La chance de conocer a fondo al gran Bonavena

“¡Ringo! ¡Ringo!”, le gritaron divertidas unas fans de los Beatles a Oscar Natalio Bonavena. Era 1964 y el boxeador caminaba por Nueva York con su flequillito a lo Ringo Starr. El mánager Marvin Goldberg encontró el apodo que buscaba: “Ringo, serás Ringo Bonavena”. La anécdota está en el prólogo de “Díganme Ringo”, la biografía que el periodista Ezequiel Fernández Moores escribió en 1989, que recientemente fue reeditada y que la semana pasada se presentó en la sede social de Huracán, cuya confitería estuvo colmada con unas 150 personas. El próximo 22 de mayo se cumplirán 40 años de la muerte del mítico boxeador, asesinado en la puerta de un burdel de Las Vegas. Pero en Parque Patricios se mantiene omnipresente. Subiendo una escalera está el gimnasio Ringo Bonavena y afuera, frente a la sede, luce la estatua de tres metros y 450 kilos de Ringo, inaugurada en 2003. “Díganme Ringo”, con portada ilustrada por Sebastián Domenech, se reeditó en forma independiente y se puede comprar online (http://libros.periodistasviajeros.com/). Tiene prólogo y epílogo nuevos, pero la historia de la vida y de la muerte de Ringo se mantiene, aunque hay actualizaciones. El autor comentó que ahora pude ver en Internet peleas que había reconstruido a partir del testimonio de los pocos presentes. Para Fernández Moores sigue siendo una curiosidad que cada año lo llamen de los medios para hablar del boxeador. “Llamativo, porque Ringo no fue campeón mundial como Carlos Monzón, Horacio Accavallo o Nicolino Locche. Tampoco fue un virtuoso de los rings. Su potencia, su ‘aguante Bonavena’ eran las virtudes centrales del blanco bravo que pujaba entre reyes negros. Además, en la que fue su pelea histórica, en 1970, Ringo terminó derrotado por Alí en el Madison Square Garden”, señala el columnista de este diario, que sostiene que “Ringo, está claro, fue mucho más que un boxeador. Fue un showman. Un porteño que se inventó a sí mismo, cuando por supuesto no existía Internet ni el cable y teníamos apenas un puñado de canales en la TV de aire”. En la sede de Huracán se rememoraron anécdotas. “Ringo tenía un telescopio para mirar a las vecinas en su departamento del Botánico”, contó Miguel Ángel Brindisi, quien recordó el apoyo del boxeador al Huracán de 1971, ese que no la pasó bien pero que luego fue mítico campeón con César Luis Menotti. Una tribuna del estadio Palacio Ducó se llama actualmente Ringo Bonavena. Antes de la presentación del libro, Natalio Oscar Bonavena (Ringuito), que es parecido a su padre, dio algunas notas y charló con los que iban llegando. Pero cuando le tocó hablar ante la gente, no pudo hacerlo: se largó a llorar. Intentó arrancar tres, cuatro veces. Conmovido, sólo dijo: “Para todos, Ringo fue un ídolo. Para mí fue mi padre”.

Juan Ignacio Pereyra

la reedición de “Díganme Ringo”

Gentileza


“¡Ringo! ¡Ringo!”, le gritaron divertidas unas fans de los Beatles a Oscar Natalio Bonavena. Era 1964 y el boxeador caminaba por Nueva York con su flequillito a lo Ringo Starr. El mánager Marvin Goldberg encontró el apodo que buscaba: “Ringo, serás Ringo Bonavena”. La anécdota está en el prólogo de “Díganme Ringo”, la biografía que el periodista Ezequiel Fernández Moores escribió en 1989, que recientemente fue reeditada y que la semana pasada se presentó en la sede social de Huracán, cuya confitería estuvo colmada con unas 150 personas. El próximo 22 de mayo se cumplirán 40 años de la muerte del mítico boxeador, asesinado en la puerta de un burdel de Las Vegas. Pero en Parque Patricios se mantiene omnipresente. Subiendo una escalera está el gimnasio Ringo Bonavena y afuera, frente a la sede, luce la estatua de tres metros y 450 kilos de Ringo, inaugurada en 2003. “Díganme Ringo”, con portada ilustrada por Sebastián Domenech, se reeditó en forma independiente y se puede comprar online (http://libros.periodistasviajeros.com/). Tiene prólogo y epílogo nuevos, pero la historia de la vida y de la muerte de Ringo se mantiene, aunque hay actualizaciones. El autor comentó que ahora pude ver en Internet peleas que había reconstruido a partir del testimonio de los pocos presentes. Para Fernández Moores sigue siendo una curiosidad que cada año lo llamen de los medios para hablar del boxeador. “Llamativo, porque Ringo no fue campeón mundial como Carlos Monzón, Horacio Accavallo o Nicolino Locche. Tampoco fue un virtuoso de los rings. Su potencia, su ‘aguante Bonavena’ eran las virtudes centrales del blanco bravo que pujaba entre reyes negros. Además, en la que fue su pelea histórica, en 1970, Ringo terminó derrotado por Alí en el Madison Square Garden”, señala el columnista de este diario, que sostiene que “Ringo, está claro, fue mucho más que un boxeador. Fue un showman. Un porteño que se inventó a sí mismo, cuando por supuesto no existía Internet ni el cable y teníamos apenas un puñado de canales en la TV de aire”. En la sede de Huracán se rememoraron anécdotas. “Ringo tenía un telescopio para mirar a las vecinas en su departamento del Botánico”, contó Miguel Ángel Brindisi, quien recordó el apoyo del boxeador al Huracán de 1971, ese que no la pasó bien pero que luego fue mítico campeón con César Luis Menotti. Una tribuna del estadio Palacio Ducó se llama actualmente Ringo Bonavena. Antes de la presentación del libro, Natalio Oscar Bonavena (Ringuito), que es parecido a su padre, dio algunas notas y charló con los que iban llegando. Pero cuando le tocó hablar ante la gente, no pudo hacerlo: se largó a llorar. Intentó arrancar tres, cuatro veces. Conmovido, sólo dijo: “Para todos, Ringo fue un ídolo. Para mí fue mi padre”.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora