JAVIER SIERRA: «Propongo cruzar la puerta; hay demasiada gente viendo la tele»

S i la crítica desconfía es su problema, no el mío. La literatura fue inventada para entender el mundo en el que vivimos». Así responde el escritor español Javier Sierra (Teruel, 1971) a los comentarios sobre si «La dama azul», la novela que vino a presentar en la Argentina, posee o no rigor científico. «Da igual, porque no fue creada para comprobar la bilocación sino para reflexionar sobre eso», le cuenta a «Río Negro» en una charla mientras sirve agua en un vaso.

«La primera novela importante del siglo XII es ´El cuento del Grial´, de Chretién de Troyes, que es de misterio y de búsqueda. Percival no llega nunca a alcanzar el Santo Grial y al final se da cuenta de que lo importante es la búsqueda y no el objeto», explica Sierra.

Sierra se convirtió en uno de los escritores españoles con mayor repercusión en el mundo tras la edición de su novela «La cena secreta», en el 2004, editada en cuarenta países y destacada durante más de diez semanas en la lista de best sellers del «New York Times». Y eso llevó a la reedición de «La dama azul», de 1998.

-«La dama azul» tiene que ver con una forma particular de entender la vida.

-No busco demostrar nada. Intento que el lector se implique y participe. Uno de sus grandes argumentos es la reflexión sobre la existencia del alma, de que haya algo capaz de salir de uno y tener conciencia fuera de uno mismo. Eso implica que adentro tenemos algo que no es físico pero que te trasciende. Eso es importante.

-Sobre todo en una época como la actual, ¿no?

-Y, sí. Reflexionar sobre el alma o la trascendencia en una época híper materialista como ésta creo que es una necesidad. Los libros que hablan de este tipo de cuestiones casi se deberían recetar en farmacias. Si seguimos en el sendero de la híper materia estaremos condenados a desaparecer de este planeta.

-¿Hacia dónde cree que vamos?

-Soy optimista. Creo que hay una inversión en la tendencia de los lectores. Lo percibí mucho en Estados Unidos, al que todos tenemos como el paradigma del materialismo: un país donde lo importante es tener una casa grande, muchos plasmas y tres coches.

-Claro, eso hasta que explotó la economía…

-Sí, explotó todo. ¿Y qué ocurre? De repente hay varias generaciones muy desorientadas, tan llenas materialmente como vacías espiritualmente. Entonces, cualquier libro que aparezca con algo de luz y que no trate de convencer sobre una religión o una secta es un éxito.

-¿Por ejemplo?

-«El secreto», de Rhonda Byrne (N. de la R.: también está la película). Habla de que tenemos capacidades extrasensoriales y que podemos modificar nuestra vida para mejor. Tuvo un éxito brutal. «La dama azul», aunque fue escrito antes, es un libro perfecto para esta crisis porque indica que la materia es lo menos importante que tenemos. Es mucho más importante ser que tener. De eso nos tenemos que convencer o vamos a ser profundamente infelices.

-¿Para qué escribe?

-Para cambiar el mundo. Ésa es mi utopía. No quiero escribir libros que no sean necesarios. Mi voluntad es trascender. Por eso tengo mis novelas en revisión permanente.

-Con el éxito llegan las presiones editoriales, ¿no?

-Yo mando. Soy el que escribe. La editorial es un vehículo. Desde luego que hay presiones, pero mis libros no son libros normales. No son sólo literatura. Pretendo que el lector incorpore esa inquietud, salga a la calle a buscar respuestas y se convierta en un buscador de la luz. Ése es el anhelo.

-La búsqueda por encima del acierto.

-Por supuesto, porque es el período en el que se crece. En el momento en que llegas a tu verdad has dejado de crecer. Me gusta experimentar esa sensación en la que te duelen los huesos, tienes fiebre y pasas momentos malos, todo porque creces. Mis libros son un poco como la fiebre del que desea conocer más, del que quiere arrancarle los secretos a la realidad. Ése es el ímpetu. Muchos de mis lectores descubren otra manera de entender el universo y se fijan en cosas a las que han mirado pero no han visto.

-Ésta es una época de incertidumbre en la que se derrumbaron sostenes como la religión o el Estado.

-Lo que pasa es que al final descubres que estás solo…

-…como escribió Conrad en «El corazón de las tinieblas»: «Vivimos como soñamos… solos».

-Exactamente. Y cuando descubres que toda tu evolución depende de ti porque no depende ni del Estado, ni de tus padres ni de tus profesores… cuando comprendes que sólo depende de ti es cuando cambia tu percepción. Tienes dos opciones: quedarte tumbado en el sofá sin hacer nada o cruzar la puerta de tu casa y decir «Ahora lo aprendo todo». Lo que yo propongo es cruzar la puerta; hay demasiada gente viendo la tele.

 

JUAN IGNACIO PEREYRA

ipereyra@netkey.com.ar


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