Juan Rodó, cantante de dos mundos
La gira patagónica de "Las mil y una noches", que finaliza hoy en el teatro Círculo Italiano de Villa Regina a las 21, trajo como figura central masculina a Juan Rodó, intérprete excepcional que comparte su voz en los mundos del género musical y en exquisitas puestas de ópera. Su explosión popular fue en 1991 con el papel de la obra "Drácula", su primera actuación en una pieza de la dupla Cibrián-Mahler.
Juan Rodó sabe mantener sus mundos sin que colisionen, de la gala del Teatro Colón al entretenimiento marca Disney de «La bella y la bestia». Y se anima a soñar con su propio musical, del cual toma el protagónico y compuso la música.
La carrera de Juan comenzó con su estudios de música por las teclas: «A los 17 años quería ser concertista de piano y simultáneamente comencé mis clases de canto lírico, hasta que en un momento tuve que optar, y me di cuenta que más allá de la pasión muy fuerte que tenía por el piano, yo tenía muchas más posibilidades con el canto».
Fue cuando estaba ingresando al mundo lírico -había hecho una participación en La Plata en «Rigoletto» y a partir de ahí se integró a varios grupos de canto-. «Pero inmediatamente surgió 'Drácula' y la posibilidad de hacer un género que desconocía bastante y tenía en mente como algo menor y que consideraba como algo distante a lo que yo hacía», pero «el ingreso al musical fue la apertura a la parte laboral más definida, al trabajar como artista tiempo completo, y al descubrir que el musical es un género que también me apasiona».
Ahí sí el piano quedó relegado, las carreras se afianzaron, y empezó el equilibrio de Juan. «En la primer etapa de 'Drácula' el tiempo fue exclusivo para eso, y luego decidí hacer mi prueba en el Colón, en el cual fui solista durante cuatro años, con varios títulos, roles primarios y reemplazos de protagónicos, que en ese momento con la convertibilidad, eran cubiertos casi siempre con cantantes extranjeros», recuerda, «situación que cambió con la suba del dólar, pero justo me fui ya que entré a musicales de producción extranjera como 'La bella y la bestia' y 'Los Miserables'. Se da que la ópera queda para los espacios que hay entre los musicales, ya que estos a veces aparecen y otras no, y en cambio la ópera siempre está».
Además de su etapa en el Colón y de algunas obras contemporáneas, formó parte de las puestas «La Cenerentola» -con Norma Aleandro como régisseur- y «Don Giovanni», de Mozart. «He aprendido mucho a tomar cosas de cada uno. Del musical tomé la libertad que hay en la actuación y el despliegue de puesta que muchas veces en la ópera está restringido y es más estático. Yo intento hacer la ópera más dinámica desde un concepto actoral, y transferir el tema interpretativo del musical a nivel vocal-actoral, que muchas veces en la ópera sólo está en función del sonido que proyectes».
El barítono reconoce que «un cantante lírico tiene ventajas al estar en un musical, ya que le permite una paleta más amplia en el manejo de la voz», explica y reconoce que «la preparación para una ópera requiere un entrenamiento vocal mayor, porque la exigencia es más intensa; uno no tiene la ayuda del micrófono y tiene que poner mucho de sí en lo físico. La verdad es que en el musical uno está más resguardado. Igual yo mantengo mi training estable en todo momento, para no decaer».
Las plateas y los camarines son diferentes en cada género: «El público del musical es más atractivo, más caluroso, espontáneo. Lo otro pareciera estar más acartonado. Internamente también son diferentes, ya que el musical además de cantantes también posee actores y bailarines, y las disciplinas de cada uno son diferentes; al combinarse las tres ramas hay diferentes códigos, y la gente es más relajada, suelta y hasta más divertida. Y la verdad me siento más cómodo ahí». Por otro lado, «el ambiente clásico crea algunas estructuras y es todo más rígido. En lo que sí son semejantes, es que los dos géneros son teatro cantado y la expresión se da a través del canto y la actuación. Por eso es lógica mi pasión por los dos géneros».
Además del «boom» que trajo «Drácula» -y todo el trabajo con Pepe Cibrián-, Rodó rescata como hitos muy importantes «el que luego de ese éxito, y del prejuicio que tiene la ópera con el musical, haber ingresado al Teatro Colón. Y luego el haber formado parte de musicales de producción extranjera y en los dos casos haber sido seleccionado por gente que no tenía idea de mi currículum para los que yo era un desconocido. Siento que eso lo gané por mí mismo, y no por lo que había hecho antes».
En el 2002 «quería saber qué pasaba si no tenía la estructura teatral, qué tenía yo para ofrecer… y tengo la voz… armé el espectáculo 'Canciones de mi vida' con temas populares y me acerqué de un modo más íntimo a la gente. Creo que fue una de las experiencias más difíciles porque estaba solo frente a la gente, sin ropajes ni nada, y a la vez haciendo de showman. Por eso fue un aprendizaje muy importante».
Una vez finalizada la gira, Juan encarará varios proyectos: por un lado participará en el próximo musical de Pepe Cibrián «El retrato de Dorian Gray» que estrena en enero, y a la vez avanzará en la preparación y producción de su propio proyecto musical «Jack, el destripador», como protagonista y compositor de la música.»Más allá de que me había formado en la parte de composición musical, no me había interesado componer hasta el año pasado en que sentí la necesidad de hacer una cosa diferente. Lo hice en función de crear la música que a mí me gustaría cantar. Los compositores a veces por no cantar, no perciben todas las posibilidades de la voz, y creo que es una ventaja poder crear una música que realmente cuadre para la voz».
Ignacio Artola
Juan Rodó sabe mantener sus mundos sin que colisionen, de la gala del Teatro Colón al entretenimiento marca Disney de "La bella y la bestia". Y se anima a soñar con su propio musical, del cual toma el protagónico y compuso la música.
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