La diáspora K
Para indignación de los kirchneristas que siguen resistiéndose a entender que el triunfo electoral de Cambiemos fue algo más que una aberración pasajera que no tardará en corregirse, el panorama político del país está reconfigurándose para adaptarse a la nueva realidad. La fuga del Frente para la Victoria de más de una docena de diputados, encabezados por el excamporista Diego Bossio, que en adelante harán rancho aparte, se debió menos a la habilidad de los operadores macristas que han estado muy activos últimamente y el poder menguado de “la caja” presidencial que a la conciencia de que sería no sólo perverso de su parte sino también políticamente suicida dedicarse a sabotear todos los esfuerzos del nuevo gobierno por manejar las consecuencias de más de una década de irracionalidad cortoplacista. Según los voceros de la bancada que acaba de constituirse y que podría crecer mucho en las semanas venideras, lo que sus integrantes se proponen es actuar como “una oposición responsable”. Si bien se afirman resueltos a defender “los logros” del gobierno anterior, dicen estar dispuestos a reconocer que cometió “errores” y, para más señas, juran querer garantizar “la gobernabilidad”, o sea, “la vida en democracia” y “la paz social”, lo que es una asignatura pendiente para el peronismo en su conjunto. Otro motivo para romper con el FpV habrá consistido en lo poco atractivo que les pareció a los diputados continuar militando en una fracción parlamentaria liderada por personajes como Máximo Kirchner, Héctor Recalde, Carlos Kunkel y Diana Conti. Era de prever que el triunfo electoral de Mauricio Macri se vería seguido por la erosión del otrora “monolítico” bloque kirchnerista. Hasta entonces los diputados oficialistas se sintieron constreñidos a avalar, sin arriesgarse formulando preguntas incómodas, todas las propuestas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pero ya no tienen por qué obedecer ciegamente sus órdenes. Con todo, parecería que se trata de algo más que el oportunismo de quienes saben que la nostalgia por tiempos idos es una mala consejera para los interesados en asegurarse un lugar permanente en el cambiadizo mundo político nacional, sobre todo en las zonas dominadas por el peronismo. Puede que las alusiones a “la responsabilidad” y la necesidad de asumir una postura “constructiva” de dirigentes que están alejándose del dogmatismo tan típico de los ultra-K sean síntomas de un proceso de maduración. En una sociedad democrática y pluralista los fanáticos suelen terminar aislándose de los demás. Para el presidente Macri, el que el bloque kirchnerista haya comenzado a fragmentarse es una muy buena noticia. Como sucedió en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en que el Pro nunca fue mayoritario, el Poder Ejecutivo Nacional podrá formar alianzas coyunturales que le permitan gobernar sin demasiados sobresaltos. Si bien el oficialismo tendrá que negociar una y otra vez con los legisladores de los distintos partidos, se ha reducido el riesgo de que un bloque intransigente conformado por kirchneristas e izquierdistas logre privarlo del quórum y virtualmente obligarlo a depender de los decretos de necesidad y urgencia que tantas protestas ya han motivado y que, paradójicamente, le han permitido a Macri brindar la impresión de ser un presidente “fuerte”. Sea como fuere, el que el FpV haya dejado de ser una primera minoría capaz, con el aporte de aliados circunstanciales, de paralizar el Congreso, debería ayudar al país a distanciarse del presidencialismo enfermizo de los últimos años. Puesto que al gobierno macrista le será necesario conseguir el apoyo legislativo para las leyes que crea imprescindibles, a los diputados y senadores les corresponderá un papel que sea mucho más protagónico que el desempeñado cuando, para molestia de los escribanos, era habitual calificar de “escribanía” el Congreso ya que se limitó a cohonestar, a libro cerrado, hasta los proyectos de ley más caprichosos y menos comprensibles que le enviaba la Casa Rosada. Por cierto, no cabe duda de que si los legisladores aprovechan la oportunidad que les han dado los disidentes que abandonaron las filas del FpV, la cultura democrática del país, que se deterioró mucho en el transcurso de la prolongada etapa kirchnerista, se verá beneficiada.
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