Jorge Lapeña: “Que importemos energía es una tragedia”
Militante radical y secretario de Energía de la Nación durante la administración Alfonsín, Jorge Lapeña sostiene en su libro que su gobierno “tuvo el único plan energético que hubo en la transición”.
Opinión
Entrevista: A Jorge Lapeña, autor de “La energía en tiempos de Alfonsín”
– En el prólogo a su libro, Nicolás Gadano dice que el gobierno de Alfonsín heredó un endeudamiento público asfixiante, comparable al que padeció Alemania tras el Tratado de Versalles, que socavó la República de Weimar”, y acota que su libro echa luz sobre un período de nuestra historia energética poco estudiado, un lapso que queda reducido desde la historia al patético final de la administración Alfonsín. ¿Cómo reflexiona aquellos tiempos desde su rol en aquel gobierno?
– Los reflexiono desde lo que fueron: tiempos duros. Veníamos de la sangre, guerras, desprecio por la vida… dolor. Crisis y más crisis. Pero tuvimos a Alfonsín y a la voluntad de la inmensa mayoría de los argentinos para mirar el futuro. Integré, como secretario de Energía, un gobierno digno, con sus más y sus menos, pero hacedor… no fue poco decir que había una luz en el final del túnel. Mi libro es la historia de la política energética en manos de ese gobierno. Y es la historia de una realidad que a lo largo de la transición no se volvió a repetir: el autoabastecimiento energético del país vía petróleo, gas, hidroeléctrica, nuclear… ¡Nunca más se dio!
– Del libro se extrae que Alfonsín hace de la generación por hidroelectricidad un tema muy particular.
– Pero no excluyente…
– ¿Qué lo hace ir por ese camino a cuenta de los descubrimientos en materia de gas hechos en Neuquén en los ´70 y la expectativa que abría a partir del ´85 el Plan Houston en materia petrolera?
– No es una lectura acertada de lo que digo en el libro. El gobierno radical operó sobre el conjunto del sistema energético. De ahí que, como sostengo y demuestro, logró en su gestión el autoabastecimiento vía la participación del conjunto de fuentes energéticas. Lo que sucede es que Argentina tiene un inmenso potencial hidroeléctrico y una larga tradición en su aprovechamiento que viene ya de la Dirección General de Irrigación fundada en 1913, se consolida en la acción con Agua y Energía y después Hidronor, etécetera.
– ¿Qué dice la historia argentina -en materia de tradición de decisiones- sobre qué fuentes privilegiar a la hora de invertir?
– Hay un punto de partida: 1907, cuando se descubre la existencia de petróleo. A partir de ese momento, Argentina se asume como “país energético” o “país petrolero” que reclama políticas de Estado que se ven expresadas en la creación de YPF, precedida por la creación en 1908 de la Dirección General de Hidrocarburos. Diríamos que hacia fines de la segunda década del siglo anterior, el país energético se expresaba mediante mil esfuerzos, incluso en la formación de gente para la actividad. Y se avanza desde dictados de lo que podríamos definir como país petrolero y país hidroeléctrico.
– ¿Contradictorios en términos de toma de decisiones como políticas públicas?
– No como para que uno quede rezagado en relación al otro. Tienen sus momentos, sus decisiones… Mire, el único proceso político que no tuvo ningún plan energético fue el del menemismo. Con la gestión de Alfonsín, por ejemplo, se forjó el Pan Houston para el petróleo, se asumió el potencial gasífero que devenía de los descubrimientos en los ´70 y ´80 en la cuenca neuquina, en la región austral, por dar dos ejemplos; se dio un salto muy significativo en la producción y el transporte. Para darle una idea: a fines del ´83, cuando el radicalismo asumió el gobierno, el transporte diario de gas por el conjunto de los gasoductos troncales, fue de 34.272.232 metros cúbicos; en el ´89, era de 51.650.136… y esto se debió, entre otras razones, a que en esos seis años se extendió en poco más de 200 kilómetros la construcción de la red de gasoductos, que pasaron de 10.152 kilómetros a 12.600… Hoy ya nadie habla de lo que significó la construcción del Neuba, por caso… está bien, está incorporado a la realidad.
– ¿Desde qué ánimo nos dice esto último?
