Humor desde lugares incómodos

Feminista y poco solemne, Malena Pichot llegará junto a Ezequiel Campa para brindar su espectáculo en Neuquén. Habló con “Río Negro” sobre el stand up y los límites del humor.

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Malena aprendió el género viendo los show en la tevé por cable.

Los estandaperos Ezequiel Campa y Malena Pichot llegan a Neuquén con el espectáculo que protagonizan desde el 2010, llamado inicialmente “Ellos” y más tarde “Campa-Pichot”. Una experiencia diferente del stand up, que podrá verse el sábado 20 de este mes, a las 21, en el Cine Teatro Español.

Nacida en el barrio de Belgrano, Buenos Aires, el 6 de julio del 82, Malena hace radio con “Burundanga” en Nacional Rock junto a Gillespi, escribe y actúa en cine y televisión. A lo largo de su vida ha estudiado canto, guitarra, piano, teatro y literatura. Fue comentarista en “Falso Impostor”, por FM Rock & Pop. Participó como guionista en la tira “Ciega a citas”, entre octubre 2009 y mayo del 2010, por Televisión Pública.

En el 2011 integró el elenco de “El hombre de tu vida” –Telefe, dirección Juan José Campanella– protagonizada por Guillermo Francella, donde Malena era la profesora Silvina, verdadero interés romántico del protagonista. En el 2012 fue nominada para los Martín Fierro como Revelación por esa actuación; también participó junto a Cristina Banegas y Gloria Carrá el capítulo “Sin cobertura” en “Televisión por la inclusión”; y tuvo la sección “¡Cualca!” en el programa “Duro de domar”, conducido por Daniel Tognetti, en Canal 9.

Ella que dialogó con “Río Negro” sobre la función del humor.

“En términos sociales, tiene muchas funciones. Creo que desde el humor se pueden decir cosas de manera, digamos, con lubricante, ¿no? Muchos temas bastante duros llegan más fáciles a partir de él y del entretenimiento, en realidad. Yo me considero feminista y la militancia política me parece que tiene una retórica muy antigua que está perdiendo seguidores, en algún punto, sobre todo en el feminismo. Entonces, el humor es un modo más accesible de llegar a la gente. Pero también, por otro lado, en mi caso, no sólo para el trabajo, es una manera de sobrevivirlo todo. En verdad, me cuesta mucho la solemnidad. Tampoco estoy haciendo chistes todo el tiempo, pero ahora que lo pienso, me rodeo de personas que hacen bromas siempre. Un poco es así”.

–¿Qué debe hacer un comediante?

–Me da vergüenza decir públicamente qué debería hacer un comediante, pero hay muchos tonos y tipos de comedia. En el stand-up, donde siento que sé un poco (sonríe Malena), lo fundamental es tener algo que decir. Hacer un monólogo sobre qué feo es comer de un táper en la oficina y nada más, no tiene ningún sentido. Y es lo que está pasando con el género en la Argentina.

–O ridiculizar a la suegra, hablar de la fealdad de la esposa o del marido... recursos harto usados.

–¡Sí! Lo más triste es que el estandapero, por lo general, se pone en el lugar del perdedor para agradar fácilmente al público. Al encarar esto, se elige una personalidad que sale sola y se relaciona con uno. Pero hay un personaje escénico y si optás por el perdedor, el público te toma cariño con mayor facilidad, te tiene un poco de pena y también se identifica con lo que decís... Ni Campa ni yo tenemos ese rol, no necesitamos dar pena, sino generar identificación desde un lado más crudo. Hay mucho stand up en el que no se habla de nada. Los chicos hacen un curso, arman una formulita, luego otra y las van repitiendo sin comprometerse con decir algo. Pero hay que meterse con lugares incómodos de cada uno, que son también de todos, y hacer humor desde ahí. Esa es la fibra que sirve, realmente, y funciona. Cuando te metés en espacios propios más jugados, se genera identificación y risa.

