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Junín de los Andes

Las cenizas del volcán Puyehue en el 2011 provocaron cambios en la composición de las poblaciones de animales silvestres y de rodeo en la Región Sur. Los efectos se trasladaron a la relación predadores-presas. Los lanares desaparecen, los ciervos se corren de su hábitat, los pumas se disputan espacios... La visión de un conocedor hombre de campo.

Para Carlos Bellotti, conocido ruralista de la zona, las cenizas que en 2011 precipitaron desde el volcán chileno Puyehue Cordón Caulle provocaron profundos cambios en las poblaciones de animales del sur neuquino. Entre ellos, el puma y una de sus más preciadas presas: los ciervos.

Pero, contrariamente a lo que acaso se ha instalado como idea, Bellotti no teme del puma el ataque a las majadas. No es su primera opción y, desde luego y sobre todo, en la zona ya casi no quedan ovejas…

“El puma es un animal que actúa como control natural del ciervo”, dice Bellotti, exvicepresidente de la Sociedad Rural del Neuquén en la gestión anterior, miembro de una de las primeras familias y estancias instaladas en la región y quien desde hace décadas recorre los campos de la zona de punta a punta.

Rememora que “para quienes fuimos ovejeros, y yo lo fui en estancia Catan Lil de la que formo parte, el puma fue un tema serio”.

Recuerda que “leyendo documentación muy antigua de la familia Zingoni (propietarios originales de la estancia) siempre había muchos burros en Catan Lil y yo pensé que los burros se utilizaban en las carretas, cuando iban a Zapala a los viejos almacenes de ramos generales, que eran los hipermercados de entonces… Pero los burros tenían que ver con los pumas”.

Rememora el hacendado que “yo traje de vuelta burros y fueron mi salvaguarda de las ovejas… Los burros no toleran al puma y el puma le tiene miedo al burro, entonces no vienen al campo”. Bellotti especula: “No sé si por el olor de la orina o de la bosta, la cosa es que si hay burros no hay pumas, y luego hay cosas que te da el manejo. El asunto -continúa- es que la hembra debe estar preñada o con cría, lo cual la pone salvaje ante el puma y es una defensa enorme. Yo traje burros de San Luis y con eso me defendí, aunque por supuesto nunca alcanzaba para cubrir toda el área…”.

En la actualidad “yo sigo teniendo burros y algunos los regalé, para protección de los encierres de ciervo. Dejando la hembra adentro con los ciervos y el macho afuera, el macho se desespera por entrar y entonces circunvala el cierre y el puma no se acerca al alambre…”.

Con todo, atestigua Bellotti según su experiencia, en el centro sur de la provincia, el puma prefiere al ciervo si hay en cantidad para satisfacer sus necesidades.

Y se explica: “El puma prefiere el equino, el guanaco y al ciervo; sólo ataca ovejas si tiene hambre y no tiene otra cosa. A la oveja en general no la come, le chupa la sangre y la abandona pero lo que pasa es que para llenarse necesita 11 ó 12 lanares”.

Entonces, añade, “donde hay ciervo hay puma y si el puma tiene qué comer no hay problema con la majada, pero si no hay comida es un tema peligroso”.

Las cenizas

Al repasar la actualidad, Bellotti subraya que “en nuestra zona, que sería Quemquemtreu, Caleufu, Meliquina, todo el sector donde la ceniza hizo estragos, la hacienda se redujo a la mitad, los ciervos se redujeron a la mitad, y los pumas se redujeron a la mitad. Los ciervos se han ido para arriba y ahí está superpoblado de ciervos y está lleno de pumas…”.

En esta región, dice, “prácticamente ya no quedan lanares. Zingoni y Compañía se estableció acá alrededor de 1890. Fe lanera, pero se fue perdiendo. Y la ceniza ha terminado de dar el golpe”.

Bellotti puntualiza que durante el verano, la oveja acumula una importante cantidad de grasa en la zona de los riñones, que es su energía durante el invierno, cuando merma la calidad del pasto. Pero en febrero “las ovejas no tenían ni un cuarto de riñón cubierto de grasa, por lo que decidí vender porque no pasaban el invierno”.

El problema más serio, enfatiza, es que “la ceniza desgastó los primeros dos dientes y cuando le salieron los siguientes cuatro, en el medio le quedó un agujero, entonces el animal corta el pasto pero arriba no tiene dientes, tiene sólo abajo, entonces muerde contra una encía y termina comiendo la mitad de lo que necesita”.

Pero en cambio, opina, los ciervos están en progreso aunque se han corrido de la zona por efecto de la misma ceniza: “Viajo con frecuencia a Zapala desde Catan Lil y he visto ciervos en La Negra, La Amarga y hasta en el puente de Picún Leufú, expandiéndose hacia el este por el estrago de la ceniza en cordillera”.

El dato es que los ejemplares de tres o cuatro años cazados el año pasado “mostraban dentaduras delanteras y molares gastados, porque las cenizas les ha molido los dientes. Entonces, según entiendo, esos ciervos jóvenes se van a morir por lo que debería haber una baja de la población, pero el puma se va a quedar y se va a producir en desproporción. La gente con conocimiento técnico debería estudiar esto”.

El control

Respecto de la conducta del carnívoro y a sus efectos en la toma de decisiones de los ruralistas, Bellotti recordó que en una de las estancias de la zona “tiempo atrás se hizo control de puma y ese mismo año se llenó de ciervos. Es malo sacar todo el puma como es muy malo tener mucho..”. El caso es que “cuando el puma sobreabunda no alcanzan los ciervos y entonces caza lo que haya… ovejas o incluso terneros”.

Ahora bien, cuando se disminuye la población de pumas “te llenás de guanacos y de ciervos, por lo que el equilibrio no debe darlo el humano sino la propia naturaleza”, afirma el ruralista con el peso de su experiencia.


Para Carlos Bellotti, conocido ruralista de la zona, las cenizas que en 2011 precipitaron desde el volcán chileno Puyehue Cordón Caulle provocaron profundos cambios en las poblaciones de animales del sur neuquino. Entre ellos, el puma y una de sus más preciadas presas: los ciervos.

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