Huida hacia adelante

Redacción

Por Redacción

Según se informa, el ex presidente y actual hombre fuerte del gobierno de su esposa, Néstor Kirchner, se ha propuesto calentar todavía más la economía nacional por creer que un gran boom de consumo le permitiría triunfar en las elecciones presidenciales del 2011. Al parecer convencido de que el éxito político depende casi por completo de la tasa de crecimiento, Kirchner ha hecho suya la consigna célebre acuñada en 1992 por los partidarios del en aquel entonces candidato presidencial norteamericano Bill Clinton “¡Es la economía, estúpido!”, pero por desgracia la coyuntura en que nos encontramos no es la misma. Como Clinton entendía muy bien, en la fase final de la gestión de su rival, George H. W. Bush (padre), la economía norteamericana ya estaba recuperándose de un revés pasajero y la tasa de inflación no motivaba preocupación. Por lo demás, una cosa es que un opositor critique al gobierno de turno por las presuntas deficiencias de su manejo de la economía pero otra muy distinta es que el gobierno mismo decida manipularla con miras a ganar una elección, minimizando la gravedad de los problemas existentes y concentrándose en mejorar por un rato el poder adquisitivo de los votantes a sabiendas de que los beneficios podrían agotarse muy pronto. De acuerdo con los datos confeccionados por el Indec, en el primer trimestre del año el producto nacional se expandió el 6,8%. Aunque es probable que las cifras sean tan engañosas como las correspondientes a la inflación que difunde el Indec intervenido, no cabe duda de que el crecimiento se ha reanudado luego del bajón experimentado el año pasado. Sin embargo, también ha aumentado mucho el gasto público, el que hoy en día es el motor económico más poderoso, lo que plantea el riesgo de una aceleración incontenible de la inflación que ya se aproxima al 25% anual, un nivel que en América Latina se ve superado sólo en la Venezuela de Hugo Chávez, donde se prevé que este año se acerque al 40%. Los Kirchner apuestan a que las consecuencias negativas de la estrategia elegida se hagan sentir después de las elecciones fijadas para la segunda mitad del 2011, pero se da el riesgo de que la burbuja que están inflando con tanto vigor estalle prematuramente, con el resultado de que se celebren en medio de una de nuestras crisis periódicas. Otro problema consiste en que no hay ninguna seguridad de que los sectores más pobres compartan los beneficios de lo que tienen en mente los Kirchner, ya que dependen mayormente de la economía informal y por lo tanto se ven perjudicados por las “conquistas” de los sindicatos. La larga experiencia internacional en la materia indica que los booms preelectorales suelen ser seguidos por recesiones prolongadas, ya que tarde o temprano la realidad se encarga de imponerse. Para que una alta tasa de crecimiento resulte sostenible es necesario que los empresarios inviertan mucho pensando en el largo plazo, pero la conciencia de que la mayor actividad que está registrándose es fruto de una maniobra electoralista hará que la mayoría opte por intentar aprovechar las circunstancias sin comprometerse a aumentar las inversiones por entender que sólo se trata de un intervalo acaso breve. Asimismo, si bien ha aumentado últimamente la producción, no hay indicios de que haya mejorado mucho la productividad, puesto que a esta altura escasean los empresarios que confíen en las bondades del “modelo” kirchnerista. Por el contrario, al difundirse la idea de que el gobierno ha resuelto privilegiar sus aspiraciones electoralistas hasta tal punto que ha decidido agravar distorsiones ya preocupantes, negándose a reconocer que la inflación constituye un problema, que el régimen de subsidios ha adquirido dimensiones insostenibles, que en cualquier momento el precario sistema energético podría colapsar y que las medidas proteccionistas tomadas por Guillermo Moreno, con el respaldo firme de los Kirchner, nos han puesto al borde de una guerra comercial con socios tan significantes como Brasil y China, empresarios ya escépticos llegarán a la conclusión de que sólo es una cuestión de tiempo antes de que la Argentina se precipite en la próxima gran crisis económica y que por lo tanto lo más sensato sería archivar sus planes hasta que el país cuente con un gobierno menos irresponsable.


