“La escuela hoy”
El diario italiano “Corriere della Sera” del 12/3/14, comenta admirado el caso de un campesino muy pobre de la provincia china de Sichuán, llamado Yu Xukang, que es padre de un chico de doce años, de noventa centímetros de altura y una severa malformación en las piernas. Cada día el Sr. Yu acomoda a su hijo en una cesta de mimbre que coloca sobre sus espaldas, para llevarlo, por senderos irregulares y pedregosos, a una escuela distante algo más de siete kilómetros de su casa. Como debe trabajar en su aldea, este recorrido debe hacerlo cuatro veces por día, totalizando unos treinta kilómetros diarios. Como está divorciado, quedó como único responsable del presente y futuro de su hijo. Su espalda ya refleja los efectos de los mil seiscientos kilómetros que ya recorrió con su hijo a cuestas desde el comienzo de su escolarización. Nunca pidió ayuda, nadie se la dio. Cuando finalmente su caso llamó la atención de un canal de televisión, sin manifestar el menor resentimiento y sonriendo, dijo sentirse orgulloso porque su hijo Xiao Qiang “es el mejor del curso, que hará grandes cosas, y que su sueño es el que un día pueda ingresar en la universidad”. Y expresó que continuará cumpliendo con su hijo mientras la espalda y sus piernas se lo permitan. Lo admirable del Sr. Yu es su convicción de que la mejor opción para el futuro de su hijo es la posibilidad de crecimiento que se da con el estudio, esa posibilidad él no la tuvo y por eso no deja que se le escape a su hijo. De ahí que enfrente en soledad dificultades simplemente abrumadoras, que evidencian su gran inteligencia y su enorme amor por su hijo. Estos dos factores, el estudio como puerta a un futuro mejor y el amor por los hijos, deberían mover a los padres y al Estado a resaltar la importancia central de la educación tanto en la familia como en la escuela, y por eso los padres y el Estado deberían buscar formas para estimular el deseo de superarse y crecer a través del estudio. Hoy la deserción y los fracasos escolares son demasiado graves como para conformarnos con respuestas superficiales. El gobierno debería reconocer la gravedad de la situación y organizar una respuesta con el auxilio de quienes son especialistas en estos temas y no tienen pertenencia partidaria, pues la educación es un tema demasiado importante como para confiársela a los políticos. Las computadoras y los subsidios a quienes ni trabajan ni estudian resultan más una maniobra extravagante y electoralista que una respuesta seria al problema de la educación. Las cosas mejorarán cuando se sumen una buena motivación para estudiar por parte de los padres y de sus hijos, con la acción competente y responsable por parte del Estado, que necesariamente debe incluir la jerarquización de la tarea docente. A todos debería resultarnos absolutamente normal que sólo quienes más seriamente estudian y se superan tienen acceso a las mejores posibilidades en todos los órdenes. En Argentina la educación es gratuita, las escuelas están, en general, a distancias razonables y los alumnos pueden acceder a los comedores; los docentes están al total servicio del alumnado y las reglamentaciones escolares priorizan, tal vez demasiado, su protección, minimizando en demasía las exigencias. Lo verdaderamente valioso siempre es el resultado de un duro esfuerzo. Las cosas que se consiguen con demasiada facilidad carecerán del nivel de excelencia conveniente. Facilitar demagógicamente las promociones académicas sólo nos conducirá al tibio mar de la mediocridad en el que nos estamos ahogando. Necesitamos héroes como Yu y Xiao, que no esperen que las soluciones les vengan desde arriba, sino que sean el resultado del esfuerzo propio. El desinterés del Estado por la calidad de la educación no debería ser un obstáculo para la búsqueda de una permanente superación. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
El diario italiano “Corriere della Sera” del 12/3/14, comenta admirado el caso de un campesino muy pobre de la provincia china de Sichuán, llamado Yu Xukang, que es padre de un chico de doce años, de noventa centímetros de altura y una severa malformación en las piernas. Cada día el Sr. Yu acomoda a su hijo en una cesta de mimbre que coloca sobre sus espaldas, para llevarlo, por senderos irregulares y pedregosos, a una escuela distante algo más de siete kilómetros de su casa. Como debe trabajar en su aldea, este recorrido debe hacerlo cuatro veces por día, totalizando unos treinta kilómetros diarios. Como está divorciado, quedó como único responsable del presente y futuro de su hijo. Su espalda ya refleja los efectos de los mil seiscientos kilómetros que ya recorrió con su hijo a cuestas desde el comienzo de su escolarización. Nunca pidió ayuda, nadie se la dio. Cuando finalmente su caso llamó la atención de un canal de televisión, sin manifestar el menor resentimiento y sonriendo, dijo sentirse orgulloso porque su hijo Xiao Qiang “es el mejor del curso, que hará grandes cosas, y que su sueño es el que un día pueda ingresar en la universidad”. Y expresó que continuará cumpliendo con su hijo mientras la espalda y sus piernas se lo permitan. Lo admirable del Sr. Yu es su convicción de que la mejor opción para el futuro de su hijo es la posibilidad de crecimiento que se da con el estudio, esa posibilidad él no la tuvo y por eso no deja que se le escape a su hijo. De ahí que enfrente en soledad dificultades simplemente abrumadoras, que evidencian su gran inteligencia y su enorme amor por su hijo. Estos dos factores, el estudio como puerta a un futuro mejor y el amor por los hijos, deberían mover a los padres y al Estado a resaltar la importancia central de la educación tanto en la familia como en la escuela, y por eso los padres y el Estado deberían buscar formas para estimular el deseo de superarse y crecer a través del estudio. Hoy la deserción y los fracasos escolares son demasiado graves como para conformarnos con respuestas superficiales. El gobierno debería reconocer la gravedad de la situación y organizar una respuesta con el auxilio de quienes son especialistas en estos temas y no tienen pertenencia partidaria, pues la educación es un tema demasiado importante como para confiársela a los políticos. Las computadoras y los subsidios a quienes ni trabajan ni estudian resultan más una maniobra extravagante y electoralista que una respuesta seria al problema de la educación. Las cosas mejorarán cuando se sumen una buena motivación para estudiar por parte de los padres y de sus hijos, con la acción competente y responsable por parte del Estado, que necesariamente debe incluir la jerarquización de la tarea docente. A todos debería resultarnos absolutamente normal que sólo quienes más seriamente estudian y se superan tienen acceso a las mejores posibilidades en todos los órdenes. En Argentina la educación es gratuita, las escuelas están, en general, a distancias razonables y los alumnos pueden acceder a los comedores; los docentes están al total servicio del alumnado y las reglamentaciones escolares priorizan, tal vez demasiado, su protección, minimizando en demasía las exigencias. Lo verdaderamente valioso siempre es el resultado de un duro esfuerzo. Las cosas que se consiguen con demasiada facilidad carecerán del nivel de excelencia conveniente. Facilitar demagógicamente las promociones académicas sólo nos conducirá al tibio mar de la mediocridad en el que nos estamos ahogando. Necesitamos héroes como Yu y Xiao, que no esperen que las soluciones les vengan desde arriba, sino que sean el resultado del esfuerzo propio. El desinterés del Estado por la calidad de la educación no debería ser un obstáculo para la búsqueda de una permanente superación. Humberto Guglielmin DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora