Inédita convivencia entre dos papas
El papa Francisco deberá convivir en el Vaticano con el emérito Benedicto XVI, quien no participó en la elección de su sucesor y fue su gran rival hace ocho años en el cónclave que lo escogió tras la muerte de Juan Pablo II. Entre las primeras palabras pronunciadas desde el balcón de San Pedro, Bergoglio pidió que rezaran por su predecesor, quien reside desde el 28 de febrero en Castelgandolfo, a las afueras de Roma. Será de todos modos una relación compleja. Varios vaticanistas revelaron que en el 2005 el entonces cardenal Bergoglio con un gesto claro pidió en el cónclave a los otros purpurados que se abstuvieran de elegirlo. El cardenal argentino estaba segundo en las votaciones, detrás de quien se convirtió en Benedicto XVI. Ahora, después de la entronización en San Pedro del jesuita argentino Francisco el próximo 19 de marzo, en la que el Vaticano precisó que no participará el papa emérito, muchos se interrogan sobre cómo será esa relación. El pontífice que renunció “no participará en la misa de entronización del nuevo papa”, adelantó claramente el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi. Antes de dejar definitivamente el Vaticano, Benedicto XVI designó a Bergoglio miembro de la Pontificia Comisión para América Latina, un cargo clave en la región. Benedicto XVI se trasladó a su residencia provisional en Castelgandolfo con un pequeño grupo de asistentes, entre ellos su secretario privado, el obispo Georg Gänswein. El religioso, que asistió el martes a la ceremonia de inauguración del cónclave a la entrada de la Capilla Sixtina, será seguramente el vínculo entre esos dos papas. El papa emérito se trasladará en dos meses a un convento del Vaticano y podrá encontrarse en numerosas ocasiones con su sucesor en sus apacibles jardines. Se tratará de la primera vez en la historia que dos papas convivan dentro de las murallas del Vaticano, los dos vestidos de blanco y con el título de “su santidad”. La decisión de Benedicto XVI de abandonar el pontificado abrió el camino también a su sucesor para que, llegado el caso, renuncie. “Los futuros papas podrán renunciar con más facilidad”, sostiene el investigador estadounidense Robert Sirico. (AFP)
El papa Francisco deberá convivir en el Vaticano con el emérito Benedicto XVI, quien no participó en la elección de su sucesor y fue su gran rival hace ocho años en el cónclave que lo escogió tras la muerte de Juan Pablo II. Entre las primeras palabras pronunciadas desde el balcón de San Pedro, Bergoglio pidió que rezaran por su predecesor, quien reside desde el 28 de febrero en Castelgandolfo, a las afueras de Roma. Será de todos modos una relación compleja. Varios vaticanistas revelaron que en el 2005 el entonces cardenal Bergoglio con un gesto claro pidió en el cónclave a los otros purpurados que se abstuvieran de elegirlo. El cardenal argentino estaba segundo en las votaciones, detrás de quien se convirtió en Benedicto XVI. Ahora, después de la entronización en San Pedro del jesuita argentino Francisco el próximo 19 de marzo, en la que el Vaticano precisó que no participará el papa emérito, muchos se interrogan sobre cómo será esa relación. El pontífice que renunció “no participará en la misa de entronización del nuevo papa”, adelantó claramente el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi. Antes de dejar definitivamente el Vaticano, Benedicto XVI designó a Bergoglio miembro de la Pontificia Comisión para América Latina, un cargo clave en la región. Benedicto XVI se trasladó a su residencia provisional en Castelgandolfo con un pequeño grupo de asistentes, entre ellos su secretario privado, el obispo Georg Gänswein. El religioso, que asistió el martes a la ceremonia de inauguración del cónclave a la entrada de la Capilla Sixtina, será seguramente el vínculo entre esos dos papas. El papa emérito se trasladará en dos meses a un convento del Vaticano y podrá encontrarse en numerosas ocasiones con su sucesor en sus apacibles jardines. Se tratará de la primera vez en la historia que dos papas convivan dentro de las murallas del Vaticano, los dos vestidos de blanco y con el título de “su santidad”. La decisión de Benedicto XVI de abandonar el pontificado abrió el camino también a su sucesor para que, llegado el caso, renuncie. “Los futuros papas podrán renunciar con más facilidad”, sostiene el investigador estadounidense Robert Sirico. (AFP)
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