–¿Eso te lo ha dado la experiencia, el ensayo-error o antes de concebirlo lo fuiste viendo genuino para vos y Campa?

–En realidad es un criterio que se aplica a todo el arte en general, trabajar con zonas de uno más profundas, incómodas y sinceras. A mí me pasó que desde pequeña –ocurre también con los de mi edad, de veinte a treinta– que los referentes humorísticos estaban en otros lados. Crecí viendo a “Los Simpsons” y no con muchos comediantes locales, lamentablemente. Entonces el tono humorístico está cambiando, está virando, porque entonces el humor era Tinelli y lo único que puedo rescatar es “Cha-Cha-Chá”. En términos populares y televisivos, porque había cosas geniales en el under y en otras partes. Yo veía mucho stand up de chica por cable, por Sony, por Internet, por videos que me traían. Fanatismo que me pasaron particulares, por saber inglés o lo que sea. Y los que me gustaban eran los que se metían con situaciones oscuras de su vida. Más o menos que lo aprendí así y lo después lo experimenté al hacerlo, obvio. Al ver cómo reacciona la gente cuando digo algo que no se anima a decir. Piensa, no soy el único al que le pasa esta bizarría. El stand up es prueba y error, no es como el teatro.

–Por otra parte, es un trabajo en caliente, nada te salva de una situación engorrosa. Estás sola desafiando con tu presencia y tu palabra.

–Sí... es duro porque manejás sola, una energía muy grande y de muchas personas. La historia depende solo de mí y de la fibra que le ponga. Hay veces que el mismo material una noche funciona increíble, y otra, que estaba más cansada porque trabajé todo el día, me salió con menos potencia y funcionó menos. Es impresionante cómo repercute la intensidad que uno le pone a las palabras.

–Es tan duro –dijiste– como bello actuar, plantarte, desafiar así, sola.

–Es directamente proporcional. Lo peligroso también es satisfactorio cuando el público se ríe y aplaude. Esa sensación es muy fuerte. Por eso la vuelvo a buscar aunque a veces no me vaya bien... El stand up tiene eso. Cuando te va mal, sos la peor basura del mundo y si te va bien, sos Gardel. Lo importante es no creerse ninguna de las dos cosas, en un punto. De hecho, ahora estoy grabando una serie para el cable, por Cosmopolitan, que se llama “Por ahora”, aludiendo que a veces todo está bien y pasa y otras está todo mal y también va a pasar...

–¿Hay temas con los que no hacés humor?

(Piensa durante varios segundos) –Hay, hay, con los que no lo hago porque no sirven. ¿Cómo explicarlo? No es que no me animo a hacer humor con los desaparecidos, ponele, sino que no me estaría sirviendo... Cuando ese chiste signifique algo lo usaré. Tengo material sobre el aborto y me sirve para desdemonizarlo. Para contar un chiste con un caso de muerte muy reciente, hay que fijarse si vale para bardear el tratamiento que le dieron los medios, o a la justicia... Si no lo usás para bajar una línea, no hay razón para hacerlo. No me pongo un límite desde la temática, sino desde el sentido. Si toco el tema es para dar un mensaje, para fijar una posición. Si voy a hablar de Ángeles (Rawson) haciendo humor sobre una chica asesinada, no tiene valor. En realidad, tengo que hacerlo sobre qué chantas son los medios que con tal de conseguir rating, hacen cualquier cosa. El chiste pasa por condenar a alguien que para mí, está haciendo algo muy mal. Un uso... Yo tengo material de mujeres a las que les prenden fuego, un crimen de género común y no se entiende por qué. Es un tema muy delicado, pero me sirve hablarlo para blanquear que sucede, para advertir que están quemando mujeres. Ironizo para ponerlo de nuevo en la conciencia y no quede como un hecho más que ya pasó. La gente se pone incómoda, se ríe, lo que sea, pero al final lo piensa. Eso para mí es un logro, un montón...

La actriz brilla en el stand up con sello propio y sin caer en los lugares comunes.

Eduardo Rouillet


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