– ¡No, nada de psicologismo! Pero cuando la UCR llegó al gobierno, en materia de política energética heredamos el desierto. Sí, ya sé, del desierto se extrae petróleo… ¡No había nada o había un drama! YPF, por caso, era sinónimo de descapitalización brutal. En materia hidroeléctrica, obras importantísimas a media máquina en materia de decisiones… Yaciretá, por caso, que estaba desfinanciada; se comenzó a construir Piedra del Águila, una obra de inmensa trascendencia, emblemática para Alfonsín; se terminó Alicurá…
– En abril del ´85, desde Estados Unidos, Alfonsín lanza el Plan Houston. Genera escozores en el radicalismo. No se expresaron así pero se sentían, porque se asentaron en la convocatoria a capitales privados. Además, se generó expectativa internacional en el campo de los negocios energéticos. ¿Qué es hoy el Plan Houston?
– Una inmensa oportunidad perdida. Nació de aceptar una debilidad, que es la misma de ahora: las reservas, su cantidad. Determinarlas. Houston nace ahí. Capital privado a invertir en riesgo en procura de nuevos yacimientos y asociados a YPF, ponerlos en producción. En 1989, al dejar el radicalismo el gobierno, ya se habían firmado, tras cuatro períodos licitatarios, 33 contratos de exploración. Se comenzaba a trabajar en lo que en la práctica era una estrategia de largo plazo. Pero claro, llegó Carlos Menem…
– Sin embargo, había respaldado Houston siendo mandatario de La Rioja…
– Sí y firmado un convenio con YPF para ayudar a la causa de Houston… ¡Menem!
– ¿Menem qué?
– Ya presidente, descartó Houston. Cumplió con algunas formalidades, y lo tiró por la borda.
– ¿Qué tiró en términos de la experiencia que se ponía en marcha con Houston, su potencialidad?
– Entre otras cosas, conocimiento de saber sobre sobre nuestras reservas, nuestro potencial en materia de hidrocarburos. Y de ahí, con ese conocimiento, forjar planes estratégicos… porque si usted tiene gente aquí extrayendo petróleo, tiene que tener gente allá buscándolo para mañana. Mire, si en 100 años o un poco más de la “Argentina energética” de la que ya hablamos, no hubo ningún programa energético, nada de nada, ese gobierno fue el de Menem. En los ´90, se extrajo y bombeó petróleo sin la más mínima preocupación por determinar cómo se iba a extraer y bombear mañana. Menem lideró un proyecto de visiones simplistas sobre los problemas nacionales. Las privatizaciones no tuvieron otro sentido que favorecer a determinados sectores del capital y, de paso, pagar deudas. Eso fue en esencia el grueso de las privatizaciones. Así nos fue, el país quedó descapitalizado en sectores claves para su futuro…
– ¿Qué es una visión simplista de un problema nacional?
– Por ejemplo de que abonó en aquel tiempo Bernardo Neustadt, a quien en el libro defino de exégeta de Menem. Neustadt y su inefable “doña Rosa”: “Hola doña Rosa… Mire, esta mañana levanté el tubo del teléfono y no estaba la soberanía nacional… ¿vio doña Rosa?”…
– ¿Y el presente energético?
– Una década perdida. Ya lo hemos dicho en varios documentos el grupo de exsecretarios de Energía: Una década de ineptitud en el manejo de la política energética. Y sin ser reduccionista, este juicio está avalado por una tragedia: exportar energía por 12.000 millones de dólares este año es un tragedia… ¿Qué más explicación?
¡Qué momento!
Ya en los coletazos finales de su libro, Jorge Lapeña aborda la crisis del sistema eléctrico nacional que afectó al país en el verano ´88/´89. Sus expresiones: cortes de suministro, tensión social en creciente extremo.
Lapeña sostiene, entre otras consideraciones, que “si bien se trató de un problema grave para el sistema, no estuvo en ningún momento afectada su estructura esencial. No se llegó a la situación traumática del racionamiento de la demanda por insuficiencia de inversiones ni por falta de infraestructura física, como centrales eléctricas y líneas de transmisión”.
Sostiene que los cortes se produjeron como resultado de acontecimientos “cuya probabilidad de ocurrencia conjunta era muy baja: la necesidad de vaciar el embalse de El Chocón, la salida de servicio de larga duración de la central nuclear de Atucha y las grandes sequías”. Siempre para Lapeña, la crisis dejó enseñanzas sencillas de conceptualizar. Entre otras, realizar estudios de riesgos complejos que analicen el funcionamiento del sistema en los estados de muy baja probabilidad de ocurrencia. O sea, el espectro de los hechos muy poco probables, pero no obstante posibles.
CARLOS TORRENGO
carlostorrengo@hotmail.com
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