La conversión de Clodoveo

«Amado sicambro, inclina tu cerviz… Adora todo lo que has quemado

y quema lo que hasta ahora has adorado». Frase de Remigio, obispo de Reims, al tiempo de administrarle el bautismo a Clodoveo, bárbaro sicambro. (Año 496 d.C.)

El gobernador Sobisch acaba de anunciar los once puntos esenciales que fundamentan su pedido a la Legislatura neuquina para reformar la Constitución.

Se trata de puntos muy atractivos, muchos de ellos largamente requeridos por quienes propugnan prácticas políticas más acordes con las necesidades de una democracia moderna y eficiente. Como punto principal de esta reforma, figura no solamente la seguridad de que no se utilizará para posibilitar una nueva reelección del actual mandatario, sino que impediría la reelección en todos los cargos electivos por más de un período.

Unificación del acto eleccionario, ampliación del período de sesiones legislativas, voto electrónico, cupo de gente joven, transparencia en el financiamiento de la política, capacitación de los dirigentes, eliminación de las listas sábana. En suma: una maravilla.

Sobisch ha dominado la política neuquina durante la última década y es importante destacar que durante todo ese período, hizo en general exactamente lo contrario de lo que ahora propugna como paradigma para mejorar las prácticas cívicas. En realidad ese uso abusivo y discrecional del poder se acrecentó en los últimos tiempos, su concentración ha sido creciente, el Superior Tribunal tiene ahora una mayoría adicta, la Legislatura se reúne cada vez menos, la representación de los partidos opositores no guarda proporción con su caudal electoral, la discriminación y el ataque hacia los medios de prensa independientes ha alcanzado niveles de agresividad y virulencia inéditos, en la misma medida en que se ha subsidiado en forma más o menos encubierta a la prensa adicta y complaciente, y la transparencia en el uso de los fondos públicos ligados a la campaña presidencial del gobernador no se compadece para nada con el enunciado de la reforma.

¿Qué ha pasado con Sobisch? ¿A qué se debe este ataque fulminante de fe democrática y republicana que lo ha convertido en un inesperado adalid de la pureza de las instituciones y de la reforma política? ¿Esta fantástica conversión significa que va a abandonar las prácticas corruptas y de descarado clientelismo de las que se ha acusado reiteradamente a su gobierno? ¿Asistiremos al nacimiento de un nuevo Sobisch que, después de atravesar las aguas purificadoras del Jordán, se convertirá en un modelo de gobernante austero y republicano donde abrevaran los estadistas del futuro?

¿La simultánea conversión de Gallia al nuevo credo se logró con los métodos antiguos o con las nuevas prácticas?

Como se ve, los interrogantes son muchos y es natural que susciten algunas dudas. La conversión de Clodoveo al cristianismo no fue tan inocente. Con el apoyo del clero, logró vencer a otros reinos vecinos y así asegurar la expansión de sus dominios. Al fin y al cabo, muchos siglos después otro gobernante galo, Enrique IV, repetiría la historia y admitiría que París bien vale una misa.

La inesperada y sorprendente nueva personalidad del gobernante neuquino ¿tendrá algo que ver con su campaña presidencial?

¿No será el producto de una gigantesca operación de los asesores de imagen del gobernador destinada a forjar una personalidad distinta para «vender» un candidato en el resto del país?

Si fuera así, alguien podrá opinar que, en cualquier caso, se trata de una propuesta que será ventajosa para el futuro neuquino. Tal vez sea así, aunque la letra escrita en las normas legales no alcanza para quienes no tienen la menor convicción para cumplirlas. Pero de todas maneras no es seductor convertirse en instrumentos de una gigantesca operación de marketing político, en la que los actores involuntarios serían los ciudadanos neuquinos, oficialista y opositores, como partiquinos incorporados a una farsa cínica que persigue objetivos ocultos y que además estaría financiada por los dineros públicos.


"Amado sicambro, inclina tu cerviz... Adora todo lo que has quemado

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