Julio Leite, una voz patagónica de la poesía

El escritor está

Se define dentro de la extraña raza de los isleños, esa particular forma de sentir el mundo.

Nacido, criado y firmemente arraigado en Tierra del Fuego, el poeta Julio Leite pasea por Patagonia, su casa grande, mostrando lo suyo, lo que mejor sabe, su poesía.

Luego de pasar un mes a orillas del río Negro sobre la barda de Carmen de Patagones, el escritor Julio «Mochi» Leite partió hacia Neuquén primero, y El Bolsón después, en su camino por mostrar su reciente libro «Piedrapalabra», el séptimo de su cosecha, una colección de poemas, prosas poéticas y relatos, que le llevó seis años de tarea y que realmente lo satisface: «obviamente siempre falta algo, pero «Piedrapalabra» ha caído bien en los diferentes poetas, en las diferentes clases sociales».

Julio asegura que «nacer e una isla te marca, es tu continente…»; es un fueguino atípico por ser hijo de padre entrerriano y madre santacruceña, donde casi todos los de su edad son provenientes de otra isla, Chiloé.

Las palabras que deja en el papel tienen mucho de su origen: «me crié en el campo y eso me marcó mucho para escribir; el paisano habla en metáforas constantemente, y eso se va incorporando».

Su madre era ama de casa y su padre pescador, un hombre de poco estudio pero muy lector, que le acercó los primeros libros clásicos de aventuras siendo muy chico. «Y poco a poco me fui interesando por otras cosas, conociendo otros creadores y con el tiempo entré a la poesía y al realismo mágico».

Su poesía es clara, limpia, sin firuletes, y deja espaci suficiente para el reflejo social y para trasuntar lo ideológico. Y Julio agrega que «es muy lárica, está la presencia de Chile, de Neruda, Telier, Rolando Cárdenas; tiene mucho del lugar y mucho del paisaje».

En 1986 editó su primer libro «Cruda poesía fueguina», que era muy social, con una exposición de la realidad que «rayaba con el panfleto», reconoce Leite, y agrega que «por suerte uno va cambiando».

Luego el poeta abrió su vida a los caminos de la Patagonia y rescata lo importante de «conocer otras gentes y otras voces», pasión a la que no ha renunciado y que lo ha convertido en un verdadero peregrino.

«Me parece muy interesante la poesía patagónica, es muy importante en el mapa nacional. Por ejemplo, en Buenos Aires hay muy buenos poetas, pero hay muchos Gelman, muchas Pizarnik, muchos Víctor Redondo, y poquísimas voces propias. Y en el norte la poesía está plagada por lo tradicionalista. En la Patagonia, las distancias tan terribles, tan enormes, ayudan a que haya un hombre escribiendo solo en la cordillera, en la meseta o en la isla, intentando encontrar una voz propia, al menos buscándola».

Y esto que es una ventaja relativa, al momento de difundir lo producido se vuelve un problema: «hay muy buenos exponentes y deberían trascender a nivel nacional; en la música y en la poesía el mapa no termina en la provincia de Buenos Aires».

Una poesía directa y visceral

El «Mochi» Leite es un hombre al que se refieren muchos folkloristas del sur, quienes han tomado textos suyos para musicalizar. El escritor primero aclara que no le gusta demasiado el folklore cuadrado y que prefiere la proyección, y explica que forma parte de un movimiento deominado «Canto Fundamento», que comparte con gente como Nelson Avalos, el grupo La Chuza, el «Gato» Osses y Celedonio Díaz.

La relación se basa en que Julio es el creador y organizador del encuentro de poetas y juglares «Y vino la palabra» durante cuatro años en Río Grande, con talleres, presentaciones y exposiciones.

Recuerda que Canto Fundamento nació en La Plata en el ámbito universitario, a partir de gente que en sus diferencias, vieron que había cosas que los unían, como la necesidad de difusión o la diferenciación de «gente como Hugo Giménez Agüero y su poesía barata que estuvo al servicio de los todos poderes».

Si bien reconoce la calidad de poetas en distintas vertientes, Julio se siente próximo a los más populares, aquellos que dicen su poesía en cualquier lugar donde quieran oírla, y que pretenden una poesía más directa y visceral.

Leite ha publicado los libros «Cruda poesía fueguina» (1986, edición de autor), «Primeros fuegos» (1988, Municipalidad de Río Grande),»Edad sol» (1990, edición de autor), «Bichitos de luz» (1994, edición de autor), «De limites y militancias» (1996, Editorial Atelí, Punta Arenas, Chile), «Aceite humano» (1997, Editorial Parque Chas, Bs. As.) y «Piedrapalabra» (2003, Parque Chas). Además, en 1998 grabó «Julio Leite poemas – Tomo 1», un cassette de audio con una selección de poemas interpretados por el autor.

Ignacio Artola


Se define dentro de la extraña raza de los isleños, esa particular forma de sentir el mundo.

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