Jack Kerouac, el viajero solitario

El libro “Viajero solitario” le da nombre a una serie de artículos del escritor estadounidense Jack Kerouac (1922-1969), donde el tema del viaje aparece como centro de la narración para configurar una lengua, casi frenética, que explora la propia vida del autor pero también una época agitada, en crisis, cerca de la revolución. Publicado por Caja Negra, el volumen comprende los viajes realizados a dedo por el autor de “Big Sur” a lo largo y ancho de Estados Unidos, México, Marruecos, París, Londres y los océanos Pacífico y Atlántico recorridos en barco. Viajes atravesados por una inquietud palpitante en los textos, donde la necesidad se impone: de mujeres, de alcohol, de marihuana, de religión y, sobre todo, de escritura. Kerouac fue ayudante de cocina en barcos y estaciones de servicio, marinero, cronista deportivo, guardafrenos de tren, guionista para la 20th Century Fox, mozo de bar, empleado del ferrocarril, cosechador de algodón, peón de mudanzas, aprendiz metalúrgico, guardabosques y obrero de la construcción. También fue un viajero incansable que transformó su vida, a través de la ficción, en una de las más influyentes obras de la literatura estadounidense, con novelas fundamentales, pioneras de la ‘generación beat’: “En el camino” (1957), “Los subterráneos” (1958), “Los vagabundos del dharma” (1958), “Big Sur” (1962) y su ‘poesía jazz’, “Mexico City Blues” (1959). “A los diecisiete años, y bajo el influjo de Sebastian Sampas, un joven poeta local que murió luego en la playa de Anzio, decidí ser escritor –dice Kerouac en la introducción del libro–. A los dieciocho años leí la vida de Jack London y resolví ser también un aventurero, un viajero solitario”. “Mi primera novela en sentido estricto –continúa– fue ‘The town and the city’, escrita, en la tradición del trabajo minucioso y la corrección, en tres años, entre 1946 y 1948, y publicada en 1950 en Harcourt Brace. Luego descubrí la ‘prosa espontánea’ y escribí ‘Los subterráneos’ en tres noches y ‘En el camino’ en tres semanas”. El escritor, además, da cuenta de su manera de abordar la literatura: “Leí y estudié solo durante toda mi vida. En Columbia batí el récord de inasistencia a las clases para quedarme en mi cuarto. Escribía una pieza teatral diaria y leía a, digamos, Louis-Ferdinand Céline en lugar de los clásicos del curso”. “Siempre entendí que la escritura era mi deber en la tierra –apunta–. También la prédica de la bondad universal, que los críticos histéricos no supieron advertir bajo la frenética actividad de mis novelas sobre la ‘generación beat’. No soy realmente un beat sino un solitario, lunático y extraño místico católico”. (Télam)

Juan Rapacioli

El libro recopila una serie de artículos del escritor sobre su tema favorito.


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