La Escuela de Bellas Artes tiene su propio edificio
En un emotivo acto, los directivos le hicieron reclamos al gobierno.
NEUQUEN (AN).- A 46 años de su fundación la Escuela Superior de Bellas Artes tiene su propio edificio. La inauguración de la obra, ubicada en tierras que eran del Ejército en el barrio La Sirena de esta ciudad, encontró en un mismo recinto a funcionarios de gobierno, docentes, alumnos, vecinos del lugar y a una ruidosa barra de simpatizantes del Movimiento Popular Neuquino. Allí, además de la emoción por el acto, hubo pases de factura, metáforas sutiles sobre cómo deben las políticas educativas, alusiones a históricas postergaciones y hasta el reconocimiento de Jorge Sobisch de que muchas veces ha llorado «ante un cuadro o ante una poesía».
Es que la escuela de Bellas Artes -que ahora tiene un edificio propio de 2.648 metros cuadrados- se ha ubicado en varios edificios de esta capital y -como dijo el ministro Mario Morán- siempre fue una «escuela errante». Morán fue el encargado de responderle a la rectora del establecimiento, Julieta Chiapino, quien definió a la inauguración como el epílogo de un cuento de hadas. La mujer tiró la primera piedra cuando habló que a lo largo de muchos años «hubo enanos malos que ponían piedras en el camino» para que no se concrete el proyecto del edificio propio. En esa línea elogió la importancia del arte en el desarrollo de los jóvenes y el crecimiento de los pueblos.
La rectora recordó el derrotero que ha vivido el establecimiento y le reclamó al gobernador más espacios para el trabajo de los artistas que genera el establecimiento. Enseguida, la profesora Cristina Mansilla protestó por las fortunas que se gastan para lograr la actuación de artistas de renombre en Neuquén cuando los locales andan penando en pos de una oportunidad laboral. A ello sumó pedidos por un auditorio y por teatros para la ciudad.
Los discursos pusieron incómodos a los funcionarios que estaban en la primera fila y fue Morán el encargado de responder por qué la obra demoró tanto tiempo, sobre todo aludiendo a la que fue su anterior gestión, que cerró en 1999 al cabo del primer gobierno de Sobisch. El ministro dijo, entre otras cosas, que el de ayer era el momento de festejar y que la obra se logró a partir de una gestión con capacidad en sus cuadros y capacidad para generar recursos.
«No todo tiene que ser confrontación», enfatizó el ministro en medio los apretados aplausos de buena parte de los presentes. Después, Sobisch habló de él, de su historia como imprentero y de su relación con el arte. También admitió que ha llorado frente a algunos lienzos y ante algunas poesías y –tras una colorida introducción– pidió que se mire para arriba y no tanto para abajo. Al cierre, leyó una carta en primera persona del fallecido pintor neuquino Emilio Saraco, el primer director que tuvo el establecimiento. Allí Saraco, «desde el más allá», agradeció que se haya concretado la obra. La misiva -claro- no fue escrita por Saraco sino por sus familiares, que se ubicaron en la primera línea.
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