Instan a Cristina a aferrarse al volante

Redacción

Por Redacción





Está en juego el carácter de este gobierno. Un crudo Néstor Kirchner, predicando ante su propia tropa y aliados de una concertación plural que no termina de ser tal por imperio del conflicto con el campo, explica desde su óptica la obstinación de una administración que lleva seis meses, la mitad de los cuáles insumidos en una pelea, a esta altura política, de final incierto con las cuatro entidades agropecuarias.

La Iglesia y el gobernador socialista de Santa Fe, Hermes Binner, quedaron desairados el jueves cuando reclamaron públicamente «gestos de grandeza». Habían exhortado a salir de las calles y rutas y sentarse a dialogar para encontrar vías de solución a un diferendo sectorial que amenaza con provocar más inflación, desabastecimiento, desocupación y falta de insumos para la industria, afectada por los piquetes iniciados por los dueños de camiones ese mismo día.

Los llamados a encontrar fórmulas conciliadoras fracasaron, hasta el viernes, por las posturas crispadas. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, afirmó que sólo podían no trabajar durante 90 días quienes tienen rentas o riquezas excesivas. Los llamó avaros y angurrientos y los dirigentes rurales, molestos y con ánimos cada vez más belicosos, replicaron que para dejar las medidas de acción directa exigían «garantías» de que se les iban a dar respuestas concretas y de que no se les volvería a «correr el arco».

Todo fue muy confuso hasta el viernes. El gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, gritó: «Con la comida no se jode». El ministro Florencio Randazzo, descalificó a Binner, por haber acompañado a algunos funcionarios al juzgado de San Nicolás acusados por el fiscal Murray de promover los cortes de ruta. Y su colega de Justicia, Aníbal Fernández, consideró ofensiva la equilibrada declaración del Episcopado, alguno de cuyos voceros retrucó señalando que es peor el pecado de la soberbia que el de la avaricia.

Pero más allá de la bajada de línea de Kirchner, quien hasta aceptó debatir internamente (claro que como jefe)

entre otros con Hugo Moyano, de la CGT y el ex secretario de Agricultura, Felipe Solá, Cristina evaluó puertas adentro de la Rosada tomar definitivamente un volante que no pareciera estar en sus manos (eso le reprochan Eduardo Duhalde y José Manuel De la Sota, dos peronistas al acecho), y dar señales conciliadoras, sin retroceder con la filosofía de las retenciones móviles para los «pooles» sojeros, e instrumentando de una vez por todas mecanismos para no perjudicar a los más débiles de la cadena de comercialización de granos.

En esa dirección, a sabiendas de que la principal resistencia la encuentra hoy en la Federación Agraria de Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli, Cristina se vio el viernes a la noche con varios gobernadores y representantes de frigoríficos y confirmó que el martes recibirá deferentemente a Binner. Allí volvió a ratificarse que no habrá marcha atrás con las retenciones móviles para los «pooles» sojeros -ahora anatematizados- pero sí disposiciones rápidas para hacer más ágiles los reintegros prometidos a pequeños y medianos productores, respetándoles a éstos el 35 por ciento impositivo que estaba vigente hasta el 11 de marzo último. También se ordenó agilizar trámites para exportar más carne a los mercados internacionales y revertir las señales de desconfianza que se vieron reflejadas en prestigiosos medios.

En uno de sus discursos puertas adentro, Kirchner fundamentó la alianza entre la Federación Agraria, aliada del gobierno peronista en el 2002/03, y la Sociedad Rural. «Ya no representa a los pequeños productores -aseguró- sino a los arrendatarios. Hay una nueva clase media alta que se formó en el campo y que tiene un concepto feudal, igual que la oligarquía tradicional».

Del lado de la protesta agraria, hubo igualmente pronunciamientos verbales que fueron más allá de la medida que dio origen a la crisis que hoy tiene en vilo al país. Los dirigentes de la FAA se pronunciaron por cambiar el «modelo unitario» e insistieron en llamar mentirosos y malos asesores a los funcionarios del gobierno K.

«Íbamos viento en popa, ¿adónde nos quiere llevar señora presidenta? ¡Minga nos van a poner de rodillas!», bramó De Angeli. Buzzi no se quedó atrás: destacó el respaldo de Víctor De Gennaro, de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y propuso «no argentinizar, sino nacionalizar el petróleo, la tierra, el agua y los minerales».

Ya hubo choques físicos entre ruralistas y camioneros. Siguen, además, los aprontes para continuar con las movilizaciones a las viejas usanzas. Así, Luis D'Elía y otros representantes de organizaciones sociales, están convocando para el 20 de Junio en Rosario, como forma de contrarrestar la histórica y multitudinaria concentración que hicieron los productores agrarios el 25 de Mayo, en un claro desafío a la presidenta Cristina Kirchner.

Las contradicciones florecen por doquier. Ya se apuntó que Aníbal Fernández reaccionó mal frente al equilibrado documento de la Iglesia. Sin embargo, después de haber retornado del Vaticano, donde acordó una ruta de paz con el canciller Tarcisio Bertone, Cristina no descarta volver a verse cara a cara con altos dignatarios de la Iglesia argentina, como hizo en diciembre con el cardenal Jorge Bergoglio.

«Nos equivocamos de ambos lados y adoptamos medidas burocráticas desacertadas, pero no hay enconos», contó a «Río Negro» una alta fuente de la Cancillería que elogió el documento de los obispos.

Recuperar la cordura será arduo. «Los ruralistas se subieron a la tribuna y les gustó, pero deberán bajarse del caballo», arengó Kirchner a «los muchachos peronistas».

La comisión de enlace de las entidades agropecuarias se mostraron permeables a la búsqueda de soluciones y de la paz social, pero… -siempre los pero- decidieron: mantener la no comercialización de granos para la exportación hasta las 24 de hoy y «la presencia a la vera de las rutas en aquellas localidades que lo consideren necesario». Por eso, fracasará la intervención del defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, proyectada para mañana.

Es decir, el gobierno y las entidades ceden sin ceder. En el medio, el hartazgo de la población por tener que transitar (en rigor, no transitar) por caminos llenos de acechanzas.

 

ARNALDO PAGANETTI

arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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