Según se informa, el ex presidente y actual hombre fuerte del gobierno de su esposa, Néstor Kirchner, se ha propuesto calentar todavía más la economía nacional por creer que un gran boom de consumo le permitiría triunfar en las elecciones presidenciales del 2011. Al parecer convencido de que el éxito político depende casi por completo de la tasa de crecimiento, Kirchner ha hecho suya la consigna célebre acuñada en 1992 por los partidarios del en aquel entonces candidato presidencial norteamericano Bill Clinton “¡Es la economía, estúpido!”, pero por desgracia la coyuntura en que nos encontramos no es la misma. Como Clinton entendía muy bien, en la fase final de la gestión de su rival, George H. W. Bush (padre), la economía norteamericana ya estaba recuperándose de un revés pasajero y la tasa de inflación no motivaba preocupación. Por lo demás, una cosa es que un opositor critique al gobierno de turno por las presuntas deficiencias de su manejo de la economía pero otra muy distinta es que el gobierno mismo decida manipularla con miras a ganar una elección, minimizando la gravedad de los problemas existentes y concentrándose en mejorar por un rato el poder adquisitivo de los votantes a sabiendas de que los beneficios podrían agotarse muy pronto. De acuerdo con los datos confeccionados por el Indec, en el primer trimestre del año el producto nacional se expandió el 6,8%. Aunque es probable que las cifras sean tan engañosas como las correspondientes a la inflación que difunde el Indec intervenido, no cabe duda de que el crecimiento se ha reanudado luego del bajón experimentado el año pasado. Sin embargo, también ha aumentado mucho el gasto público, el que hoy en día es el motor económico más poderoso, lo que plantea el riesgo de una aceleración incontenible de la inflación que ya se aproxima al 25% anual, un nivel que en América Latina se ve superado sólo en la Venezuela de Hugo Chávez, donde se prevé que este año se acerque al 40%. Los Kirchner apuestan a que las consecuencias negativas de la estrategia elegida se hagan sentir después de las elecciones fijadas para la segunda mitad del 2011, pero se da el riesgo de que la burbuja que están inflando con tanto vigor estalle prematuramente, con el resultado de que se celebren en medio de una de nuestras crisis periódicas. Otro problema consiste en que no hay ninguna seguridad de que los sectores más pobres compartan los beneficios de lo que tienen en mente los Kirchner, ya que dependen mayormente de la economía informal y por lo tanto se ven perjudicados por las “conquistas” de los sindicatos. La larga experiencia internacional en la materia indica que los booms preelectorales suelen ser seguidos por recesiones prolongadas, ya que tarde o temprano la realidad se encarga de imponerse. Para que una alta tasa de crecimiento resulte sostenible es necesario que los empresarios inviertan mucho pensando en el largo plazo, pero la conciencia de que la mayor actividad que está registrándose es fruto de una maniobra electoralista hará que la mayoría opte por intentar aprovechar las circunstancias sin comprometerse a aumentar las inversiones por entender que sólo se trata de un intervalo acaso breve. Asimismo, si bien ha aumentado últimamente la producción, no hay indicios de que haya mejorado mucho la productividad, puesto que a esta altura escasean los empresarios que confíen en las bondades del “modelo” kirchnerista. Por el contrario, al difundirse la idea de que el gobierno ha resuelto privilegiar sus aspiraciones electoralistas hasta tal punto que ha decidido agravar distorsiones ya preocupantes, negándose a reconocer que la inflación constituye un problema, que el régimen de subsidios ha adquirido dimensiones insostenibles, que en cualquier momento el precario sistema energético podría colapsar y que las medidas proteccionistas tomadas por Guillermo Moreno, con el respaldo firme de los Kirchner, nos han puesto al borde de una guerra comercial con socios tan significantes como Brasil y China, empresarios ya escépticos llegarán a la conclusión de que sólo es una cuestión de tiempo antes de que la Argentina se precipite en la próxima gran crisis económica y que por lo tanto lo más sensato sería archivar sus planes hasta que el país cuente con un gobierno menos irresponsable.

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