“La discapacidad más grave es la de los valores humanos”
Asistí a la colación de mi hijo, quien terminó en tiempo y forma el 7º grado en la Escuela Nº 258. Ese hijo, quien posee un diagnóstico de síndrome de Klinefelter, pudo demostrar sin dudas sus habilidades cognitivas y sociales, que le permitieron sobrellevar este período en el marco de una escuela con clima familiar y mucha fuerza de voluntad para resolver todo tipo de inconvenientes, más allá de la inclusión.
La escuela pública no había sido mi primera opción. Como muchas madres, preocupada por la integración busqué una escuela privada con ETAP (Equipo Técnico de Apoyo Pedagógico) que funcionara en forma permanente dentro del establecimiento. También busqué una escuela laica y con una propuesta educativa sólida. Así fue que ingresé a mis hijos en AMSE Estación Limay. Durante el tiempo que estuvimos en esa escuela hemos sentido la presión permanente sobre nuestros hijos, y en particular sobre el que tenía desórdenes conductuales agravados por el clima de presión con el que manejaban esos momentos. La directora Gladys, quien era por entonces una de mis referentes, se ocupó varias veces de decirme: “Lo vamos a sacar bueno”. Y a lo largo de los días se iban suscitando dificultades en la adaptación de mi hijo, que pasó a ser “el culpable”, “el inadaptado”, “el que había que corregir”.
Cabe aclarar que nunca fue agresivo con nadie, sólo se angustiaba en forma exagerada ante ciertas situaciones. Pese a esto se pasaba las mañanas en dirección, aislado de sus compañeros. Cada vez que nos llamaban a reunión –y esto era todas las semanas– hacían hincapié en los límites que debíamos poner como padres, como si de eso se tratara, jamás revisando las carencias que el nene tenía en la escuela.
En determinado momento deciden ponerle a mi hijo una maestra integradora. El vínculo entre la docente (sin ningún tipo de formación en el tema ni paciencia o buena voluntad) y mi hijo no funcionó. La escuela sin previo aviso decide dar de baja el seguimiento y yo me entero varios días después por mi hijo que ya no estaba siendo acompañado.
Por estos días ocurre un episodio confuso donde mi nene angustiado sale corriendo del aula y su maestra de grado embarazada sale a correrlo y se tropieza con él cayendo al suelo y debiendo ser llevada por una ambulancia para control. Por suerte todo estaba bien. Pero luego de todo esto convocan a una reunión con gente del Consejo de Educación y en ella manejan un discurso evasivo tirando toda la responsabilidad a la familia y al nene, endilgándonos cuestiones irreales y diciendo mentiras ante los supervisores para cubrirse. Fue muy horrible para mí escuchar de mis referentes tales mentiras. Habíamos sido una familia presente, siempre atentos a las indicaciones.
El nene estaba en tratamiento y fue la misma terapeuta la que me dijo que “se lo querían sacar de encima”. Así fue que en septiembre de 2011 lo cambié a una escuela pública en la que sin recursos materiales pero muchos recursos humanos y afectivos lograron sacar adelante a mi hijo, que hoy es un hermoso adolescente y que recuerda con dolor cuando se tuvo que alejar de quienes eran sus compañeros y amigos en su anterior escuela.
Las veces que me crucé con su maestra de grado jamás me preguntó por él. Las terapeutas que integran el ETAP de AMSE Estación Limay son menos formadas y capaces de lo que fueron las maestras en la Escuela 258, quienes se pusieron la camiseta y se propusieron acompañarlo desde el primer día.
Mi conclusión es que la discapacidad más grave es la de los valores humanos, la de la humildad, el amor por la docencia y por los niños, tengan o no dificultades.
Suárez María Helena
DNI 26.145.227
“En el 2011 lo cambié a una escuela pública en la que sin recursos materiales pero muchos recursos humanos y afectivos lograron sacar adelante a mi hijo, que hoy es un hermoso adolescente”.
Suárez María Helena
DNI 26.145.227
Datos
- “En el 2011 lo cambié a una escuela pública en la que sin recursos materiales pero muchos recursos humanos y afectivos lograron sacar adelante a mi hijo, que hoy es un hermoso adolescente”.
Asistí a la colación de mi hijo, quien terminó en tiempo y forma el 7º grado en la Escuela Nº 258. Ese hijo, quien posee un diagnóstico de síndrome de Klinefelter, pudo demostrar sin dudas sus habilidades cognitivas y sociales, que le permitieron sobrellevar este período en el marco de una escuela con clima familiar y mucha fuerza de voluntad para resolver todo tipo de inconvenientes, más allá de la inclusión.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar