“Homenaje a don Juan Mario Raone y su esposa María Castaño”
Me dirijo a los distinguidos lectores para reflexionar acerca del material que poseemos en repositorios de nuestra provincia, cuando de investigar temas de la historia neuquina se trata. Sin dudas, muchos como yo habrán tenido el enorme privilegio de acceder al material que un hombre –llegado a estas tierras en la mitad del siglo XX– conserva para nosotros: don Juan Mario Raone. Don Mario, como lo llamamos quienes lo conocemos, y su hermano gemelo don Hugo Eli –quien falleció hace un año– nacieron el 21 de abril de 1925 en Carmen de Patagones. Son hijos de don Eli Raone, de familia italiana, y de María Ricca, descendiente de maragatos. Llegó don Mario a estas tierras traído por el ejército a fines de la década del 40. En el tránsito de su arribo se erigía la historia de cómo comenzó a escribir, vinculada a una necesidad: cuando tuvo que ser operado de la columna vertebral en el Hospital Militar de Bahía Blanca, debió permanecer durante 60 días “mirando el techo”; para paliar la monotonía del cielorraso, comenzó a escribir. Dicha tarea jamás cesó. La escritura y su ferviente fe católica –fue el primer presidente de Acción Católica de la provincia– hicieron que visitara asiduamente los barrios carenciados; recordó su premisa cristiana “voy a ir adonde no va nadie”. Es decir que visitaba lugares inhóspitos llevando elementos para atenuar las necesidades de los pobladores del lugar. En estas tierras Raone conoció a su compañera de toda la vida, doña María Castaño, hija de inmigrantes españoles asentados tempranamente en el territorio. Tuvieron cuatro hijos y cinco nietos. Juntos realizaron, durante muchos años, viajes a las agrupaciones indígenas asentadas en su mayoría cerca de la cordillera de los Andes; durante su estadía, habitaban en carpas. La pareja traía, de cada viaje, piedras, flechas, arcos, armas, piedras de boleadoras, almejas petrificadas con una antigüedad de millones de años, espuelas, cacharros, mazas de piedra, usados por los habitantes originarios, utensilios y herramientas que gentilmente eran cedidos, y en otras ocasiones comprados. Todas las piezas integran el museo personal que fueron creando en su domicilio de la calle Buenos Aires y están registradas con su nomenclatura correspondiente. El museo de los Raone está organizado de manera tal que cada visitante en su recorrido puede contemplar marcas de la vida de nuestros habitantes primitivos y que don Mario y Mary saben recrear en cada visita. Lo primero que el visitante observa al ingresar es un mapa de la República Argentina de tres metros que don Mario adquirió en la ciudad de Buenos Aires, que asombra por su tamaño y que se destaca orgullosamente. Por otra parte, son numerosos los reconocimientos cosechados y los árboles plantados por don Mario a lo largo de su fructífera trayectoria. En 1991, Raone fue nominado como miembro de la Academia Nacional de la Historia (cuyos integrantes, cuando iba a ser postulado, no le preguntaron que estudios tenía). Es un gran autodidacta; escribió muchos libros como “Fundación del Neuquén”, “Fortines del Desierto” en tres tomos y “Neuquén, la provincia de los grandes lagos”, entre otros; fue distinguido como vecino ilustre de la Ciudad de Neuquén en el 2010; es miembro honorario de la Junta de Estudios Históricos de Neuquén. Éstos quizá sean los más relevantes logros, pero no los únicos que don Mario supo obtener a lo largo de su vida. Por todos estos motivos y también por su humildad y su hombría de bien, por toda su tarea en pos de la historia neuquina –junto con su ilustre compañero, el Dr. Gregorio Álvarez, con quien compartía grandes y amenas conversaciones sobre historia– es que debemos rendirle un gran homenaje. En efecto, personas desinteresadas son Mario y Mary que supieron plasmar, en libros y en el museo que exhiben con maestría (para regocijo de quienes procuramos continuar con su tarea), sus amplios conocimientos sobre estos territorios nacionales muchas veces olvidados por el poder central de turno. Don Mario acaba de cumplir 90 años: su memoria y su amor por la historia permanecen intactos, como grabados en el tiempo, ¡como si hoy los estuviera viviendo! Recordémoslos, venerémoslos: han hecho mucho por no borrar la memoria de estas benditas tierras. Beatriz Carolina Chávez DNI 6.251.256 Neuquén
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