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La ficha médica y la actividad física





Pretender que en nuestro país la actividad física y/o deportiva de una persona pase por el tamiz previo de una ficha médica de salud, se asemeja a una utopía.

Para muchos, exigir una ficha de salud puede ser la idea de un trasnochado que con una zancadilla sólo pretende «burocratizar» la actividad física.

Es que existe una presunción de sanidad implícita que invalida de plano su implementación.

Tal premisa parte del siguiente presupuesto: «Si la actividad física y deportiva es saludable por sí y abandonar el sedentarismo es hoy poco menos que un consejo divino, por qué perder el tiempo y agotar las preciadas energías en papeles, en lugar de activar sin prolegómenos los músculos y tendones».

De tal suerte en nuestro medio: 1) No se acostumbra a utilizar fichas médicas de salud. 2) No se confía en la utilidad de contar con dicha fuente de información. 3) Se entiende que la finalidad de la misma sólo consiste en deslindar responsabilidades.

Así es frecuente en los establecimientos educativos que seudo-fichas médicas sean llenadas por padres que en un rápido «multiple choice» consignan si su hijo padeció alguna de las enfermedades caprichosamente allí tabuladas y si está en condiciones de realizar las clases de Educación Física.

En los gimnasios por su parte y a pesar de existir normas como el artículo 9 de la ley 12.329 (provincia de Buenos Aires) y el art. 3 de la ley 139 (Ciudad Autónoma de Buenos Aires) que exigen la presentación periódica de un certificado médico; extrañamente tal recaudo es cumplimentado.

En los clubes -salvo honradas excepciones- tampoco es moneda corriente su implementación. Vienen a la memoria las palabras de Diego Grippo, médico de la Asociación Argentina de Básquet que ante la muerte del jugador Gabriel Riofrío en pleno partido de la Liga Nacional dijo: «No existe ninguna entidad que se encargue de realizarles chequeos médicos a los jugadores de la Liga. Nadie los controla, no existe una regla o una ley que los obligue a hacerle un electrocardiograma o una ergometría. A partir de ahora debería ser obligatorio que todos los clubes al comienzo de la Liga les efectúen estudios de todo tipo a sus jugadores».

Se participa de la idea -muchas veces fundada- que pedir una ficha médica a un alumno es poco menos que un calvario y que solicitar certificados a los asociados de un gimnasio o de un club puede ahuyentar a éstos hacia aguas más tranquilas.

En definitiva, la anarquía que existe en esta materia es tal, que cada vestido se cose de acuerdo con el gusto del modisto del lugar.

Abordados estos conceptos liminares y para comprender mejor el tema, resulta menester determinar: a) ¿qué es una ficha médica de salud? b); ¿en qué casos debiera ser implementada? y c) ¿cuál es la finalidad de su uso?

Una ficha médica de salud es un documento individual expedido por un profesional matriculado, en el que se consignan los datos de la persona, antecedentes de salud, examen clínico, estudios complementarios -en caso de corresponder- y la autorización para la práctica de actividades físico-deportivas por un período determinado de tiempo.

Participo ampliamente del principio general que recomienda la actividad física y deportiva por sus beneficios harto difundidos, tanto físicos como mentales.

También del respeto a la autodeterminación de las personas y a la asunción de los riesgos de sus actos.

Más, cuando las actividades son dirigidas, conviene hacer diferenciaciones entre unas y otras.

Así un trabajo de entrenamiento donde existan esfuerzos o intensidades crecientes; una actividad -cualquiera sea- que se desarrolle a lo largo de un período significativo de tiempo; actividades como colonia de vacaciones, campamentos, viajes de estudio, torneos competitivos o terapias de rehabilitación no podrían prescindir, a mi entender, de una ficha médica de salud.

Gracias a este sencillo formulario se han logrado detectar, por ejemplo, casos de soplos cardíacos, escoleosis – cifosis, pie plano e informar sobre epilepsias, asmas o alergias, datos vitales para que el profesional a cargo de la actividad física oriente su práctica y evite ejercicios o posturas contraindicadas.

