La anomia «boba»

por: ALEARDO F. LARIA

Especial para «Río Negro»

ecientemente se ha reeditado en Buenos Aires el ensayo «Un país al margen de la ley» (editorial Ariel) del politólogo argentino Carlos Nino. Es una reflexión profunda sobre las causas de la declinación del crecimiento económico y social de la Argentina. Se trata de un libro escrito en los inicios de los años '90, pero que conserva la más rigurosa actualidad.

La tesis básica de Nino gira alrededor del concepto de anomia, es decir la tendencia recurrente de la sociedad argentina, y en especial de los gobiernos, a la inobservancia de las normas jurídicas y morales. Esa anomia es «boba» porque estos comportamientos son autofrustrantes para los mismos agentes que la realizan. El factor anómico opera como la causa principal de los bajos niveles de eficiencia y productividad en la sociedad argentina.

Los ejemplos de anomia que Nino examina abarcan desde el desorden en el tránsito, el incumplimiento en el pago de los impuestos y la indiferencia ante la contaminación ambiental, hasta los abusos de poder por parte de políticos y empresarios. Si la imagen externa de una sociedad está dada por la forma en que se transita en sus calles, por la estética urbana y la limpieza de los espacios públicos, Argentina se revela como un país donde reina un amplio desprecio por el cuidado de estos elementos.

De igual modo, la evasión tributaria en Argentina está entre las más elevadas del mundo, incumpliéndose rutinariamente con una de las obligaciones ciudadanas más importante. El problema es que se disculpan socialmente estos comportamientos, con la excusa de que «los demás hacen lo mismo». De igual modo, se tolera pasivamente la corrupción de algunos funcionarios públicos, para acelerar o retrasar expedientes administrativos.

También gran parte de las actividades productivas en la Argentina están afectadas por grados importantes de anomia. La improvisación, la falta de cumplimiento de los contratos, la despreocupación por los daños que se causan en el medio ambiente, el incumplimiento de las normas sobre el control de calidad en la fabricación de los productos (con los elevados perjuicios que supone la variación en la calidad de los exportados) son otras tantas muestras de indiferencia ante el cumplimiento de la ley.   

Lo llamativo es que detrás de estos comportamientos anómicos existe una falta de percepción del daño social involucrado por estas actuaciones. Del mismo modo que se arroja un papel en la calle sin importar que la ciudad esté sucia, se vende una mercancía adulterada para obtener un mayor beneficio. Y eso a pesar de que no hay nada más «bobo» que perder un cliente por obtener una ventaja económica a corto plazo.

La inobservancia de normas jurídicas se produce también en el plano institucional. Históricamente, desde la importancia que tuvo el contrabando en el crecimiento y la expansión del Buenos Aires colonial, hasta las rupturas del orden constitucional en el período que termina en 1983, son infinitas las muestras de vulneración de las normas institucionales. Una muestra actual de esa desaprensión es el abuso de los decretos de necesidad y urgencia.

Frente a la anomia «boba» que distingue la práctica social argentina, existe un modelo alternativo, basado en la cooperación entre los distintos actores sociales. Y la base de todo sistema cooperativo reside en el cumplimiento de las normas, que son el «cemento de la sociedad».

Durante muchos años, los argentinos buscaron una explicación a la inversión de su desarrollo. En una época predominaron las explicaciones «conspirativas». Factores incontrolables, como nuestro papel subordinado en la economía internacional frente a la acción deletérea del «imperialismo», parecían sujetarnos a una suerte de condena bíblica.

Hoy, la presencia de tantos países en el mundo que han logrado emerger del subdesarrollo y han completado su proceso de modernización, no permite refugiarse en nuevos subterfugios. Los países que son eficientes y productivos son aquellos que pueden encarar empresas colectivas porque tienen garantías de la colaboración recíproca y han abandonado la improvisación. Es la tarea pendiente de la Argentina. Sería deseable que lo demande la sociedad y lo entienda también su clase dirigente.


por: ALEARDO F. LARIA

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