio exterior. Pero ¿Cuál es el verdadero estado de las cuentas nacionales? ¿Cuál es el índice de pobreza? ¿Cuál es el nivel de deuda intra sector público que deja el kirchnerismo? ¿En qué consisten las clausulas secretas del acuerdo YPF-Chevron? Todas respuestas que, lamentablemente, las tendremos después del 10 de diciembre ya que la administración Kirchner negó -con un rencor incomprensible- la información a las autoridades electas en esta etapa de transición. Esto debiera marcar, sin dudas, el fin de una forma de hacer política en la Argentina.

Al mismo tiempo, es notorio que en el núcleo duro de la fuerza política triunfante, han hecho un esfuerzo por bajar el tono de la expectativa acerca de las posibles medidas a adoptar al asumir. Saben en Cambiemos que el ajustado triunfo del último domingo, no otorga un margen político amplio para medidas radicales, y que será necesario ir con pie de plomo para desactivar de a poco algunas de las variables que presenta la matriz económica que deja el kirchnerismo. Sobre otras, como ya dejaron trascender, no esperarán ni un sólo día para aplicarlas. Incógnitas abundan. ¿Aprovechará Macri la luna de miel con el electorado para implementar medidas tan necesarias como antipopulares? ¿Preferirá en cambio un camino gradual durante 2016 a fin de no dilapidar el capital político que logró en el ballotage? ¿Logrará en el Congreso de la Nación los consensos necesarios para imponer una agenda de reformas o para revisar por ejemplo el presupuesto aprobado antes de las elecciones?

Algunos nombres dan también algunas pitas y espantan fantasmas. Entre otros, encontramos: Alfonso Prat Gay, que es un economista keynesiano; Rogelio Frigerio, que es un especialista en economías regionales y esto abre una nueva relación con las provincias; Federico Sturzenegger, ex titular del Banco Ciudad que dejo la entidad en una muy buena posición; y Juan José Aranguren, un ejecutivo exitoso en el área energética y abierto a las ideas para el desarrollo de la actividad.

Indicios

Sabido es que Carlos Melconian, es uno de los economistas del riñón de Mauricio Macri. Fue propuesto, junto a su equipo, a conducir el Banco Nación a partir del 10 de diciembre.

Un informe de M&S Consultores, propiedad del mismo Melconian, anticipa las dificultades que deberá enfrentar la nueva gestión, y el riesgo que podría significar dar pasos en falso. En definitiva, estos son los primeros indicios de lo que podría esperarse del nuevo gobierno en materia económica.

Destaca el informe, que si bien un camino podría ser sostener al menos por un tiempo el “statu quo” que deja el kirchnerismo, el romanticismo y la confianza del electorado no reemplazan la necesidad de reformas estructurales. De hecho el mismo electorado es el que colocó Mauricio Macri en la primera magistratura, seducido por el discurso de cambio de rumbo.

Explica en otra parte de su escrito que el programa económico implementado a partir del 10 de diciembre debería ser políticamente viable, socialmente tolerable, y económicamente consistente.

Las tres condiciones son necesarias en forma independiente, pero no suficientes si se consideran en forma aislada.

Sucede que si el plan es políticamente viable y socialmente tolerable, pero económicamente inconsistente, terminará siendo efímero.

Si en cambio es viable y consistente, pero socialmente intolerable, terminará en caos.

Y si es tolerable y consistente, pero inviable políticamente, quedará a mitad de camino.

Es decir que debieran cumplirse las tres condiciones al mismo tiempo para que el programa sea efectivo y pueda sostenerse en el tiempo.

Destaca Melconian en sus escritos además tres cuestiones clave que deberá atender de inmediato la nueva gestión económica.

La primera de ellas es el financiamiento del sector público. Con el comercio exterior paralizado, sin acceso a los mercados internacionales y sin llegada de inversiones, el ingreso de fondos depende con exclusividad del Banco Central (BCRA).

Está claro que la llegada del nuevo gobierno traería aparejada una nueva relación con los mercados internacionales de crédito. El bajo nivel de endeudamiento que ostenta hoy el país, permite pensar la toma inmediata deuda para financiar la transición, consecuentemente que el aparato productivo vuelva a cobrar vigor, y reaparezca el financiamiento genuino a nivel interno una vez puesta en marcha nuevamente la economía.

La segunda salida es algo más delicada. Se trata de la cuestión fiscal. Está claro que el objetivo es reducir el déficit que deja la administración Kirchner de al menos al 6% del PBI, ya que es inviable de sostener en el tiempo. Difícilmente se logre rápido una caída en estos niveles de desequilibrios. La primera intención es revisar la estructura de los subsidios a la energía (luz y gas) y al transporte.

Esa revisión está estrechamente vinculada con la voluntad de llevar a cabo una reforma impositiva mucho más amplia. Sucede que si no se reduce la carga de los subsidios en el gasto, se cae la posibilidad de acotar impuestos como se prometió oportunamente durante toda la campaña electoral.

Una reforma del impuesto a las Ganancias o la eliminación de las Retenciones, implicaría un importante impacto a las arcas del Estado, que, según la mayoría de los economistas piensan, solo podría ser compensado con el sinceramiento de las tarifas.

Por otro lado, un reacomodamiento de los precios relativos podría impactar de lleno en el bolsillo de los ciudadanos afectando una de las variables mencionadas párrafos arriba: la tolerancia social a un ajuste.

Por último, está la cuestión cambiaria. Por ser el punto más delicado de análisis, es quizá el tema que más se mencionó en la campaña.

Volver al tipo de cambio único, es el objetivo. Para lograrlo, será necesario desactivar el cepo cambiario, con la pericia necesaria para evitar que la corrección del dólar se traslade linealmente a los precios. La mayoría de los especialistas acuerda con que el impacto en los precios no debería ser excesivo, dado que muchos precios relativos ya han comenzado a corregirse vía el valor del dólar que se cotiza en el mercado marginal. Pero todos saben que la devaluación, de alguna manera, impactara en los precios y esto podría generar una mayor presión inflacionaria.

Los tres aspectos mencionados son igual de importantes, y son a la vez interdependientes.

Lograr la entrada de divisas es condición necesaria para levantar el cepo. A la vez, un programa fiscal confiable es indispensable para que los dólares lleguen y la corrección cambiaria sea en un marco de normalidad.

(Fuente: Informe 1129 de M&S- Noviembre de 2015)


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