En contraposición, una simple nota firmada por un padre o un certificado médico que otorgue la aptitud -en algunos casos sólo por el día de la fecha- no aporta ningún dato significativo para que la actividad física a implementar sea realmente seria y beneficiosa. Estas últimas alternativas -lamentablemente, hoy las más utilizadas- son como un cuchillo sin filo. Tienen la forma y la apariencia del utensilio, todos aseguran que es un cuchillo, pero al momento de cortar no sirve para nada.

Es decir que la ficha de salud no debiera ser un permiso del padre que en ejercicio de la patria potestad autoriza a su hijo a la práctica deportiva o un «apto» médico de sólo tres líneas. Dicha constancia podrá servir eventualmente para deslindar responsabilidades, tema que si bien no es menor, si se persigue una finalidad formativa, termina siendo parcial e insuficiente.

Deberá entonces apuntarse a un informe más analítico que dé las respuestas para un seguimiento profesional ordenado y que permita saber cómo actuar en cada caso ante una situación de emergencia.

En tal sentido, hoy el Profesorado de Educación Física está abriendo paso a la licenciatura con rango universitario. Las orientaciones con mayor predicamento apuntan al entrenamiento deportivo, la salud y la educación.

Un licenciado, cuya especialización presume un conocimiento que implica mayor responsabilidad (Art. 902 CC) no podrá a mi criterio dirigir un entrenamiento con cargas progresivas, o una actividad de rehabilitación, si no cuenta con información clave para su instrumentación.

Además, la ficha de salud puede suministrar datos que no siempre surgen del relato corriente del deportista o alumno, tales como trastornos de la alimentación o tratamientos psicológicos, situaciones que permiten un abordaje integral de la persona.

En definitiva, en todos estos casos, si se trata de saber qué hacer, cómo, cuándo y dónde, contar con una ficha médica de salud será una herramienta de suma utilidad.

Asimismo, en los casos en que un alumno o deportista prosiga con la actividad en el tiempo, el cotejo de fichas de salud permitirá evaluar el crecimiento y los progresos o avances habidos en un determinado período.

Entiendo por último que no corresponde estandarizar el contenido de la ficha médica. Ésta debiera ser diferenciada según la disciplina deportiva o actividad física de la que se trate. (No es lo mismo la de un alumno de escuela que la de un yudoca o la de un velocista).

Así cada federación o asociación, a mi juicio, debería confeccionar su propia ficha médica de salud, previa consulta a médicos especialistas, entrenadores y deportistas.

También las carteras de Educación tanto nacionales como provinciales, debieran pasar a un modelo de ficha de salud más detallado, con consenso interdisciplinario previo.

Este enfoque más amplio del tema privilegia ante todo: 1) la atención primaria de la salud fundada en la prevención; 2) la jerarquización de la actividad física y deportiva; 3) el mejoramiento de la calidad de vida del destinatario.

Se podrá criticar que pensar en perfeccionar estas cuestiones en nuestra realidad, cuando hay necesidades básicas insatisfechas, es poco menos que una entelequia.

Pero al mismo tiempo hay lugares donde, por ignorancia o desinformación, no se utiliza la ficha médica de salud tal como se propone, pudiendo haberse implementado este modelo de trabajo desde mucho tiempo atrás.

Para que haya un cumplimiento masivo de la ficha médica de salud que llegue a toda la población, sería criterioso pensar en la implementación de una norma que condicione sin restricciones a las obras sociales, medicinas prepagas y hospitales a cubrir al menos una vez por año una ficha médica de salud por persona que realice actividad física y deportiva.

También podría instrumentarse un sistema para que los seguros de responsabilidad civil de establecimientos educativos -contemplados por ley 24.830- otorguen una prestación de este tipo para los alumnos que concurren a las escuelas públicas.

Algún día, la implementación de una ficha médica de salud dejará de ser una utopía. Mientras tanto, como dice Eduardo Galeano, la utopía nos sirve? para caminar.

 

MARCELO ANTONIO ANGRIMAN

Especial para Río Negro

(*) Abogado. Prof. Nac. Ed. Física. Autor Legislación de la Actividad Física y el Deporte.

marceloangriman@ciudad.com.ar


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